Poodwaddle 2010 Word Clock

viernes, 30 de julio de 2010

EL ÁRBOL DE MANZANAS


Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope, comía sus manzanas y tomaba una siesta bajo su sombra. Él amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y él nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día, el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste:
- ¿Vienes a jugar conmigo?
Pero el muchacho contestó:
- Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de enormes árboles. Lo que quiero ahora son juguetes y necesito dinero para comprarlos.
- Lo siento, -dijo el árbol- yo no tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas, de esta manera obtendrás el dinero para tus juguetes.

El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas, las vendió y obtuvo el dinero para comprar muchos juguetes. El árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho después de obtener el dinero para comprar sus juguetes no volvió, y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso muy feliz y le preguntó:
- ¿Vienes a jugar conmigo?
- No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para sustentar a mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?
- Lo siento, pero no tengo una casa. Pero si quieres, puedes cortar mis ramas y con ellas construir tu casa.

El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven no volvió. Desde esa vez, el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado, así que le volvió a preguntar:
- ¿Vienes a jugar conmigo?
El hombre le contestó:
- Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?
El árbol le contestó:
- Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote, y se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente, regresó después de mucho tiempo y el árbol le dijo:
- Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó:
- No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar. Ya estoy viejo.

Entonces el árbol con lágrimas en sus ojos le dijo:
- Realmente no puedo darte nada, la única cosa que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó
- Yo no necesito mucho ahora, sólo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años, que creo que las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar.
- Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este feliz y contento sonrió con lágrimas.

Esta es la historia de cada uno de nosotros, el árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con mamá y papá. Cuando crecemos, los dejamos. Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas. No importa lo que sea, ellos siempre están ahí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.

Quizás tú puedas pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres.
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(")_(") Con Amor, Juanca
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martes, 27 de julio de 2010

Perdiendo la Visión en el Ministerio.


Nueve característica de un siervo que perdió la visión de su ministerio.

¿Qué es Visión?
“Visión es ver el futuro, en el presente, construido sobre el pasado”.
“Visión es ver lo invisible y convertirlo en visible
“Visión es un puente de información del presente a un mejor futuro”. (John Maxwell)
“Visión es ver lo que otros no ven”

El siervo debe tener una visión interna proporcionada por Dios, cuando esta se pierde el ministerio experimenta una crisis que se refleja en:

1. Activismo Ministerial. El siervo incursiona por todos lados y no se ubica, hace múltiples intentos y no “logra dar en el blanco”.

2. Actuamos solo por Inercia. Actúa solo por reacción, experimenta perdida de iniciativa.

3. Falta de Creatividad. El siervo se deja llevar por las “novedades religiosas”. Recordemos que estamos llamados para ser pioneros, con sabiduría divina es posible hacer grandes proyectos.

4. Falta de Perseverancia. El siervo empieza un proyecto y no termina, fácilmente se desanima, la mediocridad es reflejo de que hemos perdido la visión ministerial.

5. Falta de Compromiso. Podemos estar involucrados, pero no comprometidos. Una visión empieza con una “carga” que Dios mismo nos da. Cuando somos movidos por una necesidad, ahí es cuando Dios nos imparte una visión.
Los siervos estamos llamados a promover una cultura de compromiso, el sabio Salomón dijo: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes”. – Eclesiastés 5:4.

6.- Falta de Pasión. La visión que Dios nos da involucra todo nuestro ser, todas nuestras capacidades deben estar al servicio de Dios.
El Apóstol Pablo fue un apasionado de la visión que Dios le dio: Para mi no es motivo de orgullo predicar el mensaje de salvación, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Ay de mí si no lo predico! – 1ra. a los Corintios 9:16.

7.- Aislamiento Ministerial. Sin visión la gente perece, pero lo más trágico es olvidar que, sin gente la visión desaparece. Jesús transmitió su visión a los discípulos y ellos la transmitieron a otros: lo mismo hizo Pablo con Timoteo.
Cuando nos aislamos porque sospechamos de todo el mundo, nuestra visión agonizara y no tendrá trascendencia.

8.- Falta de Claridad. Necesitamos un toque de la presencia de Jesús para ver con claridad, “Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos”. – Marcos 8:25.
No podemos servir al Señor con nebulosas ministeriales. Dios no se equivoca, cuando nos llama, nos prepara y un día nos pedirá cuentas de la manera como respondimos a su convocatoria

9.- Falta de Comunión con el Señor. Hay que estar ocupados en las cosas del Señor pero no debemos olvidar de ocuparnos del Señor. Cuando descuidamos nuestra comunión con Dios, la visión pierde su perspectiva y terminamos aparentando un falso espiritualismo.
Su siervo en Cristo, Ps David Cauracuri Palomino.
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lunes, 19 de julio de 2010

“EL FRUTO Y LLENURA DEL ESPÍRITU”


Texto Bíblico: Gálatas 5:22-25; Efesios 5:18
INTRODUCCIÓN:

Las Sagradas Escrituras con sus 66 libros inspirados por el Espíritu Santo constituyen la única fuente de conocimiento de la persona de Dios y de sus propósitos eternos. La Escritura es la fuente única e inapelable de autoridad en la iglesia de Cristo en materia de doctrina y de práctica.
La Escritura es parte integral y fundamental de la actividad redentora de Dios. Es una forma especial de revelación. Dios, que se ha revelado en hechos redentores, se ha revelado también en la Persona de su Hijo y en la Palabra escrita. El método elegido por Dios para entregar esa revelación es la inspiración. La verdadera autoridad espiritual en la iglesia y el mundo entero reside únicamente en la Palabra inspirada, el tesoro mas valioso que el mundo tiene, por eso los creyentes nos regocijamos “PARA SIEMPRE, OH SEÑOR, PERMANECE TU PALABRA EN LOS CIELOS”(SALMOS 119:89).
I - EL FRUTO DEL ESPÍRITU (Gálatas 5:22-24)
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”

El apóstol Pablo destaca que el fruto no es lo que el hombre puede hacer, sino lo que el Espíritu de Dios puede producir. El cristiano debe ser activo, pero no es su actividad el origen del fruto. El fruto es del Espíritu.
Pablo enumera nueve elementos, pero se refiere a un fruto, ‘el’ fruto, el apóstol enfatiza que esos nueve elementos constituyen una unidad y están estrechamente relacionados unos con otros.
El fruto es aquello que el Espíritu garantiza a todos los creyentes que viven bajo su guía y control; el apóstol no está hablando en este pasaje de dones, sino de dádivas conferidas a todos los creyentes, lo carnal es el resultado de nuestra obra; lo espiritual es resultado de la actividad de Dios en nosotros.
1 - AMOR
El primer elemento de los nueve que integran “el fruto” del Espíritu es amor. Los vocablos griegos son el sustantivo agape, amor, y el verbo agapao, amar.
Se utilizan en el Nuevo Testamento para describir la actitud de Dios el Padre hacia el hijo: “El padre ama al Hijo“(Juan 5:20). El mismo vocablo se utiliza para enseñar que el Hijo ama al Padre: “…para que el mundo conozca que amo al Padre, como el Padre me mandó , así hago”(Juan 14:31) .
Existe, entre las personas de la bendita trinidad, una actitud eterna de amor, es un hecho que antecede a la historia humana y al universo creado: “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…”(Juan 3:16).
Hay que destacar que el amor de Dios no es de complacencia con el pecador, todo lo contrario. El amor es el ejercicio de la voluntad divina en una elección deliberada, hecha sin ninguna causa que provenga del hombre, porque todo se origina en la naturaleza de Dios.
La palabra griega, agape, amor, describe además la actitud de Dios hacia aquéllos que han creído en Cristo: “…el Padre mismo os ama”(Juan 16:27), “…el que ama, será amado por mi Padre”(Juan 14:21).
Este vocablo describe asimismo la voluntad de Dios con respecto a la actitud que sus hijos tienen que mostrarse mutuamente, la que tienen que mostrar hacia todos los hombres: “…como yo os he amado, que también os améis unos a otros”(Juan 13:34), “…abundan en amor unos para con otros y para con todos…”(1 Tes. 3:12).
El amor inmenso que el Padre siente por el Hijo, el Hijo lo siente por el Padre, éste amor se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Rom. 5:5) con un propósito: para que ahora sea expresado en las vidas de los creyentes, como fruto del Espíritu.
El amor cristiano tiene a Dios como principal objeto, y se expresa ante todo en una implícita obediencia a sus mandamientos, (Juan 14:15,21,23; 15:10; 1Juan 2:5; 5:3; 2Juan 6). Contrariamente el hacer la propia voluntad, esto es, complacer los propios deseos, es la negación del amor debido a Dios.
El amor cristiano, hacia los hermanos, o hacia los hombres en general, no es un impulso que provenga de los sentimientos, no siempre concuerda con la natural inclinación de éstos, ni se derrama solo sobre aquéllos con los que tenemos una cierta afinidad. El amor no tiene envidia, no busca lo suyo, no guarda rencor, todo lo sufre, todo lo soporta(1 Cor. 13). El amor busca la oportunidad de hacer el bien a “todos y mayormente a los de la familia de la fe” Gálatas 6:10. (1Cor.13; Col.3:12-14).
2 - GOZO
El vocablo original es el griego chara, gozo, deleite, alegría, regocijo. (aparecen en el Nuevo Testamento 72 veces).
No se trata tanto de una alegría exterior, sino más bien de una satisfacción que brota por el hecho de nuestra relación con Dios, debido a la salvación, a que hemos sido recibidos como hijos de Dios, a la comunión cristiana (fil. 7), al lugar que Dios nos ha dado “en Cristo”.
Pablo llega a regocijarse en sus sufrimientos (Col. 1:24) todo, aun su prisión, lo estima como parte de su ministerio (Efe. 4:1). El regocijo del creyente tiene otras varias connotaciones , dice en Romanos 5:2: “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”.
Todo creyente puede decir “no soy más enemigo de Dios; estoy reconciliado por medio de Jesucristo mi Señor”. Esto es lo que Pablo dice: “… Nos regocijamos en Dios por el Señor Jesucristo… ” Romanos 5:10-11.
Las escrituras nos muestran que Dios es la base del regocijo del creyente, y que Dios es el objeto de ese regocijo (Luc. 1:47; Fi;. 3:1; 4:4)
3 - PAZ
La Palabra “paz” tiene su historia. El vocablo hebreo shalom expresa la esperanza y la oración de que la persona la que se saluda pueda disfrutar todo beneficio y todo don “proveniente de la mano de Dios” .
El vocablo original eirene, paz, se deriva de un verbo que indica la unión de diversos elementos. La paz con Dios es la relación en la cuál Dios coloca a los creyentes cuando éstos reciben la obra reconciliadora de Cristo en la cruz. Esa paz con Dios nace para confiar en Cristo como salvador.
La paz de Dios está basada en la paz con Dios . Esa paz de Dios a de caracterizar la vida de los creyentes que hemos aceptado los caminos de Dios para la vida, sometiéndonos a la guía y al control del Espíritu
Esa paz que goza el cristiano es “el estado tranquilo del alma, asegurada de su salvación a través de Cristo, de éste modo no temiendo nada de Dios, y contentándose con su suerte terrena, cualquiera que ésta sea”(Thayer)
4 - PACIENCIA
La palabra griega del N.T. para Paciencia es makrothumia, largura de ánimo (mansedumbre), expresa paciencia ante personas hostiles (Trench).
La paciencia caracteriza el obrar de Dios y de Cristo con todos los hombres.”Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía no amenazaba”(1 Pedro 2:23). Makrothumia es un rasgo de Dios (Salmo 103:8).
La paciencia es el arma para enfrentar la hostilidad del mundo en su actitud hacia la iglesia, cuando el creyente muestra longanimidad (entereza), no se irrita fácilmente, soporta la adversidad de la vida, las ofensas de los hombres, etc.
Si éste elemento del fruto del Espíritu falta en nuestra vida, nos veremos envueltos en luchas estériles, buscando inútilmente la defensa propia ante condenas amargas de otros. La solución es: “remitir la causa al que juzga rectamente”(1Pedro 2:23).
5 - BENIGNIDAD
El vocablo chrestotes, dicho de cosas, de aquello que es placentero, dicho de personas, bondadosas, benignas. Chrestotes, con el sentido, de una disposición benigna de corazón o de bondad, no solamente como una cualidad, sino la bondad en acción.
En Romanos 3:12 (cita Sal.14:1), “…no hay quién haga lo bueno, …” figura como un atributo humano; pero en Romanos 11:22 indica la actitud de Dios hacia los pecadores, a través de Cristo: “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado”.
Esta cualidad del carácter divino, nos permite entender el concepto de benignidad, como fruto del Espíritu, y nos ha de permitir tratar a otros de la misma manera en que Dios nos ha tratado a nosotros (Vine)
6 - BONDAD
El vocablo agathosune, indica el carácter esencialmente bueno, generoso amable, del hombre en quien obra el Espíritu del Dios de bondad.
La característica sobresaliente de bondad es la generosidad que da a otro lo que éste nunca pudo haber ganado, es la generosidad que surge del corazón de Dios hacia el hombre; con esta misma actitud de corazón debemos atender a los demás.
7 - FE
La palabra griega es pistis; aquí no significa la fe salvadora, tampoco se trata de la fe como cuerpo de doctrina, la mayoría de los comentaristas apoya el sentido de fidelidad, que es lo que más se ajusta al contexto, ya que se trata de una manifestación del fruto del Espíritu y no de la fe en el sentido del medio por el cual recibimos la salvación.
En Gálatas 5:22, se traduce (en varias versiones modernas) como fidelidad o lealtad del cristiano, en relación con Dios y sus semejantes, nos habla de alguien “confiable”, es decir, de una persona de quien se puede depender, en cuanto a lo que dice y hace.
Hay personas en cuya palabra no siempre se puede confiar, y están aquellos que siempre encuentran las excusas para explicar por que no han cumplido las responsabilidades que asumieron.
La fidelidad es un atributo de Dios, la fidelidad o confiabilidad de los creyentes es posible porque el Espíritu Santo es el Espíritu capacitante, en aquél creyente rendido a Él.
8 - MANSEDUMBRE
Se trata del vocablo griego prautes, que denota dulzura, una conducta suave no pendenciera y apacible con los demás, el concepto es semejante al de benignidad, pero se destaca que el hombre manso no se estima a sí mismo en nada; no tiene posiciones que ocupar ni intereses personales que defender.
Esta mansedumbre no debe ser confundida con debilidad, o con la falta de carácter, ya que el hombre manso de Gálatas 5:22 obra así en razón del poder del Espíritu santo, y no en razón de su debilidad.
9 - TEMPLANZA
Figura como traducción del griego enkrateia, de kratos, fuerza. Enkrateia significa dominio sobre algo o sobre uno mismo. La traducción de Gálatas 5:23 sería dominio propio, autocontrol y se aplica a los deseos de la carne. El poder contenerse a uno mismo, es decir los deseos e impulsos de uno mismo.
La templanza, no se aplica solamente a la castidad o continencia sexual (1 Cor. 7:9), también se aplica a placeres en general.
II - EL FUNDAMENTO DEL FRUTO (Gálatas 5:24)
“Porque los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”

El Espíritu tiene un gran antagonista, la carne, el Señor dice en Juan 3:36 “lo que es nacido de la carne (g. sark), carne es; y lo que es nacido del Espíritu (g. pneuma) espíritu es”. Cristo el Señor presenta al Espíritu de Dios en contraposición a la carne, el Pneuma, representa la esfera de la acción de Dios, sark, representa la esfera de acción del mundo, de lo carnal, de lo diabólico.
Los que son de Cristo “han crucificado la carne”, esta no ejerce ya más dominio sobre el creyente, han roto definitivamente con la carne, su vieja naturaleza.
En Romanos 6:6 y Gálatas 2:20 dice que la crucifixión del creyente con Cristo es una obra de Dios, en Gálatas 5:24 hace referencia a la responsabilidad del creyente en dar las espaldas a la vieja vida de “pasiones y deseos”.
III - ANDAR EN EL ESPÍRITU (Gálatas 5:25)

Pablo concluye diciendo: “si vivimos por el Espíritu, andemos por el Espíritu” (Gálatas 5:25) , es que ahora debemos vivir como lo que somos, el apóstol señala “andemos… por el Espíritu”.
Es necesario destacar la importancia del “andar”, sería un error pensar que, dado que la fuerza proviene del Espíritu, entonces el creyente puede contemplarlo todo pasivamente.
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:16-17) .
Hay una exhortación urgente a caminar por el poder y por la presencia del Espíritu que mora adentro.
El vocablo “en” destaca que el creyente no puede andar este camino sin la ayuda del Espíritu, el v.17 señala que hay dos fuerzas que “se oponen entre si”; hay una lucha entre el Espíritu de Dios y la carne.
Muchos creyentes viven como si el conflicto no existiera. Dicen erróneamente:
“Señor, que tú nos tomes y nos llenes de tu Espíritu Santo”.
Se pretende, inconscientemente, trasladar a Dios lo que es la responsabilidad del creyente, no hay en el Nuevo Testamento ninguna enseñanza para que pidamos en oración ser llenos del Espíritu. Podemos orar para cumplir las condiciones, de no contristar o apagar el Espíritu, pero no debemos transferir a Dios lo que Él dice que es nuestra responsabilidad y nuestro privilegio, de “andar” por el Espíritu.
El creyente que vive y anda por el Espíritu, tiene que esperar oposición y no aplausos, siempre la carne se opone al Espíritu (Gálatas 5:17).
El creyente debe aprender a depender del Espíritu, dedicar tiempo al ministerio de la oración, alimentar al hombre nuevo, servir a Dios en donde nos ha colocado, obedecer a todo lo que el Espíritu sugiera, no permitir que el pecado se acumule sobre la conciencia, aprender cómo se restaura la comunión con Dios cuando ha caído, practicando la confesión a Dios, de todo pecado.
La vieja naturaleza está continuamente queriendo volver a controlar la vida, la carne se niega a morir. No debemos desanimarnos, la salida está en lo que Pablo asegura: “andad por el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne”.
La responsabilidad recae sobre cada uno, hemos de decidir si queremos depender de la carne o del Espíritu.
IV - SED LLENOS DEL ESPÍRITU (Efesios 5:18)
“…Sed llenos del Espíritu”

La alternativa de que hemos de ser llenados por el Espíritu no es optativa, es obligatoria, no se trata de una exhortación, sino de un mandamiento, para ser lleno del Espíritu Santo la voluntad del creyente tiene un lugar fundamental.
El Espíritu Santo no ha de controlar a un creyente hasta que éste le reconozca como aquel Ser que ha sido enviado por el Padre, para santificar la vida para confiar en Él, para que lleve a cabo numerosos ministerios en nosotros.
Su mandato abarca a todo creyente, no solamente a los que tienen actividad pública, la iglesia primitiva exigió plenitud del Espíritu para una tarea humilde como servir a las mesas (Hechos 6:2-3).
El Espíritu ha venido a la vida para cumplir el extenso y variado ministerio para que todo creyente busque ajustar su vida para vivir la plenitud del Espíritu Santo. Esta plenitud no es un privilegio de unos pocos, sino una bendición que está al alcance de todos los creyentes en Jesucristo.
El corazón del creyente tiene que ejercitarse en responder a las demandas del ministerio de la palabra de Dios. Estas demandas son siempre crecientes, pero las bendiciones que vendrán serán siempre abundantes.
La responsabilidad de ser llenos del Espíritu es de cada creyente, y no debe ser atribuida a Dios. Esta plenitud del Espíritu no es para creyentes excepcionales, es una responsabilidad y un privilegio que Dios ha colocado en manos de los creyentes comunes como nosotros.
CONCLUSIÓN:
Una de las metas más elevadas del creyente es “la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13); hacia esa meta debemos avanzar cada día, esto quiere decir que, cualquiera que sea nuestro estado como creyentes, nuestro próximo paso es Cristo.
Hay pues, conforme a la escritura, una doble plenitud que el creyente en Cristo puede y debe anhelar: La plenitud del Espíritu y la plenitud de la morada de la Palabra de Dios en cada uno de nosotros, para que de esta manera: LA PALABRA DE DIOS: SEA EL “FUNDAMENTO Y GUIA PERMANENTE DE NUESTRA VIDA”. AMEN.
Juan Carlos Aranda sirviendo al Señor como anciano de la ICE de calle Washington 651 de Villa Dominico. (oct. 1996)
Bibliografía Consultada :
El Don del Espíritu Santo (H. Alonso)
Dicc. Exp. de palabras del N.T. (W.E.Vine)
Comentarios B. de Est. de Scofield
Comentarios B. de Est. de Ryrie
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sábado, 17 de julio de 2010

JÓVENES CRISTIANOS EL AMOR VERDADERO SIEMPRE ESPERA


Pasaje clave: Génesis 29:1-30.

Para los más desesperados, ansiosos, impacientes y apresurados.
¡Aprendan de Jacob! (Génesis 29:20). Memorízate este versículo, escribe un cartel y cuélgalo en tu habitación. ¡7 años esperando! Y para colmo, después lo estafaron y tuvo que trabajar 7 años más. Pero… ¡Le parecieron como pocos días! “¿Sí…? ¿Por qué?”
¡Porque LA AMABA!

En este punto Jacob sí la tenía muy, muy clara (y no estamos hablando de alguien muy espiritual ni totalmente consagrado, estamos hablando de Jacob).
Él no la quería a Raquel para sacarse las ganas del momento, él realmente la amaba. No fue la pasión de un sábado a la noche con la cabeza alcoholizada, fue la pasión que surge de un amor verdadero que espera su tiempo para disfrutarse y vivirse plenamente.

Métetelo en la cabeza y que nadie te lave el cerebro: ¡El verdadero amor ESPERA! Todo lo demás es mentira.

“Tengamos sexo. Te amo”. (¡Mentira!)
“Me excitas tanto que ya no puedo esperar más”. (¡Mentira!)
“Todos lo hacen“. (¡Mentira!)
“Yo no quiero ser el único tonto que no pruebe“. (¡Mentira!)
“Les voy a demostrar que no soy una monja“. (¡Mentira!)
“Tu cuerpo lo desea tanto como el mío”. (¡Mentira!)
“Si no lo haces conmigo me busco a otra”. (¡Mentira!)
“Si no haces el amor con él vas a perder tu mejor oportunidad”. (¡Mentira!)
Bla, bla, bla, bla… ¡MENTIRAS! ¡Puras mentiras!
El amor de verdad ESPERA.
Extracto del libro: “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Génesis”

Por Edgardo Tosoni
Publicado porcalithos
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viernes, 16 de julio de 2010

¿CUAL ES LA RESPUESTA DE LOS CRISTIANOS EVANGELICOS AL DEBATE HOMOSEXUAL ?


Este debate que esta deliberándose en nuestro país en el Congreso de la Nación que ha recibido media sanción en la cámara de diputados y en la actualidad se esta deliberando en la cámara de senadores ha despertado en el pueblo cristiano un vivo deseo de orar para que no sea sancionada la reforma del “Código Civil”. ¿Pero es suficiente orar?

Cuando oramos reconocemos el señorío de Cristo sobre nuestras vidas y la soberanía de Dios sobre cada uno de nosotros y sobre todas las cosas: “Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”. Hebreos 2:8

Nos toca a los creyentes y a la iglesia en general enfrentar un nuevo desafío ético y es el tema homosexual o “gay”; por muchos años, escuchar de estos temas en un sermón era sumamente raro, y en nuestros días se hace sumamente necesario, no solo escuchar, sino capacitarnos para atender y entender los que están atravesando por este tortuoso camino.

Nos preguntamos: ¿Qué esta haciendo la iglesia hacia las personas que se congregan y que sienten atracción al mismo sexo? Sobre esta pregunta respondió el psicólogo Esteban Borghetti en una nota realizada por el Diario el Puente:

“No creo que sea bueno generalizar sobre este punto. Hemos encontrado diferentes escenarios. Diría, al menos tres escenarios posibles. Uno de ellos está representado por la iglesia que reconoce que debe hacer algo al respecto, capacitarse, desarrollar un ministerio específico que eche luz sobre esas problemáticas, y se propone hacerlo. Otra respuesta posible es la indiferencia sobre el tema. Tal y como hace el avestruz, algunas iglesias esconden su cabeza bajo tierra y resuelven así la situación. El temor y el desconocimiento sobre el tema la paralizan, ante cualquier acción posible. Una tercera posibilidad es la de aquella iglesia que reduce esta. la problemática sexual sólo al plano espiritual, olvidando la integralidad del ser humano. Lucas 2:52 enseña que somos seres bio-psico-sociales y espirituales: "Jesús crecía en estatura (biológicamente) y en sabiduría (psicológicamente), en gracia con Dios (espiritualmente) y con los hombres (relaciones sociales)". Por último, algunas de las personas que nos consultan han expresado sentirse excluidos de su iglesia, tanto por parte de los miembros como de la pastoral”.

Nos preguntamos: ¿Existen casos en las iglesias? Responde el psicólogo Esteban Borghetti:
“Respecto a si hay casos de atracción al mismo sexo en las iglesias, podría decir que la mayoría, sino todas, las personas que consultan por este tema, se congregan y asisten a una iglesia regularmente. También podemos citar el trabajo de los doctores (*) José Luis y Silvia Cinalli. Realizaron un estudio a 1425 jóvenes de entre 12 a 30 años (642 mujeres y 552 varones) de 80 grupos juveniles evangélicos en 30 localidades de 10 provincias diferentes (25 de Argentina y 5 de Paraguay) y en 15 denominaciones diferentes. Los datos arrojados son alarmantes: de cada 10 chicos/as al menos 4 tuvieron experiencias sexuales negativas en la infancia, 2 fueron manoseados o "acariciados" por un mayor y 1 sufrió abuso sexual físico.
Cuando comenzamos a transitar por las paginas de la Palabra de Dios desde sus primeras líneas en Génesis 1:27 leemos que Dios creó al ser humano “varón y hembra”, o sea hombre y mujer, no homosexual o lesbiana. En este mismo libro sagrado, la Palabra de Dios también nos habla de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer "en una sola carne" (Gn 2:24) y abierta a la vida (Gn 1:28). El homosexualismo no lleva a cabo ninguno de estos dos valores inherentes a la sexualidad humana, tal y como Dios la creó: la unión heterosexual en el matrimonio y la procreación. A la luz de esta visión del hombre y la mujer, hay otros 44 pasajes bíblicos que, directa o indirectamente, condenan las prácticas homosexuales como un pecado grave. (**)
Días pasados publique en la red social Fasebook y en mi blog algunas notas presentando este tema: “Lo que dice La Biblia sobre la homosexualidad” (***) inmediatamente recibí una catarata de mail de activistas del movimiento gay con expresiones desafiantes en la mayoría de los casos citando pasajes de las Escrituras, procurando desacreditarla y en forma ofensiva hacia los creyentes.
Pero lo que mas me llamo la atención que en algunos casos se decían cristianos, como ejemplo cito el menos ofensivo:

Pregunta (J M) - Muy buena nota. Sólo que no veo en ella la esperanza para personas con este problema. Además la homosexualidad es pecado y la discriminación y homofobica también. Y lo mejor de todo es que Dios ama al homosexual. Creo que hay que examinar todo y retener lo bueno. Una pregunta? a tu iglesia podría entrar un homosexual sin ser mal visto? Efesios 3:19 y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.
Respuesta (J C A) –“ No tengo la menor duda que la homosexualidad es pecado y la discriminación y homofobica también y no solo Dios ama a los homosexuales, ama a los violadores, a los drogadictos, a los asesinos, a los borrachos a todos, nadie esta exento del amor de Dios ya que la obra de Jesús en la cruz es para todo aquel que en el cree; no creer esto es ignorar las escrituras “Y esto erais algunos mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11).
Por otro lado no llegue a entender con que fin es echa tu pregunta, pero por las dudas te diré que en nuestra congregación tenemos personas con esta dificultad que están siendo contenidas y sostenidas espiritualmente y profesionalmente. Ya que tienen oportunidad en la "recuperación" toda persona con atracción al mismo sexo que desea encontrar su verdadera y plena heterosexualidad. Además en nuestras asambleas hay muchos hermanos que trabajan en este sentido. Y por otro lado si hubieses reparado en el final de la nota estaba implícito lo que preguntabas.
"Sin embargo, los que están dominados por este tipo de pecado, pueden cambiar y ser nuevas criaturas (2 Co 5:17). En 1 Co. 6:11, Pablo dice "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados; ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios". En otras palabras, si un homosexual se convierte tiene que dejar su pecado y seguir a Cristo. Y esto es posible". Bendiciones.

Pregunta (V C) - La homosexualidad es una conducta aprendida. El problema es que nadie lo sabe y tampoco saben que puede modificarse. Un niño que tiene estas inclinaciones, obviamente no puede defenderse pero un adulto SI. La sexualidad PUEDE ELEGIRSE y el Señor puede ayudarnos a cambiar nuestras inclinaciones pecaminosas. Esto último es valido tanto si hablamos de la sexualidad, la tendencia a robar, los vicios...entre otras cosas. Sólo hay que decidirse...TODO lo que hacemos en nuestra vida es tan solo una cuestión de decisión. Si te decidís por el Señor Jesucristo TODO puede arreglarse...el resto viene solo. "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas" Mateo 6,33
Respuesta (J C A) - “Gracias por tu comentario: Creo que la homosexualidad es una conducta aprendida que fue influenciada por una serie de hechos: una ruptura en la vida familiar en la niñez, una falta de amor incondicional de parte de alguno de los progenitores, falta de identificación con el progenitor del mismo sexo. Más tarde estos problemas pueden resultar en una búsqueda de amor y aceptación, envidia del mismo sexo o del sexo opuesto, una vida controlada por diferentes temores y sentimientos de aislamiento. Parece que una cosa está clara: la homosexualidad es causada por una multitud de raíces. Sería simplista pensar en una sola causa: temor al sexo opuesto, incesto o abuso sexual, madres dominantes y padres débiles y opresión demoníaca. Todo esto puede jugar parte en la causa de la homosexualidad, pero sólo uno de estos factores externos en la vida de una persona, sus propias decisiones juegan un papel importante en formar su identidad homosexual, aunque son pocos los que desean admitirlo”. Bendiciones.

Como señalamos al principio se nos ha planteado un nuevo tema ético, y tenemos que salir al cruce con la adecuada preparación, instruirnos e instruir al pueblo de Dios, ya que nos asombraríamos al “descubrir” que hay organizaciones que agrupan a gays, lesbianas, bisexuales y trans que se dedican entre otras cosas a adoctrinar a sus miembros para que sepan que decir ante el mensaje del evangelio que cambia y trasforma vidas; nos asombraríamos al saber que cuentan con una nutrida bibliografía.
La iglesia debería crear los espacios necesarios para ofrecer la restauración a estas personas, existen algunos grupos o ministerios dentro de las iglesias, pero no siempre como un ministerio y herramienta de la iglesia local.
Reflexión final:
La actitud de antipatía personal hacia los homosexuales se denomina actualmente “homofobia”. Es una mezcla de temor irracional, y aún repulsión (¿). Este comportamiento de algunos cristianos no considera que la mayoría de las personas homosexuales no son probablemente responsables de su condición, aunque sí, de su conducta. En el corazón del homosexual hay una profunda soledad, hay mucho dolor, debemos ser comprensivos, tener mucho amor, es muy triste tener que escuchar -soy una mujer viviendo en un cuerpo de un hombre-, denotando una tremenda crisis de identidad. Es por ello que cuando hablamos de estos temas debemos hacerlo con la debida sensibilidad, amor y gracia; debemos saber que en el medio hay personas que cuando niños han sido abusados, o han tenido una mala identificación del niño con su padre y de la niña con su madre. Doloroso y desconcertante es el dilema de los homosexuales que buscan al Señor, Jesucristo ofrece a él o a ella, sin duda a todos nosotros, fe, esperanza y amor: la fe para aceptar ambos, la disciplina de Él y su gracia para mantenerlos, la esperanza para ver más allá del presente sufrimiento hacia la gloria futura, y el amor para cuidar y sostenernos unos a otros.
“Pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13)

Juan Carlos Aranda sirviendo al Señor como anciano de la ICE de calle Washington 651 de Villa Dominico
Tomado de la revista “Momento de Decisión” http://www.mdedecision.com.ar/149/index.html
http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com

(*)Dr. José Luis Cinalli Pastor de La Iglesia de la Ciudad de Resistencia, Chaco, Argentina. Abogado. Master en Estudios teológicos interdisciplinarios. Fundador del Centro de Formación Misionero Argentino y Ministerial. Decano del IBIA (Instituto Bíblico interdenominacional Argentino), avalado Por la SAIC . Presidente de la Fundación de la Ciudad. Profesor y Escritor.
(**) Lo que dice la Biblia sobre la homosexualidad - Fuente: The Maryfaithful, mayo/junio de 1979.
(***) mi blog: http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com

jueves, 15 de julio de 2010

LA DISCIPLINA DE DIOS


Dr.Juan Barek
Estados Unidos, (Revistalogos.com).-La disciplina de Dios nunca debe ser tomada como una señal de su rechazo, sino más bien es una señal clara de que somos sus hijos.
Solo los cristianos llenos de orgullos plantearán que ellos nunca han necesitado corrección de Dios. Proverbios 3:11-12 “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.”

La disciplina de Dios puede venir en muchas formas (incluso a través de un ataque satánico que Dios permita, debido a la dureza de nuestro corazón, ejemplo Lucas 22:31). “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;”

Por eso Santiago recomienda pedir sabiduría a Dios, especialmente cuando estamos pasando dificultades, necesitamos sabiduría para entender porque Dios permite ciertas cosas, querrá Dios mostrarnos algo que necesitamos cambiar? No será que necesitamos crecer en ciertas áreas? O que necesitamos renunciar a cosas? O que necesitamos cambiar nuestra actitud de orgullo y autosuficiencia?

Una cosa tengamos siempre muy clara si estamos recibiendo alguna disciplina de Dios, es porque somos sus hijos, y El es el padre perfecto. Su corrección no es para condenarnos, ni para hacernos pagar por nuestros pecados, porque eso ya fue hecho una vez por todas en la cruz. Su corrección esta motivada solo por su Amor, no por su justicia, el nos disciplina sin ira.

Nosotros como discípulos del Señor Jesucristo, debemos aprender a mirar los resultados de la disciplina más que el proceso en si. Esto no quiere decir que neguemos la dolorosa naturaleza de los azotes celestiales, sino más bien debemos centrarnos no tanto en el proceso sino en el resultado.

Muchas veces vivimos una crisis tras otra en nuestras vidas porque estamos resistiendo la disciplina de Dios o estamos ofuscados por ella. Así nunca podremos experimentar el apacible fruto de justicia, porque no nos dejamos ensenar por Dios.

Dios busca nuestro beneficio eterno, no nuestro alivio temporal de las cosas. Así que no debemos desanimarnos cuando Dios nos disciplina. La disciplina de Dios es correctiva, es para que rectifiquemos lo errado y no para condenarnos. Así que no debemos despreciar la disciplina del Señor, ni llegar a estar amargados cuando el nos reprende. Debemos aprender a aceptar la disciplina de Dios sin rebelarnos, ni endurecernos, porque la disciplina de Dios es motivada por amor.

Si nosotros nunca recibimos disciplina de parte del Señor, debemos preocuparnos. Aquellos que no pertenecen a Dios frecuentemente hacen cosas, que si nosotros las hacemos vamos a ser corregidos, disciplinados por el Señor, porque Dios tienen diferentes reglas para sus hijos que para los que no le conocen a El. Nuestras vidas van a ir siendo corregidas y perfeccionadas, porque sin santidad nadie vera al Señor.
Así que es mejor recibir la disciplina de Dios ahora, que tenemos la posibilidad de cambiar para bien, que estar eternamente excluidos, separados de la presencia de Dios (2Tes.2:9). “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”.

Dios nos disciplina para mantenernos en el camino correcto y para protegernos de los amargos frutos de nuestros caminos errados. 2 Corintios 7: 9-10 "Ahora, me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios? Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte".

Cuando nosotros estamos siendo disciplinados, deberíamos descubrir la razón de esto y mirar hacia adelante al apacible fruto que resultara.

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lunes, 12 de julio de 2010

¡HOY TE VI SEÑOR!


Hay unas preciosas prosas que el poeta himnologo inmortalizara en ese cántico que comienza así:
"En presencia estar de Cristo,
Ver su rostro ¿que sera?
Cuando al fin en pleno gozo
Mi alma le contemplará"
agrega el coro:
Cara a cara espero verle
Mas allá del cielo azul:
Cara a cara en plena gloria,
Yo veré al Señor Jesús". (Himnos y Cánticos del Evangelio)
Es preciosa la esperanza del creyente ya que esta sera una realidad, ver el rostro de nuestro Señor; así lo señala Apocalipsis 22:4 "Y verán su rostro..." esta es la meta final de la historia de la redención: Dios viviendo entre su pueblo fiel, los santos viendo a Jesucristo y viviendo con el cordero de Dios, quien mediante el amor nos redimió por su muerte en la cruz. Nuestra mayor felicidad será ver a Dios: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Éx 33:20,23; Is 33:17; Mt 5:8; Jn 14:9; 1Jn 3:2).
Me pregunto: ¿ He de esperar hasta la eternidad para ver a mi Señor? y nuevamente la pluma de la poeta me dice: ¡HOY TE VI SEÑOR!:

¡Hoy te vi, Señor, pasabas en el viento
y tocaste mi rostro presuroso,
arrastrando a tu paso, cual caricia,
la fragancia de un cielo esplendoroso!

¡Hoy te vi, traías a las nubes
cual Pastor que guía la manada
hoy te vi en el sol y centellaba
al estar tan cerca de tu morada!

¡Te vi en el mar, imponente, majestuoso
arrastrando a su paso la impureza,
te vi luego trazando el horizonte
cual Maestro sublime de destreza!

Te vi en la flor, en el pájaro que canta,
en el grano de trigo reluciente
te vi en la lluvia mojando las praderas
cual alfombra de cristal que ya se extiende.

¿Cómo no verte, Señor? lo llenas todo
Cielo y Tierra, infinito y Universo
y me llenas el alma desbordante
del amor que por Cristo en mi has puesto!

¿Habrá un lugar donde no podré mirarte?
¡Si hasta te veo en una cruz clavado,
purgando mis pecados por llevarme
donde podré mirarte cara a cara!
(Melita De Macchia)

"Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro". (Hebreos 4:13, 16)
pastor Juan Carlos Aranda
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viernes, 9 de julio de 2010

LOS "YO SOY" DE JESÚS


En el capítulo 3 de Libro de Éxodo encontramos una historia fabulosa del llamado que Dios le hiciera a un hombre llamado Moisés. Este llamado se basó en que este hombre debía sacar al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Jehová se le presenta a Moisés en una zarza que ardiente. La misma no se consumía. Esto fue algo tan raro a la vista de Moisés que subió al monte Horeb para verlo de cerca y allí fue donde tubo aquella magnifica experiencia de hablar con Jehová. Moisés, le preguntó a Dios qué le iba a contestar al pueblo cuando le preguntaran de parte de quién iba y Jehová le dijo, "les dirás que "Yo soy" te envió". Así Moisés salió confiado a libertar al pueblo de la opresión del enemigo. La Biblia nos enseña que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Y si aquel Jehová que se llamó "Yo soy" en el llamado a Moisés, es también Jesucristo, entonces podemos inferir que este nombre y/o atributo es dado a Jesús desde la eternidad y hasta la eternidad incluyendo el presente.
En estos tiempos el "Yo soy", también llama a que salgamos de la esclavitud del pecado, ¿Cómo?

1. El dice, "Yo soy la Puerta" (Jn. 10:7-10) La puerta es el hueco que se hace en una pared, para entrar y salir. Pieza que cierra este hueco. Entrada o salida libre. "Puerta" se usa metafóricamente del medio de El. Al Jesús decir yo soy la puerta de las ovejas, nos quiere decir que sólo a través de El, podemos entrar al redil y también a través de él se puede salir a pastos frescos. El redil, o lugar preparado para el cuido de las ovejas, de las ovejas, es el reino de Dios que está entre nosotros. (Ver Mateo 3:2). Todo aquel que entra por la puerta que es Jesús llega a este redil, o sea la vida eterna. ¿Qué son los pastos frescos que ha de encontrar el hombre (o la oveja) en este redil? El salmista dice en el Salmo 16:6, 11. "Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado. Me mostrarás las senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo ; delicias a tu diestra para siempre."

2. "Yo soy" el Buen Pastor (Jn. 10:11-18) El buen pastor su vida da por las ovejas. También dice yo conozco mis ovejas y las mías me conocen. Pongo mi vida por las ovejas. El pastor oriental pone nombre a sus ovejas y además las conoce por medio de ciertas características individuales. Así mismo el Señor Jesucristo conoce a todas sus ovejas por su nombre. Por eso él dice conozco mis ovejas. No hay nada que no sepa de ellas. El las guía, las restaura, las cuida cuando están enfermas o heridas y las protege del lobo feroz que es el diablo.

3. "Yo soy" el pan de vida (Jn. 6:25-40) Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y tuvo hambre en el desierto, el Señor envió alimentos en una forma milagrosa. Dice la Escritura que les envió "Maná" del cielo. Mas la misma Palabra dice que no sólo de pan (alimentos, carnes) vivirá el hombre, mas de toda la palabra que sale de la boca de Dios. En nuestros tiempos el pan de vida, Jesús nos satisface en ambos sentidos, nos da alimento de cada día y es la Palabra viviente que satisface al alma y al espíritu, Jesús dice, "el que a mi viene, no tendrá hambre". Jn. 6:35.

4. "Yo soy" la luz del mundo (Jn. 8:12). Uno de los mandatos que el Señor Jesús le dejó a su pueblo, fue que fuera luz del mundo (Mateo 5:14-16). El que tiene a Cristo, tiene la luz, y no anda en tinieblas. Las tinieblas mencionadas en Juan 3:19, son aquellas que no permiten que el hombre interior (el alma) pueda ver la realidad de la Palabra de Dios. (Ver lo que dice en los versos (20-21). "¿Qué es la luz? Energía radiante que permite la visión de los objetos". Cuando Jesús dice "Yo soy la luz del mundo". Se refiere a que él es la persona que ilumina a guía. Eso es lo que él dice a la iglesia, somos personas con la luz de Cristo. Dice en 1 Jn. Cap. 1:5-7 que debemos andar en luz, porque Dios es luz. Debemos guiar al hombre a conocer la luz que es Cristo. Fue en un inmenso rayo de una refulgente luz, que Jesús se le reveló a Pablo (Hechos 9:3). Hablando de la nueva Jerusalén Juan dice en Apoc. 21:23 "Y la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera." El Cordero es Jesucristo, la luz del mundo.

5. "Yo soy" el camino, la verdad y la vida (Jn. 14:6)
Hablemos del camino—Franja de terreno para transitar, construida expresamente o formada por el uso. Una franja es una banda o una tira. Diríamos que es algo estrecho. La Biblia dice que hay dos caminos por los cuales el hombre transita. Uno es el camino estrecho y otro el camino ancho. El camino estrecho y otro el camino ancho. El camino es estrecho aquel que nos lleva al cielo (Mateo 7 :14), así mismo hay un camino ancho que conduce a la perdición (Mateo 7 :13). La Biblia dice que "Hay caminos que al hombre le parecen derecho, pero su fin es camino de muerte." Pero hablemos de aquél camino que lleva a la vida eterna, Jesucristo. El dice que a través de ese camino es que se llega al Padre, o sea hasta el mismo cielo. No hay otro mediador entre Dios y los hombres, no hay otro camino a seguir.

Hablemos de la verdad --- ¿Qué es la verdad?, preguntó Pilato a Jesús, pero aún así lo crucificó a petición de la turba. Jesús dice en Jn. 8:32 "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." En el verso 36 de ese mismo capítulo dice "y si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres." Libres del pecado y de la condenación eterna. Aquí se refiere a la libertad del espíritu. Todo aquél que ha recibido a Jesús a conocido la verdad y por ende es libre. Cristo nos hace libres. Cristo es la verdad.

Hablemos de la vida... ¿A quién no le gusta la vida? Nadie quiere morir. Todos hacemos planes parar los próximos cien años porque no queremos morirnos. Pero ¿qué es la vida? Es el estado de actividad o funcionamiento de un órgano o de un ser orgánico. Pero hablando en términos espirituales no es así, ya que la persona que no tiene a Cristo está muerta en sus delitos y pecados. O sea que existe, pero no vive, que son dos aspectos diferente. Si vamos al capítulo 37 de Ezequiel donde se narra un suceso muy interesante sobre un valle donde lo que había eran huesos secos, podemos ver como al final el Señor les dio aliento de vida y los organizó en un grande ejército. Comparando la existencia con la vida, podemos verlos aún en la misma máquina por la cual nos estamos comunicando. La máquina existe, pero no tiene vida. Más yo que estoy del otro lado de ella misma, siento la vida fluyendo en mí porque Cristo vive en mí y es su Santo Espíritu el que me da la sabiduría para poder utilizar esta máquina y llevar la Palabra de Dios a través de la misma. Tal vez tú mismo que estas leyendo este escrito no tenga a Cristo en tu corazón en estos momentos, pues amigo mío yo te comparo a la máquina que estas usando, existes pero no vives. Hay muchos en este mundo que adoran imágenes. Estas existen pero no tienen vida. No así nuestro Cristo de la gloria que es real y vive y nos da vida en abundancia. Podemos sentirlo en nuestro diario vivir como aquél acompañante que todo ser humano desea tener, el amigo que nos conduce con su luz admirable y siempre nos alienta. Jesús es la resurrección y la vida, por esto él dice en Juan 11:25 "el que cree en mi aunque esté muerto vivirá." Gloria a Dios.

6. "Yo soy" la vid verdadera (Jn. 15:1-8) ¿Qué es la vid ?Arbusto trepador
Sarmentoso, de tronco torcido, cuyo fruto es la uva. Jesús dijo, "yo soy la Vid", y ustedes los pámpanos. El pámpano es el sarmiento tierno de la vid. Jesús dice que nosotros no podemos hacer nada separados de él. Siendo Dios el labrador es el que nos limpia para que llevemos mucho fruto. Mientras nos mantengamos unidos a la vid verdadera, no seremos pámpanos sin fruto, por eso es necesario mantenernos firmes en Cristo, quién es la vid verdadera. El dice que si permanecemos en él, todo lo que le pidamos al Padre será hecho. La vid es la que le da la savia a los pámpanos. Ella es la que recoge el alimento que produce la tierra y esta lo pasa al pámpano. Jesús dijo, el Padre y yo uno somos. Y todo lo que él esta haciendo por el hombre es por obediencia al Padre. Todo lo que recibió del Padre eso nos dejó, por eso nos dice que debemos ser uno con él como él es uno con el Padre. Cristo es la vid verdadera que alimenta nuestra alma.

Material preparado por Oscar Naranjo para EBI (Escuela Bíblica por Internet)
http://www.mdedecision.com.ar/EBI/index.htm
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CRISTO, LA ROCA


"Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová".
Libro de los Salmos 40:1-3

Que hermoso cuadro vemos en la Palabra de Dios, cual artista podemos ver sus precisas pinceladas de amor.
El creador, nos recrea mostrando su misericordia y amor al penitente arrepentido...
Que Buena Noticia!!! que el pecador arrepentido cuando clama a Dios, es escuchado por Él, que amor el de nuestro Dios, no hay hoyo profundo que no nos pueda alcanzar el firme y amoroso brazo del Señor.
El me escuchó cuando clamé, se inclino hacia mí. me sacó y puso mis pies sobre la "Roca"; sí Cristo es la Roca firme de mi salvación.
Que poderoso es mi Dios, lo que el hombre no es capaz de realizar, él lo lleva a cabo; el puede transformar tu vida de manera tal que otros se maravillen de su poder y puedan creer también en Él.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". San Juan 3:16

Pastor Juan Carlos Aranda
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Cristo, La Roca
¡Oh! Jesús, Señor amante;
Roca de la eternidad,
Pronto amparo al navegante
En el mar de adversidad.
Cuando náufrago me hundía
En profundo y negro mar,
En mi angustia yo decía,
¿Quién pudiérame salvar?
Y en mi lucha fiera y loca,
No quedando aliento en mí,
De refugio hallé la Roca,
Y a su amparo yo acudí.
Fue Jesús la Roca fuerte
Que en mi angustia me salvó;
El libróme de la muerte,
Y en su seno me acogió.
Mas la roca, ¡oh! portento,
Que en el mar mi amparo fue,
Es eterno fundamento,
Firme apoyo de la fe.
Ya las olas tan airadas
A mis pies no llegarán;
Mis angustias son pasadas,
Ha cesado el huracán.
Y tú, náufrago, que luchas
En tan fiero y hondo mar,
Tus angustias son ya muchas
Ven a Cristo a descansar.
Es del hombre lo falible"
Mas en Cristo el todo está;
El, la Roca inconmovible,
Por los siglos durará.
-- Arturo Borja Anderson --

domingo, 4 de julio de 2010

Testimonio de un hombre transexual


Ésta es una historia real de esperanza y liberación de la esclavitud sexual. La historia de Sy (se pronuncia “sai”) es un testimonio emocionante de cómo un hombre fue liberado de su vida “como una mujer”. Aunque él se dedicó aún más a la vida transexual que muchos otros homosexuales, su experiencia demuestra que el poder de Dios, es superior a cualquier problema que podamos tener. Mientras usted lee este artículo, dé la gloria a Dios, el Autor y Consumador de la fe de Sy.
Imagínense yo casado! Un día de regocijo y celebración, de compartir el amor entre amigos y familia. A mi lado estaba mi nueva esposa, la mujer que yo amaba. Unidos por Dios para siempre; nuestras esperanzas y nuestros sueños centralizados en Cristo. Pero, aunque era algo especial, nuestro matrimonio contenía un significado mucho más profundo, porque era un testimonio del poder de Dios para cambiar las vidas.
Hubo un tiempo en mi vida, en que jamás hubiera creído que llegaría a conocer tal amor y realización; mucho menos, que llegara a casarme. Solamente tres años atrás, me encontraba perdido en una afanosa búsqueda de mi identidad, deseando desesperadamente el amor y la aceptación. Es que yo era un transexual. Aunque físicamente era un hombre, sentía que, en realidad era una mujer “atrapada” en un cuerpo equivocado. Yo deseaba ardientemente cambiar mi sexo externo para que mi cuerpo se ajustara a la concepción que yo tenía de mí mismo.
Mis primeros encuentros homosexuales comenzaron cuando tenía sólo 8 años. Opuestamente a muchos muchachos que experimentan sexualmente, yo tenía un deseo intenso de relacionarme íntimamente con hombres. Yo quería que los hombres también me desearan a mí. Las películas que recordaba haber visto cuando niño, mostraban que las niñas eran siempre objeto de atenciones especiales y de seducción. Mi corazón sufría mientras pensaba: “Yo quisiera ser deseado de esa manera”. Años más tarde, quise vivir la fantasía de mi infancia convirtiéndome en una mujer con la esperanza de ser realmente amado.
El problema no era la falta de amor de mis padres, aunque las circunstancias me privaron de una niñez normal. Nací en 1956. Era el único hijo de una pareja de clase media cuyas relaciones se estaban desintegrando. Debido a que mi madre era alcohólica, ella no pudo cuidar de mí como debía. Aún así, no tengo ningún recuerdo desagradable hasta que cumplí cinco años de edad, cuando mi madre murió en un accidente automovilístico.
Yo fui a vivir con mis tíos durante un año mientras mi padre se reponía y empezaba de nuevo. Durante ese tiempo con mis tíos, desarrollé una relación bastante íntima con su hija que tenía más o menos mi edad. Gozaba identificándome con su vida de niña. Posteriormente, volví a vivir con mi padre y mi abuela en nuestro pueblo tranquilo del mediano oeste de Estados Unidos. Cuando yo tenía once años, mi padre se volvió a casar.
Tuve una relación estable con mis padres hasta llegar a la adolescencia, cuando mis deseos obscuros empezaron a mostrarse abiertamente. Viendo aumentar mis problemas, mis padres se esforzaban mucho por desarrollar en mí una identidad masculina, pero el daño ya estaba hecho. Mis actitudes amaneradas y los intentos de usar maquillaje eran simplemente síntomas externos de una profunda confusión en cuanto a mi identidad. Aunque yo no conocía a Dios, creía en su existencia. Oraba pidiendo y hasta exigiendo que Él me transformara en mujer.
Mientras tanto, yo era activo en la iglesia, en la escuela y en los boy scouts. Jugaba al fútbol, era miembro de los equipos de atletismo y de natación y tenía un par de motocicletas. Nada de esto me convirtió en “macho”. A pesar de mis esfuerzos por adaptarme, mis compañeros de clase me atormentaban. Mi vida en el hogar y en la escuela eran una miserable carrera de resistencia. Felizmente, en tres años pude graduarme en la secundaria.
Me sentí aliviado de esta vida casi intolerable cuando fui a Brasil en un programa de intercambio. Durante los meses de verano allá, descubrí, tal vez por primera vez, que era aceptado quizás hasta reconocido siendo como era. La cultura brasileña parecía aceptar con más facilidad la homosexualidad que la cultura norteamericana. Además, mis “padres brasileños” eran actores de teatro y, por lo tanto, trabajaban con muchos homosexuales. La actitud que yo veía era de aceptación hacia el estilo de vida de los homosexuales. En ese país, lejos de la vida infeliz en mi hogar, me sentía con la libertad de aceptar y hasta de disfrutar de mis deseos más íntimos.
Poco después de mi regreso a los Estados Unidos, a insistencia de mis padres, ingresé a la Marina. Aunque temía enfrentar tormentos similares a los que sufrí en mis días de secundaria, me fue bien durante el período de entrenamiento y fui promovido con honores a un rango superior. En vez de ser rechazado por mi naturaleza femenina, fuí aceptado; por otra parte me volví más confiado en mi papel mental de mujer. Después del período de entrenamiento inicial vino el entrenamiento especializado antes de ser asignado a mi estación permanente: un navío en Pearl Harbor, Hawai.
Allí me sumergí totalmente en la oscuridad, envolviéndome completamente en el submundo homosexual en Honolulu. Me involucré en drogas, en prostitución, a veces corriendo peligro. Mientras más conocía este estilo de vida más desdeñaba su superficialidad y su vacío. Me sentía como un vampiro que salía de caza, noche tras noche, en busca del “hombre perfecto”, escurridizo, que pudiera satisfacer mis deseos. Seguía mi camino sin ver una salida y sin ninguna esperanza a la vista.
Después de pasar unos seis meses viajando por Oriente, regresé a Honolulu donde descubrí que dos de mis mejores amigos se habían unido a una Iglesia Comunitaria. Accedí a ir con ellos y me encontré con una iglesia que recibía abiertamente a los homosexuales. Ahora comprendo que tal visión distorsionaba las escrituras, presentando a un Dios que bendice la homosexualidad en vez de condenarla. Como muchos homosexuales cuyos corazones no están endurecidos, yo buscaba un alivio espiritual para mi conciencia culpable.
En esta Iglesia tenia una religión que aprobaba mi preferencia sexual. Estaba encantado como mis amigos, pero sabía que algo no estaba bien, ya que podía asistir libremente a aquellas reuniones sociales en la Iglesia vestido como mujer. Mis amigos fueron la primera pareja homosexual en Hawaii en casarse y yo fui uno de sus padrinos. ¡Pensar que nosotros creíamos que Dios podía bendecir tal abominación!
En la primavera de 1977, completé mi servicio en la Marina y volví a la seguridad que ofrecía mi nativo medio oeste de los Estados Unidos. Jamás me olvidaré de la expresión en los rostros de mis padres cuando salí del avión un joven acabado con apenas 21 años, una escena patética. Miré sus hombros caídos y sus rostros cubiertos de vergüenza al ver mi cuerpo tan abusado.
Algunos meses después de llegar a casa recibí una carta de mis amigos homosexuales la pareja que se “casó” en Hawaii. Me dijeron que ya no eran más homosexuales. Ahora eran cristianos. Según ellos, las enseñanzas de la iglesia que habíamos frecuentado eran mentiras. Todavía se amaban, pero ya no más de una forma homosexual. Ya no vivían juntos. “¡Qué traidores!”, pensé.
La pesadilla que era mi vida, se desenvolvió plenamente cuando empecé a frecuentar una universidad conservadora cerca de mi ciudad natal. Aunque había sido aceptado y hasta popular durante mis años en Honolulu, ahora yo era odiado a tal punto que era necesario un guardia extra oficial de la universidad para mi protección. Circuló una petición solicitando mi retiro del dormitorio, y no me era permitido tener compañero de cuarto. El rechazo fue más de lo que yo podía aguantar. En mi estado de depresión perdí los cursos de muchas semanas y pasaba días sin comer. Conseguí sobrevivir por dos semestres.
Después de una crisis en mi vida, finalmente dije a mis padres lo que ellos durante mucho tiempo temían: Yo era infeliz en mi vida de hombre y deseaba una operación para cambiarme de sexo. Empecé un proceso de psicoterapia en busca de “La Operación”. Una serie de exámenes, incluyendo uno de cromosomas, probó que mi confusión de identidad sexual no era resultado de algún extraño error genético.
Sin embargo, después de revisar con cuidado los estudios sobre la transexualidad, logré darle a mi psiquiatra las “respuestas correctas”. Me diagnosticaron oficialmente como transexual, apto a solicitar la operación de cambio de sexo. Yo tendría que someterme a una intensa terapia, para después ser operado en el Hospital John Hopkins en Baltimore, un hospital famoso por tales cirugías. Mis padres no sabían ya cómo reaccionar ante mi situación y se resignaron a perderme. Yo creía que la transformación de mi sexo era el último intento para conseguir la felicidad, y estaba dispuesto a sacrificar todo para alcanzar mi objetivo. Con mis maletas listas y la botella de hormonas femeninas que me habían recetado, estaba por fin en mi camino. Llegué a la costa este de los EUA en abril de 1978.
“Usamos polvo y tinta para hacer de nosotros lo que no somos”. Esta frase que había oído de otros hombres transexuales me perseguía. Al mirarme en el espejo a través de ojos vagos y vacíos por causa de las drogas, veía a la persona en que me había convertido. Yo no era simplemente un mentiroso sino la encarnación de una mentira, y entendía el arte de ilusionar que se pasaba de generación en generación, desde la antigua Babilonia hasta Hollywood. Durante un año y medio viví como mujer, con un buen puesto en una firma de contratistas cerca de Washington D.C. Estaba alcanzando la deseada aceptación en mi papel de mujer. Era considerado atractivo y era muy popular en las fiestas.
A pesar de mi “éxito”, sentía un cierto terror y una insatisfacción creciente. A causa de una serie de contratiempos, me fue imposible continuar mis sesiones de psicoterapia. Mientras más esperaba la cirugía para cambiarme de sexo, más entendía que la “operación” no podría resolver todos los problemas de mi vida como pensaba antes. Era muy difícil mantener mi papel de mujer 24 horas por día. Vivía con un temor constante de que mi verdadero género fuese descubierto. Un aumento en el consumo de drogas aliviaba un poco mi situación, escapándome de la realidad, pero no podía librarme de la persistente pregunta que siempre me venía: ¿valdrá la pena todo esto?
El Espíritu de Dios estaba obrando, atrayéndome. Mientras mi salud se iba deteriorando por el abuso de las drogas, los dolores en el pecho y la dificultad en la respiración hacían difícil que durmiera. Empecé a meditar sobre cosas agradables para relajarme. Cierta noche, una canción de mi infancia “Cristo me ama” inundó mi mente. Otras canciones cristianas de la pureza de mi infancia daban vueltas y vueltas en mi mente. Yo sólo podía llorar.
Comencé a pensar en el costo de abandonar la única vida que había conocido. Le pedí a Dios: “Por favor, muéstrame si Tú deseas que no prosiga con la operación para el cambio de sexo”. En el fondo de mi ser yo sabía cuál sería Su respuesta.
Despertado por el boletín noticiero radial de la mañana, me senté en mi cama ¡casi sin poder creer lo que estaba oyendo! El Hospital Johns Hopkind acababa de anunciar al mundo que no harían más la cirugía para el cambio de sexo. Estaban cancelando la lista de espera para los pacientes que solicitaban esta cirugía, diciendo que este cambio no era la respuesta para la mayor parte de los homosexuales. Tres días después de mi oración a Dios, yo ya tenía una respuesta.
Aquel otoño, mientras preparaba una mudanza, descubrí una vieja Biblia y empecé a leerla. En poco tiempo, comencé a compartir las Escrituras con cualquier persona que me quisiera oír, y mis amigos comenzaron a preocuparse por mi creciente interés religioso.
Aunque yo todavía seguía viviendo como mujer, el Espíritu Santo comenzó a operar en mi vida y me sentía incómodo bajo Su intervención. Sabiendo que me estaba aproximando a una encrucijada en mi vida, tiré las hormonas femeninas y dejé de comprar ropas de mujer. Mientras se acercaba la Navidad, empecé a dejar de lado todos mis vestidos y con el bono navideño, compré algunas prendas de ropa de hombre.
Durante las vacaciones de Navidad llegué a un punto decisivo. Mi corazón latía de una manera cada vez más irregular y se intensificaron los dolores en el pecho. Finalmente, una noche, caí al suelo apretándome el pecho. No podía respirar bien y sentía que iba a desmayarme. Aterrorizado, clamé a Dios, suplicándole que Él me salvara: “Por favor Señor, no me lleves así. Déjame primero llegar a conocerte, Señor”. El fuerte dolor empezó a calmarse. Estremecido, sentí la gran necesidad de arreglar mis cuentas con Dios. Pero, ¿cómo? Me volví a la Biblia, sabiendo que allí encontraría la respuesta.
“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho”. (Isaías 1:18 20).
Al leer esta Escritura, me quebranté. La amargura, la culpa y la vergüenza por los años perdidos de mi vida brotaron de mí mientras lloraba al pie de la cama. Confesé mi fracaso y mi culpa delante de Dios llamándole: “Dios, yo no puedo cambiar lo que soy, pero estoy dispuesto a ser transformado. Sé que Tú tienes el poder. Hazme el hombre que Tú quieres que yo sea”. Agradar a Dios, ser amado y no rechazado por Él: era todo lo que quería. Mientras entregaba mi vida en Sus manos, el “viejo yo” murió, y el “nuevo yo” nació. Mi vida a medias había terminado.
Mi regeneración espiritual se hizo evidente inmediatamente. De la noche a la mañana había sido liberado de la inmoralidad y la adicción a las drogas. Las úlceras sangrantes en mi esófago (resultado aparente del abuso de las drogas) se sanaron en un día. Mientras yo descubría el intenso e íntimo amor de Dios por mí, fui liberado de la presión agotadora que me había hechos esclavo de la perversión.
Se presentaron algunos tiempos difíciles también después de mi conversión. Buscando establecerme en la comunidad cristiana, asistí a diferentes iglesias y encontré algunas personas a quienes se les hacía difícil relacionarse conmigo, aunque vestía ropa de hombre y tenía el pelo corto. Los residuos de mi vieja vida mis modales afeminados, la voz aguda y los resultados de las hormonas femeninas, hacían que muchas personas me confundieran con una niña. Al principio me sentía terriblemente humillado, pero estaba decidido a vivir para Dios.
Atravesé períodos de fuerte tentación de muchas formas. Sin embargo, aprendí que lo único que podía hacer Satanás era tentarme él no podía forzarme a caer, así que con la gracia de Dios, no cedí.
Mientras me iba fortaleciendo y pasaba tiempo reflexionando en la Palabra de Dios, el Señor cortó mis relaciones y amistades del pasado. Era tiempo de marchar adelante. En el siguiente verano después de mi conversión, empecé a trabajar en un ministerio cristiano y me uní a una iglesia donde fui calurosamente aceptado en la comunión con otros creyentes.
Nueve meses después de mi conversión, experimenté el vivificante poder del Espíritu Santo. Durante esta experiencia de tres horas, el Señor le reveló a una de mis compañeras de oración que ella iba a ser mi esposa. Sin decirme nada en relación a lo que el Señor le había mostrado ella esperó hasta que Dios lo hizo realidad.
Alrededor de un año después, me di cuenta de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Al principio me resistí a la idea del matrimonio. Temores interiores y sentimientos profundamente arraigados de que no estaba capacitado para ello, empezaron a salir a la superficie. Pero mientras Karen y yo desarrollamos una amistad muy rica durante los dos años anteriores a nuestro matrimonio, Dios obró dando sanidad a todas estas áreas de mi vida.
Dios nos ha bendecido con una comunicación honesta y franca con Jesús y entre nosotros mismos. Hemos descubierto muchas fortalezas y muchas debilidades, y nos hemos visto sin máscaras. Hoy mi esposa y yo trabajamos juntos en el ministerio cristiano a tiempo completo. Nuestro matrimonio NO es la prueba de mi liberación de la perversión sexual, pero es una de la más preciosa evidencia de mi nueva vida y de mi creciente relación con Cristo.
Mi relación con mis padres ha sido restaurada por Dios también. Yo les había escrito cuando fui salvo, pero pronto comprendí que mi nuevo celo cristiano no podía borrar todos los años de dolor que ellos habían experimentado. Volví a ver a mis padres después de casi cinco años en mi boda, y pude regocijarme en la reconciliación que Dios había traído a nuestra relación. Ahora tengo padres de nuevo, y ellos tienen su hijo otra vez.
Siendo yo mi más severo crítico, a veces tengo dificultad en ver los cambios que Dios ha operado en mi vida. Entiendo ahora que tal vez no podré responder a las normas irrealistas que la sociedad espera de “un hombre”. Pero recuerdo que ya no vivo de acuerdo a los corruptos valores de un mundo moribundo. Yo sigo a Jesús. Él es mi ejemplo de masculinidad, mi norma y objetivo final de hombría.
Una noche mientras me preparaba para ir a la cama, el Señor habló a mi corazón diciendo: “Mírate al espejo…dime lo que ves.” Miré por un momento y dije: “Veo una nueva criatura”. El dijo: “Bien, pero mira otra vez”. Así lo hice y entonces dije: “Veo al hijo del Rey…un siervo de Jesús… y la belleza que surgió de las cenizas de mi vieja vida”. Sin embargo, yo sabía que éstas no eran las respuestas que Él esperaba. ¿Qué era lo que el Señor trataba de mostrarme? Miré otra vez en el espejo. “¿Qué es lo que ves, hijo?” Finalmente entendí. “Veo que el hombre, el hombre en el espejo soy yo”.
(Traducido por Rafael Ángel Maldonado y Esly Regina Carvalho. Revisión de Ruth Dahlstrom)
Este artículo es publicado por COMPROMISO Cristiano con permiso de Sy Rogers y de Esly Regina Carvalho, directora de Eirene Internacional.

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