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domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Celebrar o no celebrar la navidad?

Queridos amigo y hermanos les comparto este mail recibido de los hermanos de CRISTIANISMO HISTORICO el cual dice:
 
Dos posturas antagónicas suelen manifestarse en estas fiestas, dos actitudes cuyo origen podría rastrearse en toda la Historia, y que para nuestra comodidad vamos a llamarlas la actitud represiva y la actitud permisiva.
Juan Carlos, la actitud represiva trata infructuosamente de ignorar y denostar la Navidad. Motivos no le faltan: muchos de los elementos responden a tradiciones paganas que se infiltraron dentro del cristianismo (la fecha del 25 de diciembre, el "arbolito", etc.) y esta invasión llegó a tal extremo que hoy no sabemos muy bien si se celebra al Niño de Belén, a la familia propia o a Papá Noel (y, en honor a la verdad, tenemos que decir que entre los niños despierta más inquietudes el mítico personaje de níveas barbas que el Dios hecho hombre. Papá Noel es más recordado por los niños que el Jesús que se encarnó en Belén). Sin embargo, esta postura suele ignorar dos cosas importantes: en primer lugar, que por más que se argumente contra la fiesta (negando la veracidad de la fecha, criticando los elementos paganos, censurando las costumbres tradicionales) la celebración se impone por la fuerza de la costumbre y, en segundo lugar y a consecuencia de esto último, se pierde una oportunidad importante de reivindicar los verdaderos valores que rodean el tema de la Navidad. La censura termina minimizando el festejo de la visitación más grande que la humanidad haya conocido jamás. Es como tirar el agua sucia con el niño que acabamos de asear allí.
Frente a esta postura represiva, muy difundida en nuestra infancia, aparece otra: la actitud permisiva, que admite e incluye todos los elementos tradicionales, sin cuestionarse demasiado su origen y significado y enfatizando la parte social y lúdica. Esta actitud cae en un sincretismo que muy poco favor le hace al pueblo de Dios en su necesidad de comprender y transmitir "el misterio de la piedad". Aquí es cuando Navidad es sinónimo directo de arbolito o de lo que trae Papá Noel. Lo más importante es que tenemos una fiesta con familiares, que habrá algo de fuegos artificiales y que la familia estará unida y reirán juntos.

Juan Carlos, creo que queda una tercera opción a considerar, la actitud reflexiva. La Navidad es un fenómeno social instalado para siempre en nuestros pueblos con raíces muy profundas. En los países que han recibido corrientes migratorias o aportes de otras razas, se observa con claridad cómo la celebración viene arrastrando elementos tradicionales de cada grupo étnico, reafirmando su identidad a través de los símbolos que ha manejado su cultura en su país de origen.
Pero ningún cristiano debe estar cerrado a una propuesta espiritual y reflexiva. Esas propuestas pueden llegar a transformar una celebración frívola en una experiencia espiritual importante. Tanto para propios como para los extraños presentes.

Te invito a leer el siguiente artículo:

¿Celebrar o no celebrar la navidad?

Obviamente, no podemos identificarnos plenamente con el espíritu de esta época, pero tampoco debemos legislar sobre otros donde Dios no ha legislado.

Cuando Dios manda una cosa o prohíbe otra, ya no somos libres de decidir si obedeceremos o no obedeceremos. El descuido de un deber conocido o la desobediencia voluntaria de aquello que Dios ha mandado, es un pecado, una trasgresión franca y abierta de la ley de Dios.

Pero, ¿puede alguien mostrar por las Escrituras que es un pecado dar algunos obsequios a nuestros hijos o nietos en Navidad, o que es pecaminosa la alegría que sentimos al ver sus caras cuando reciben sus regalos?

¿O podría alguien probar por las Escrituras que es pecaminoso que la familia se reúna en este tiempo para cenar y compartir un tiempo juntos en esta época del año, simplemente porque hace cientos de años se celebraban las saturnales el 25 de diciembre?

Estas cosas deben ser colocadas en la categoría de aquello que es moralmente neutro. Cada cristiano deberá usar su discernimiento para determinar qué hacer y qué no hacer en su situación particular durante esta temporada navideña.

Y lo que quiero hacer en esta entrada, y las dos siguientes, es proveer algunos principios generales de las Escrituras en lo tocante a la libertad cristiana que puedan servirnos de guía en ese sentido. Y el primero es el siguiente:

En el ejercicio de nuestra libertad cristiana nunca debemos violar la ley moral de Dios, ni frustrar la meta de la gracia de Dios

En Rom. 14:14 Pablo escribe: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es”.

La Iglesia en Roma estaba compuesta por personas que venían de contextos religiosos y culturales muy variados. Y algunos de estos hermanos, aun después de su conversión, mantenían ciertos escrúpulos con respecto a ciertas comidas o a ciertos días. Es en ese sentido que Pablo se refiere a ellos como “hermanos débiles”.

No era que estos creyentes fuesen débiles en lo que respecta a su fe en Cristo, o en su obediencia y amor por Cristo, sino que eran débiles por el hecho de que no podían hacer un amplio uso de su libertad como cristianos por los escrúpulos que tenían.

Sus conciencias no estaban persuadidas de la legitimidad de ciertas cosas, por lo que no podían participar libremente de ellas, a pesar de la libertad que Cristo nos otorga en el Nuevo Pacto con respecto a estas cosas.

Y es obvio, por la enseñanza de la Escritura en general y por el contexto de este pasaje en particular, que Pablo no se está refiriendo aquí a cosas inmorales. Las cosas inmorales sí son inmundas en sí mismas. Nosotros nunca tendremos libertad de mentir, o de robar o de cometer adulterio. Pero Pablo está hablando más bien de participar de ciertas comidas y de guardar ciertos días (comp. vers. 1-6, 15, 20).

No sabemos con exactitud cuál era el punto en disputa entre los hermanos débiles y los fuertes con respecto al asunto de la comida. Tal vez se trataba del hecho de comer carne sacrificada a los ídolos, como sucedió en la iglesia de Corinto, o de la legitimidad de comer de las carnes que se prohibían en el AT. No lo sabemos.

Tampoco podemos estar seguros de cuáles son los días a los que Pablo se refiere aquí. Algunos piensan que se refiere a ciertos días prescritos en la ley de Moisés, como la Pascua, Pentecostés o el día de la Expiación. Otros piensan incluso que se refiere al día de reposo que los judíos guardaban, es decir, el sábado.

Pero lo que sí es muy claro y evidente en el pasaje, es que a lo que sea que Pablo se esté refiriendo no podía ser un asunto moral. Nosotros no somos libres de obedecer o no obedecer los mandamientos morales de Dios.

Cristo nos libró de la maldición y condenación de la ley, pero no nos libró de la obligación que tenemos hacia ella como la norma de conducta que es aceptable delante de Dios (comp. Rom. 13:8-10).

¿Cuál es la tabla de evaluación objetiva que tenemos para saber si amamos o no a una persona? Pablo dice: “El amor no hace mal al prójimo”. ¿Y cómo puedo yo saber objetivamente qué es el mal y qué es el bien? Por la ley moral de Dios. Por tanto, sigue diciendo el apóstol, “el cumplimiento de la ley es el amor”.

Así que en asuntos en los que Dios no ha legislado, tenemos libertad de participar o no en esas cosas, sin juzgar al hermano que en el ejercicio de su libertad decide lo contrario de lo que nosotros hemos decidido; ese es el punto que Pablo establece en Rom. 14:

“El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (vers. 3-4).

Si se trata de un asunto neutral, que cada uno use su juicio para tomar una decisión con una limpia conciencia. Pero cuando se trata de un asunto que tiene que ver con la ley moral de Dios, eso ya no pertenece a la categoría de la libertad cristiana. Ningún hombre tiene libertad para violar esa ley.

Por el otro lado, tampoco debemos frustrar la meta de la gracia de Dios en el ejercicio de nuestra libertad:

Cristo tomó para sí una naturaleza como la nuestra en el vientre de una virgen en Israel, y que cumplió a la perfección todos los preceptos de la ley de Dios, y que tomó nuestro lugar en la cruz del calvario muriendo allí por nuestros pecados, para que ahora podamos vestirnos de Él y de las virtudes de Su gracia (Rom. 13:13-14), de manera que, en dependencia de Su Espíritu, no cumplamos los deseos de nuestra carne pecaminosa.

“La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio celoso de buenas obras (Tito 2:11-14)”.

He aquí el propósito final del evangelio. Y lo que estamos diciendo en relación con nuestro tema, es que en el ejercicio de nuestra libertad cristiana en esta temporada navideña, no somos libres para hacer nada que frustre ese propósito esencial de la obra de la gracia de Dios en nuestras vidas.

No somos libres para celebrar la Navidad siguiendo la impiedad de la época ni los deseos del mundo. No somos libres para dejar de tener sobriedad, dominio propio, un comportamiento justo y piadoso. No somos libres de hacer nada que nos avergonzaría si nuestro Señor Jesucristo volviera en plena noche buena, o el próximo 31 de diciembre.

En un sentido práctico, esto significa que no tenemos libertad para perpetuar el mito de Santa Claus o de los 3 reyes magos. En primer lugar, porque es una violación al primer mandamiento de la ley moral: “No tendrás dioses ajeno
s delante de mí”.

“Pero Santa no es un dios, ni tampoco Melchor, Gaspar y Baltazar”. ¡Oh, sí lo son! Cuando decimos que Santa y los reyes magos saben cuando los niños se portan bien y cuando se portan mal, y que tienen poder para proveer todas las cosas que algunos niños piensan que Santa y los reyes proveen, estamos atribuyéndoles connotaciones divinas.

La Biblia dice que son los ojos del Señor los que “están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos” (Pr. 15:3), no los ojos de Santa o de los reyes.

La Biblia también dice que “toda buena dádiva, y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación” (Sant. 1:17). Es a Él a quien nuestros hijos deben agradecer todo cuanto reciben, y no a seres inexistentes como Santa o los Reyes.

Pero no sólo es una violación al primer mandamiento, sino también al noveno. Eso es una mentira, y todos sabemos quién es el padre de la mentira. El Señor Jesucristo nos dice en Jn. 8:44 que hay dos cosa que caracterizan a Satanás por encima de todas las demás: es homicida y mentiroso.

Más aún, la Biblia también enseña que “todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8). Mentir a nuestros hijos acerca de esto simplemente porque es Navidad, y es el uso y costumbre de nuestra época, es violar groseramente la Palabra de Dios por nuestra tradición.

Por otra parte, tampoco tenemos libertad para ser indulgentes con la glotonería y la borrachera (comp. Is. 5:11-12, 18-23).

Tampoco tenemos libertad en este tiempo de violar el décimo mandamiento que dice: “No codiciarás”. Como tampoco tenemos libertad para alimentar la codicia de nuestros hijos. Pablo nos dice en Col. 3:5 que la codicia es idolatría, y muchos padres, sin pensar, alimentan ese horrible pecado en la vida de sus hijos al no gobernarse por la prudencia y la moderación en los regalos.

Nuestros hijos probablemente serán presionados por lo que otros niños reciban en Navidad. Pero no podemos permitir bajo ningún concepto que sean los parámetros de otros los que nos indiquen lo que debemos o no debemos regalar a nuestros hijos. Muchos padres ceden a esta presión y terminan metiéndose en mil problemas para poder satisfacer los deseos de sus hijos.

Pero debemos ser gobernados por la prudencia y la providencia. Si Dios hubiese querido que les diésemos más de lo que podemos darle al presente, nos hubiese provisto más de lo que nos ha dado. Él es el Dios de la providencia.

En la próxima entrada continuaremos compartiendo otros dos principios que debemos tomar en cuenta a la hora de hacer uso de la libertad cristiana durante estas fiestas.

Cualquier pensamiento adicional que piensen puede ser edificante para los lectores de este blog serán más que bienvenidos.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

viernes, 7 de diciembre de 2012

No lo Digas…


  “Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.”
Winston Churchill

Uno de los problemas más serios que enfrentamos las personas son los que tienen que ver con las conversaciones. No sabemos conversar, muchos piensan que conversar es intercambiar palabras. Por causa de nuestra mala conversación enfrentamos conflictos, entre ellos tenemos la depresión, el alcoholismo, la violencia, la rebelión de los hijos, el divorcio, la ansiedad y hasta trastornos físicos como el cáncer, el corazón y otras enfermedades.

La Biblia enseña en Santiago: “Las palabras que decimos con nuestra lengua son como el fuego. Nuestra lengua tiene mucho poder para hacer el mal. Puede echar a perder toda nuestra vida, y hacer que nos quememos en el infierno.” (Stg.3:6 BLS)

Se ha dado cuenta que nuestra vida gira en torno a conversaciones, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos conversando. Conversamos con Dios, conmigo mismo, con la pareja, con los hijos, los compañeros, los amigos, los vecinos, y otros relacionados. Las preguntas que debemos hacernos: ¿Qué clase de conversaciones estoy teniendo? ¿Mis conversaciones están bendiciendo o están destruyendo vidas?

En mí y en usted radica un poder y a veces no le damos tanta importancia a las palabras que decimos, quizás usted pueda identificarse con una de estas palabras:
Nunca vas a cambiar….
Esto no va a funcionar….
No lo vas a lograr…
Pero no se puede…..
En otro momento lo intento…..
Eres igual a…
Esto se lo llevó quien lo trajo…
Ya es muy tarde…
Siempre igual…
Te lo dije…
Yo sabía…

Mucho de lo que no sucede en mi vida se debe a las conversaciones que estoy desarrollando. ¿Será que debo cambiar mis conversaciones para obtener buenos resultados? Veamos lo que dice la biblia: “De un mismo pozo no puede salir agua dulce y agua amarga o salada. Tampoco da higos un árbol de aceitunas, ni da uvas un árbol de higos.” (Santiago 3:11,12 BLS).

Un factor fundamental en los problemas de nuestras conversaciones es la confusión entre observaciones (hechos) y opiniones (juicios), nosotros solemos ser rápidos para emitir juicios y no nos damos el tiempo para preguntar, averiguar y tener base de lo que vamos a hablar, necesitamos pasarlas por las tres rejas. Te lo ilustro con la siguiente anécdota:

Un joven discípulo llega a la casa de su Maestro y le dice: vengo a contarte lo que dicen de tí…..Espera!! Lo interrumpe el sabio ¿Ya has hecho pasar lo que vas a contarme por las tres rejas?¿Las tres rejas? ¿A qué te refieres?La primera muestra la diferencia entre hecho y opinión ¿Estas seguro que lo que vas a contarme ha sucedido o es la opinión de alguien?- No puedo decirte que haya ocurrido. Lo oí comentar a tus vecinosAl menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja que es la bondad. Eso que vas a decirme ¿es bueno para alguien?-No en realidad, no Todo lo contrarioAh!! Vaya. La última reja es la del crecimiento¿Servirá lo que vas a decirme como un espacio de aprendizaje para que yo crezca? -A decir verdad: NO

Entonces dijo el Maestro sonriendo: Si solo es un juicio, si aparte es negativo, si no está fundado en un hecho real y además tampoco me va a servir para crecer ¿que sentido tiene que le destinemos tiempo y energía? No me lo digas.

¿Te ha pasado algo así? ¿Lo has filtrado a  la luz de la Palabra de Dios? ¿Tus conversaciones son de bendición o de maldición?

El filtro de la palabra de Dios lo encontramos en Efesios 4:29 “No digan malas palabras. Al contrario, digan siempre cosas buenas, que ayuden a los demás a crecer espiritualmente, pues eso es muy necesario.” (BLS)
¿Lo que digo trae bendición a mi vida? ¿Ayuda a crecer a otros? Si no es así, no lo digas.

Es importante estar conscientes de nuestras palabras y conversaciones, eso nos ahorraría muchos malos ratos y disfrutaríamos mas la vida, evite el juicio sobre los demás y aprenda a poner freno sobre lo que va a decir, cuide su corazón porque la lengua es solamente un instrumento.

Hay tres cosas en la vida que no vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.

Algunas palabras pueden ser como flechas al corazón. Si lo que estás pensando puede ser flecha que hiera, no lo digas. Es preferible guardar silencio. Asegúrate de que lo que vayas a decir este cargado de vida y bendición para tu vida y la de otros. Hoy es el mejor día para hacer de nuestras conversaciones las mejores y tener buenos resultados.

Pedro Sifontes

Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad. Winston Churchill

miércoles, 31 de octubre de 2012

Las 95 tesis de Lutero


Antecedentes Históricos.
Para entender el sentido de las 95 tesis tenemos que tomar en cuenta la situación histórica del año de 1517 en Alemania.
Papa León X La Iglesia Católica dominaba políticamente la mayoría de los países europeos, llegando incluso a poner y quitar reyes.
Los países europeos estaban formados por pequeños territorios llamados feudos, que mantenían cierta independencia entre sí. Aún el poder del emperador se encontraba limitado debido a esto. El emperador Carlos V gobernaba sobre España, Alemania y otros países europeos formando lo que se conoce como el Sacro Imperio Romano.
La Iglesia Católica recogía dinero a manera de impuestos. Los cargos administrativos dentro de la iglesia eran muy codiciados por lo lucrativos que eran. De manera que Papas y prelados vivían de forma libertina y holgada.
Entre una de las doctrinas predicadas y aceptadas por la Iglesia Católica (que en ese tiempo era la única que existía) estaba la del purgatorio.
Se enseñaba que el cristiano necesitaba darle a Dios una satisfacción por los pecados que cometiera para que Dios pudiera perdonarlos. De esta manera el cristiano tenía que confesar sus pecados y hacer un sacrificio que satisficiera a Dios quien entonces lo perdonaría.
Después se llegó a la conclusión de que si un cristiano no satisfacía sus pecados en vida lo tendría que hacer después de muerto, antes de entrar al cielo. De ahí la idea del purgatorio.
El purgatorio se convirtió en un negocio lucrativo puesto que se podían pagar misas con beneficio a algún pariente difunto para disminuirle el tiempo que tendría que pasar en el purgatorio, el cual era un lugar de tormento algo parecido al infierno pero con una estancia temporal.
Por alguna razón se empezaron a vender indulgencias. Estas eran documentos de perdón por medio del cual se podía obtener el beneficio de las misas o la veneración de las reliquias. Es decir, se podía disminuir el tiempo en el purgatorio. Las indulgencias se empezaron a ampliar hasta que salieron las indulgencias plenarias. Aquellas que perdonaban todos los pecados sin necesidad de la confesión.
En ese momento surgen las 95 tesis sobre el valor de las indulgencias en la ciudad de Wittenberg, Alemania escritas por un profesor de la universidad. Martín Lutero también monje agustino.
RESUMEN DE LAS 95 TESIS
DISPUTACIÓN ACERCA DE LA DETERMINACIÓN DEL VALOR DE LAS INDULGENCIAS
A. Las indulgencias solo tienen valor para liberar de las penas que la Iglesia a impuesto a través del Papa o sacerdotes. Estas penas solo se aplican a los vivos puesto que los muertos ya son libres de las leyes de la Iglesia.
  • B. El cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho al perdón completo aún sin cartas de indulgencias. Dios le ha concedido la libertad que nadie le puede quitar.
  • C. Es preferible hacer obras de caridad y suplir las necesidades de su hogar que comprar indulgencias.
  • D. Es doctrina humana predicar sobre el valor de las indulgencias. Lo cual es solo una forma de sacarles el dinero a los pobres.
  • E. Incurren en blasfemia aquellos que afirman que la Indulgencias son el inestimable don de Dios, que si San Pedro viviera hoy no podría conceder mayores gracias o que la cruz con las armas papales equivale a la cruz de Cristo.
  • F. ¿Porqué el Papa, cuya fortuna es mayor que la de los mas grandes ricos, no construye de su propio dinero la basílica de San Pedro, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?. ¿Porqué si el Papa puede sacar del purgatorio a las personas, no lo vacía sin pedir dinero, solamente por amor cristiano?. Se debe enseñar que si el Papa conociera los excesos de los predicadores de indulgencias preferiría vender la basílica de San Pedro o reducirla a cenizas antes que construirla con la piel y huesos de sus ovejas
Bibliografía. Obras de Martín Lutero Vol. I. Publicaciones el Escudo. 1967.
Versión Completa: DISPUTACION ACERCA DE LA DETERMINACION DEL VALOR DE LAS INDULGENCIAS.

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R.P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta ultima disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
  • 2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquélla relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
  • 3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.
  • 4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.
  • 5. El papa no quiere ni puede remitir pena alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.
  • 6. El papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
  • 7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
  • 8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.
  • 9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.
  • 10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.
  • 11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parecer por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.
  • 12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.
  • 13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.
  • 14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menos sean aquéllas.
  • 15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.
  • 16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi-desesperación y la seguridad de la salvación.
  • 17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.
  • 18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.
  • 19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aun en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.
  • 20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, no significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que el mismo impuso.
  • 21. En consecuencia, yerran predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.
  • 22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas deberían haber pagado en esta vida.
  • 23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, a muy pocos.
  • 24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.
  • 25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.
  • 26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.
  • 27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.
  • 28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia puede ir en aumento, mas la intercesión de la iglesia depende solo de la voluntad de Dios.
  • 29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.
  • 30. Nadie esta seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.
  • 31. Cuan raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que él tal es rarísimo.
  • 32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.
  • 33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.
  • 34. Pues aquellas gracias de perdón solo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.
  • 35. Predican una doctrina anti-cristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confeccionalia.
  • 36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
  • 37. Cualquier cristiano verdadero, sea que este vivo o muerto, tiene participación en todos los bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.
  • 38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque (como ya he dicho) constituyen un anuncio de la remisión divina.
  • 39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo, la prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
  • 40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.
  • 41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela, para que el pueblo no crea equivocadamente que deben ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.
  • 42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.
  • 43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprare indulgencias.
  • 44. Porque la caridad crece por la obra de caridad, y el hombre llega a ser mejor; en cambio no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.
  • 45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.
  • 46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes suficientes, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.
  • 47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.
  • 48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto mas necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.
  • 49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.
  • 50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicados de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.
  • 51. Debe enseñarse a los cristianos que el papa estaría dispuesto - como es su deber- a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero, aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.
  • 52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencia, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su propia alma como prenda.
  • 53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.
  • 54. Oféndase a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.
  • 55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante) deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
  • 56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Cristo.
  • 57. Que en todo caso son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.
  • 58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque estos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.
  • 59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando él término en el sentido de su época.
  • 60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
  • 61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.
  • 62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.
  • 63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.
  • 64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.
  • 65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.
  • 66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.
  • 67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.
  • 68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.
  • 69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.
  • 70. Pero tienen el deber aun más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.
  • 71. Quien habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.
  • 72. Más quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.
  • 73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias
  • 74. Tanto mas trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.
  • 75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver -para hablar de algo imposible- a un hombre que haya violado a la madre de Dios.
  • 76. Decimos, por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en cuanto concierne a la culpa.
  • 77. Afirma que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.
  • 78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª Corintios 12.
  • 79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.
  • 80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.
  • 81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.
  • 82. Por ejemplo: ¿Por qué no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas -lo cual seria la mas justa de todas las razones si él redime un numero infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica- lo cual es un motivo completamente insignificante?
  • 83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?
  • 84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por qué no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?
  • 85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?
  • 86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan solo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?
  • 87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y que participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?
  • 88. Del mismo modo: ¿Qué bien mayor podría hacerse a la iglesia si el papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?
  • 89. Dado que el papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿Por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?
  • 90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos solo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la iglesia y al papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.
  • 91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien, no existirían.
  • 92. Que se vayan pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo: de Cristo: "Paz, paz; y no hay paz.
  • 93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz.
  • 94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
  • 95. Y a confiar en que entraran al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

Bibliografía. Obras de Martín Lutero. Vol I. Facultad Luterana de Teología. Editorial Paidós. 1967

Temas Cristianos

martes, 30 de octubre de 2012

Confianza en el poder de Di

 El salmo 46 expresa el poder de Dios:

"Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslic

en al fondo de los mares, aunque bramen y se agiten las aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo.

Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, las moradas santas del altísimo. Dios está en medio de ella, no será sacudida; Dios la ayudará al romper el alba. Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos: Dio El su voz y la tierra se derritió. El Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Venid, contemplad las obras del señor, que ha hecho asolamientos en la tierra; que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte de lanza, y quema los carros de fuego. Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltando seré en la tierra. El señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob" (Salmo 46).

Tu vida es una constante lucha. Luchas externas de un mundo convulsionado que oprime, enfermedades, necesidades materiales. El tiempo gira rápidamente y exige más de lo que se puede dar. Basta recordar un instante lo que es la batalla personal de cada día.

Más hay otra batalla y es la de tu mundo interior. Durante tu restauración, la tierra de tu alma sufrirá cambios y esto puede producirte inseguridad y temor.

En esta lucha es necesario conocer y aferrarse al Dios de poder y soberano, reposar y confiar en Él. Pensar que sólo estás caminando en tu testimonio futuro que un día podrás contar victorioso, porque Dios está en tu lucha.

Dios quiere que reposes y confíes en El, durante tu lucha espiritual. Por eso en el salmo 46 el te enseña diferentes maneras en que Él puede manifestar su soberanía y poder para darte la victoria: Dios puede manifestar su poder y soberanía por medio del poder de su voz, que es su palabra.

En cada versículo del salmo 46 puedes encontrar estas verdades:

"Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos, dio El su voz, y la tierra se derritió"(Salmo 46:6).

Tienes el poder de su palabra para vencer los pensamientos adversos que causan temor y que te hacen sentir derrotado y la palabra de Dios siempre cumple su propósito porque la Biblia dice:

"Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo" (Isaías 55:11).

Dios es poderoso y guerrero, pelea por ti en medio de tus luchas, el Salmo 46, también te dice: "El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob" (Salmo 46:7, 11).

El Señor hace énfasis, dos veces, en su carácter guerrero por su pueblo, y tú eres ahora de su pueblo. Por tanto no debes temer, porque no peleas sólo. El Señor es tu guerrero, El es tu refugio, tu fortaleza, tu auxilio inmediato. Él es mayor que cualquier tribulación y lucha que tengas que enfrentar:

"Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto no temeremos aunque la tierra sufra cambios. Y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares. Aunque bramen y se agiten sus aguas. Aunque tiemblen los montes con creciente enojo" (Salmo 46:1-3).

Dios puede destruir cualquier arma espiritual que se levante contra ti, mostrando su poder destructor contra los enemigos de tu paz interior, Él te dice en el Salmo 46:

"Venid, contemplad las obras del señor, que ha hecho asolamientos en la tierra, que hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra, quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego" (Salmo 46: 8,9).

Tienes el testimonio de poder de Dios en las victorias que le ha dado a su pueblo, cuando lucha en el nombre de Jesús. ¿Puede alguna alma dentro de tus pensamientos destruirte? Tienes el poder de Dios, porque él es guerrero y habita dentro de ti.

En el salmo 46, el Señor también te dice:

"Estad quietos y sabed que yo soy Dios. Exaltado seré entre las naciones. Exaltado seré en la tierra" (Salmo 46:10).

Este versículo se divide en tres partes que debes comprender: El Señor te pone una condición para que puedas conocerle; El te dice: "Estad quieto y"...

Es una condición, porque con afán no se puede oír lo que él está diciendo a tu corazón. El te dice: descansa, yo soy tu defensor: tu "Sabed que yo soy Dios":

El Señor sabe que situación y su intervención poderoso se convertirá en un testimonio de su poder y soberanía. Tú eres su testimonio de victoria, su intervención será para honra y gloria de su nombre.

Por eso para que recuerdes las palabras del Señor, durante tus luchas para liberarte de tus viejas ataduras, medita en las palabras que salen de la boca de Dios": "Estad quieto, conoced que yo soy Dios"... Conociendo las maneras en que Dios puede manifestar su soberanía y poder en tu vida estas listo para vencer.

Cuando reposas y confías en su poder y soberanía vences el temor, la ansiedad, la preocupación, tus pensamientos y emociones destructivos que te inducen al pecado y te roban tu paz interior y libertad.

No hay arma que lo pueda derrotar. Él es tu Dios soberano y de poder. El ha vencido en ti... porque mora dentro de ti, si tienes comunión con Él. Por tanto no te refugies en vicios, trabajo compulsivo, ni en tus propias mentiras, porque te alejarás de Dios. Reposo y confianza en su poder y soberanía es lo que quiere Dios en estos momentos de transformación, de renovación de sanidad y liberación interior.

PARA RECORDAR:

"Pues contigo aplastaré ejércitos, con mi Dios escalaré montañas, el adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar el arco de bronce" (2 Samuel 22:30, 35).

ESCRIBE UNA ENSEÑANZA PARA APLICACIÓN EN TU VIDA:

PARA MEDITAR:

"¿ Quién nos separará del amor de Cristo? Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre; o desnudez, o peligro, espada? Tal como está escrito: Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero. Pero todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amo. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es Cristo Jesús Señor Nuestro" (Romanos 8:35-39).

Debes recordar siempre que Dios puede ayudarte de muchas formas y Él puede manifestar su poder y soberanía para darte la victoria mediante una intervención directa en tu vida. EL tiene muchas formas de ayudarte a vencer en medio de tus luchas para cambiar porque el es mayor que cualquier situación difícil que enfrentas.

ungidos.com

domingo, 21 de octubre de 2012

¡FELIZ DIA DE LAS MADRES!!!

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"Vas a ser madre". Hermosas palabras cual melodiosa canción para unas, triste noticia fuera de tiempo para otras, el anuncio inesperado con el que no contaban algunas, y la sentencia más cruel recibida en aquellas que nunca pensaron que, en la vida, todo tiene un precio.
Sea cual sea la reacción: alegría, tristeza, temor, malestar, sentimiento de culpa, ira, deseos de reír, cantar o llorar, etc., lo cierto es que estás frente a una realidad, una hermosa realidad, aunque en ese momento algunas no lo puedan entender. "Herencia del Señor son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre" Salmo 127:3. Por lo tanto, son valiosos, más que todo el oro del mundo; no son algo ... son alguien ... regalo preciado puesto en tus manos para que lo valores como tal. La maternidad es una bendición y un hermoso privilegio. "La bendición del Señor es la que enriquece y no añade tristeza con ella" Prov.10:22
"Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos" (Gén.1:28) Ser madre es parte del plan divino para la multiplicación de la raza humana. Pero, como todo lo que Dios ha establecido, en esto también hay un orden que se debe tomar en cuenta para que la bendición permanezca siéndolo, dando en su tiempo, los buenos frutos propios de su naturaleza. Dios bendice al que le honra, mas, al que no le toma en cuenta al tomar sus decisiones, tendrá que enfrentar sus propias consecuencias.
"Todo tiene su tiempo,  y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; ... tiempo de llorar y tiempo de reir ..." Todo lo hizo hermoso en Su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin." Eclesiastés 3:1-2, 4, 11
Lo primero que Dios hizo con el hombre y la mujer fue unirlos y bendecirlos para que se multiplicaran. "Y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne" (Mateo 19:5) Dios no dijo, únete a una mujer, engendra hijos y vuelva cada cual a su casa; Él dijo: Dejará padre y madre y se unirá a SU mujer ... Significando que la voluntad perfecta de Dios es que los hijos sean engendrados en el seno del matrimonio, en la estabilidad del hogar y siendo miembros de una familia completamente funcional. No es esa la condición de muchos hoy en día, por lo que la irresponsabilidad que se manifiesta para procrear, es lo que también sigue al nacimiento de muchas criaturas, desgraciadamente. 
¡Cuántas jovencitas, casi niñas, hoy en día, se enfrentan a un embarazo fuera de tiempo, por permitir que su carne, y no su razón, les dirigiera, sin pensar que los resultados de tal acción traerían marcas y lastres, lágrimas y sufrimientos, no solamente a ellas, sino a sus familiares y a esa criatura que no pidió que le trajeran al mundo en esas condiciones!
Ante el panorama que enfrentan, unas optan por el crimen del aborto, otras deciden darlo en adopción, algunas se los dejan a sus padres para seguir en sus andadas de vida frívola y sin sentimientos, y las demás permanecen con ellos exponiéndolos a su falta de: madurez, sabiduría y amor. ¡El instinto maternal propio y natural en toda mujer ... brilla por su ausencia! Y todo por no esperar el tiempo apropiado para hacer las cosas como Dios manda. ¡Jovencita, guárdate!
No importando las condiciones bajo las cuales llega un hijo al mundo, es deber y obligación de toda madre enfrentarse a la responsabilidad que le ha venido, creando conciencia de que esa criatura depende de ella para que pueda crecer física, emocional y espiritualmente saludable. Si no fuiste responsable para procrearlo debes de serlo para criarlo. No es responsabilidad de tus padres, sino tuya. Serás tú la que tendrás que dar cuenta a Dios, de la parte que te corresponde, por lo que hagas de cada uno de tus hijos. 
Ser madre no es cualquier cosa, no es algo que debemos de considerar livianamente; es el mayor reto con el cual se enfrenta la mujer desde el momento mismo en que realiza que lleva una criatura en su vientre; es algo muy especial y así debemos de verlo, realizarlo, estimarlo y vivirlo. Llevar a cabo tan importante rol en la vida dignifica y enaltece. Un hijo no es una carga sino una responsabilidad, si entiendes el privilegio que eso supone y las bendiciones que se reciben desde el momento mismo en que te conviertes en mamá. ¡Maternidad ... Hermosa responsabilidad!
Es interesante pensar, que la mujer, al convertirse en madre, se multiplica y se divide a la vez; antes eras una, ahora son dos; antes pensabas solo en tí y vivías para tí; ahora debes de pensar en tí y en tus hijos, vivir para tí y para tus hijos. Si el bienestar de tus hijos te demanda negarte a tí misma, deberás de hacerlo, no por obligación, sino por amor. Es el amor manifestado en su más amplio significado lo que realmente distingue a una buena madre; no es egocéntrica, sino, desprendida y dadivosa. 
 Dependiendo de la calidad de vida que tú lleves a cabo será la formación que des a tus hijos. Si te estimas a tí misma y vives conforme a eso, verás los buenos frutos en tus hijos. Si haces de Cristo el centro de tu vida, el amor y la unidad prevalecerán en tu hogar, viendo a tus hijos crecer en estatura, en gracia y en sabiduría. Si, no importando cual haya sido tu pasado, te dispones a ser la madre responsable que Dios quiere que seas, serás grandemente bendecida y así cada uno de tus hijos. 
La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba. La sabiduría comienza en el temor de Dios, por lo que te exhorto a que rindas tu vida al Señor y comiences a disfrutar de la verdadera libertad que Él te ofrece. Será la mayor y más valiosa herencia que podrás legar a tus hijos. "Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican" Salmo 127:1. 
Permite que el amor de Dios inunde todo tu ser a través de Jesucristo, para que puedas honrar con dignidad y altura el papel de madre que Él te ha encomendado, criando a tus hijos, no a tu manera sino a la suya ... la que realmente funciona. 
M ujer
A morosa
D adivosa
R esponsable
E special
  • "Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. el corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias.
  • Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.
  • Engañosa es la gracia,  y vana la hermosura; la mujer que teme al Señor, esa será alabada" Proverbios 31:1-2, 28-30

Si aún no has hecho a Jesucristo el centro de tu vida,
Hoy es el día ... Tus hijos te lo agradecerán y Dios te bendecirá.

 Maran-ata.Net

domingo, 14 de octubre de 2012

El DIOS Verdadero



Está claro que necesitamos algo más que un conocimiento teórico de Dios. Sólo podemos  conocer a Dios en la medida en que él se nos revela en las Escrituras, y no podemos conocer las Escrituras  hasta que estemos dispuestos a ser transformados por ellas. El conocimiento de Dios sólo tiene lugar cuando también reconocemos nuestra profunda necesidad espiritual y cuando somos receptivos a lo que Dios ha provisto para nuestra necesidad mediante la obra de Cristo y la aplicación de esa obra en nosotros por el Espíritu de Dios.
Una vez que hemos establecido esta base, retornamos a la cuestión de Dios mismo y nos preguntamos: “¿Pero quién es Dios? ¿Quién es el que se revela a sí mismo en las Escrituras, en la persona de Jesucristo y por el Espíritu Santo?” Podemos admitir que el verdadero conocimiento de Dios debe transformarnos. Podemos estar dispuestos a ser transformados. Pero, ¿dónde comenzamos? 
AUTOEXISTENTE
Como la Biblia es una unidad, podríamos contestar estas interrogantes comenzando en cualquier lugar de la revelación bíblica. Podríamos comenzar con Apocalipsis 22:21 como con Génesis 1:1. Pero no hay mejor punto de partida que la revelación que Dios hace de sí mismo a Moisés en la zarza que ardía en fuego. Moisés, el gran líder de Israel, hacía tiempo que era consciente del Dios verdadero, porque había nacido en el seno de una familia temerosa de Dios. Pero, a pesar de ello, cuando Dios le dijo que lo iba a enviar a Egipto para que liberara al pueblo de Israel, Moisés respondió: “He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” Y se nos dice que Dios entonces le contestó a Moisés diciendo: “YO SOY EL QUE SOY…. Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Ex. 3:13-14). “YO SOY EL QUE SOY”. El nombre está relacionado con el antiguo nombre de Dios, Jehová. Pero es algo más que un nombre. Es un nombre descriptivo, que nos señala todo lo que Dios es en sí mismo.
Particularmente, nos está mostrando que es un Ser completamente auto existente, autosuficiente, y eterno. Estos conceptos son abstractos, por supuesto. Pero son importantes, porque estos atributos más que ninguno de sus otros atributos son los que distinguen a Dios de su creación y nos revelan la esencia de Dios. Dios es perfecto en todos sus atributos. Pero, existen algunos atributos que nosotros, sus criaturas, también compartimos. Por ejemplo, Dios es perfecto en su amor; sin embargo, por su gracia, nosotros también amamos. Él es todo sabiduría; pero nosotros también poseemos una medida de sabiduría. Él es todopoderoso; y nosotros ejercemos un poder limitado. Esto mismo no sucede cuando consideramos la auto existencia, la autosuficiencia y la eternidad de Dios. Solo él posee estas características. Él existe en sí mismo y de sí mismo; no así nosotros. Él es completamente autosuficiente; nosotros no lo somos. Él es eterno, nosotros acabamos de entrar en escena. La auto existencia significa que Dios no tiene ningún origen y, en consecuencia, no es responsable frente a nadie. Matthew Henry dice: “El hombre más importante y el mejor en el mundo puede decir: Por la gracia de Dios yo soy lo que soy; pero Dios en forma absoluta nos dice y es más que lo que ninguna otra criatura, hombre o ángel puede decir que Yo soy el que soy” 1. Dios no tiene origen, su existencia no depende de nadie.
La auto existencia es un concepto difícil de aprehender, ya que implica que Dios en su esencia es incognoscible. Todo lo que vemos, olemos, oímos, saboreamos y tocamos tiene un origen. Casi no podemos pensar en otra categoría. Cualquier cosa que observemos debe tener una causa adecuada que explique su existencia. Buscamos esas causas. Esta relación de causa y efecto es la base de la creencia en Dios, y la poseen aun aquellos que no lo conocen verdaderamente. Estos individuos creen en Dios, no porque hayan tenido una experiencia personal con él o porque han descubierto a Dios en las Escrituras, sino sólo porque infieren su existencia. “Todo proviene de algo; como consecuencia, debe haber algo muy grande detrás de todo”. Esta relación de causa y efecto nos está señalando la existencia de Dios pero -y este es el punto clave nos está apuntando a un Dios que supera nuestro entendimiento, un Dios que nos trasciende desde todo punto de vista. Nos está indicando que Dios no puede ser conocido y evaluado de la misma manera que el resto de las cosas. A. W. Tozer ha señalado que esta es una de las razones por la que la filosofía y la ciencia no han visto siempre con buenos ojos la idea de Dios. Estas disciplinas se dedican a la tarea de explicar las cosas tal como las conocemos y por lo tanto se impacientan con cualquier cosa que se niegue a presentarse tal como es. Los filósofos y los científicos admitirán que hay mucho que no conocen. Pero otra cosa será admitir que hay algo que nunca podrán conocer completamente y que ni siquiera cuentan con las técnicas para descubrirlo. Para descubrir a Dios, los científicos pueden intentar rebajar a Dios a su nivel, definiéndolo como “la ley natural”, “la evolución”, o algún otro principio similar. Pero Dios todavía los elude. Dios es todavía más que lo que abarca cualquiera de estos conceptos.
Posiblemente sea ésta la razón por la que aun las personas que creen en la Biblia parecen dedicarle tan poco tiempo a pensar sobre la persona y el carácter de Dios. Tozer escribe: Muy pocos de nosotros hemos dejado que nuestros corazones admiren el YO SOY, el Ser auto existente antes del cual nada es pensable. Dichos pensamientos nos resultan demasiado dolorosos. Preferimos pensar sobre algo que nos resulte más beneficioso -cómo construir una mejor trampa para ratones, por ejemplo, o cómo hacer que el pasto crezca más tupido donde antes crecía ralo-. Y es por esto que ahora estamos pagando un precio demasiado alto en la secularización de nuestra religión y la miseria de nuestras vidas interiores. La auto existencia de Dios significa que él no es responsable frente a nosotros ni frente a nadie, y eso no nos gusta nada. Queremos que Dios se explique, que defienda sus acciones. Aún cuando a veces Dios nos explica las cosas, no tiene por qué hacerlo y muchas otras veces no lo hace. Dios no tiene por qué dar explicaciones de sí mismo a nadie.
AUTOSUFICIENTE
El segundo atributo de Dios que se nos comunica en el nombre “YO SOY EL QUE SOY” es la autosuficiencia. Nuevamente, es posible al menos tener un sentido del significado de este término abstracto. La autosuficiencia significa que Dios no tiene necesidades y por lo tanto no depende de nadie. Aquí estamos yendo en contra de una idea popular y arraigada: Dios coopera con los seres humanos, cada uno proveyendo lo que el otro carece. Se supone, por ejemplo, que Dios carece de gloria y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que la provean. Como recompensa, él los cuida. O se supone que Dios necesita amor y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que le amen.
Algunos hablan de la creación como si Dios se hubiera sentido solo y por lo tanto nos hubiera creado para hacerle compañía. En un nivel práctico vemos la misma idea en los que se imaginan que Dios necesita de hombres y mujeres, como testigos y defensores de la fe, para llevar a cabo su obra de salvación, y se olvidan que Jesús mismo declaró que “Dios mismo puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Lc. 3:8). Dios no necesita adoradores. Arthur W. Pink escribiendo sobre este tema en su libro The Attributes of God, dice: Dios no creó porque estuviera bajo ninguna obligación, ni coacción, ni necesidad. Su opción por hacerlo fue exclusivamente un acto soberano de su parte, no hubo ninguna causa exterior a él, no fue determinado por nada sino su propio placer; ya que “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef. 1:11).
Creó sencillamente para manifestar su gloria… Dios no gana nada ni siquiera de nuestra adoración. No tiene necesidad de esa gloria exterior de su gracia que surge de sus redimidos, ya que es lo suficientemente glorioso en sí mismo. ¿Qué fue lo que lo instó a predestinar a sus elegidos para alabanza de la gloria de su gracia? Efesios 1:5 nos responde: “según el puro afecto de su voluntad”. La fuerza de este argumento es que es imposible sujetar al Todopoderoso a cualquier obligación frente a sus criaturas; Dios no tiene nada que ganar de nosotros.  Tozer hace la misma puntualización. “Si todos los seres humanos de pronto se volvieran ciegos, el sol seguiría iluminándolos de día y las estrellas de noche, ya que ni el sol ni las estrellas se deben a los millones que se benefician de su luz.
De la misma manera, si todos los hombres de la tierra se hicieran ateos, esto no lo afectaría a Dios en absoluto. Él es como es independientemente de toda otra cosa. Creer en él, no agrega nada a su perfección; dudar de él, no le quita nada”. Tampoco necesita Dios de colaboradores. Esta verdad es, quizás, la que nos resulta más difícil de aceptar. Nos imaginamos a Dios como un abuelo cariñoso, si bien algo patético, inquieto por encontrar alguien que lo pueda ayudar a administrar el mundo y salvar la raza humana. ¡Qué parodia! Dejemos claro una cosa, Dios nos ha confiado una labor de administración. A la pareja original en el Edén les dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gn. 1:28).
Dios también ha encomendado a todos los que creen en él, “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). Pero ningún aspecto del orden de la creación de Dios obedece a ninguna necesidad de Dios. Dios ha optado por realizar las cosas de esta forma. No necesitaba hacerlo así. Es más, podría haberlo hecho de millones de formas distintas. El hecho de que haya elegido hacer las cosas de esta forma depende, por lo tanto, del ejercicio libre y soberano de su voluntad y no nos otorga ningún valor inherente a nosotros. Cuando decimos que Dios es autosuficiente también queremos significar que Dios no necesita defensores.
Está claro que tenemos oportunidad de hablar en nombre de Dios frente a los que deshonran su nombre y difaman su carácter. Debemos hacerlo. Pero aun en el caso de que no lo hiciéramos, no debemos pensar que esto resulta un impedimento para Dios. Dios no necesita ser defendido, porque él es como es y seguirá siéndolo, sordo a los ataques arrogantes y pecaminosos de los individuos malvados. Un Dios que necesita ser defendido no es un Dios. Por el contrario, el Dios de la Biblia es un Ser autoexistente que es el verdadero defensor de su pueblo.
Cuando tomamos conciencia que Dios es el único verdaderamente autosuficiente, comenzamos a  entender por qué la Biblia tiene tanto para decir sobre la necesidad de poner nuestra fe únicamente en Dios y por qué la incredulidad en Dios es un pecado. Tozer escribe: “Entre todos los seres creados, ninguno puede atreverse a confiar en sí mismo. Solo Dios confía en sí mismo; todos los demás seres deben confiar en él. La incredulidad es en realidad la fe pervertida, porque deposita su confianza no en el Dios vivo sino en los hombres mortales”.5 Si nos negamos a confiar en Dios, lo que realmente estamos diciendo es que nosotros, o alguna otra persona o cosa es más digna de confianza. Y esto es una calumnia contra el carácter de Dios, y es una necedad. No hay nada que sea todo-suficiente. Por otro lado, si comenzamos por confiar en Dios (por creer en él), tenemos un fundamento firme para nuestra vida. Dios es suficiente, y podemos confiar en su Palabra dada a sus criaturas. Porque Dios es suficiente es que podemos descansar en esa suficiencia y trabajar efectivamente para él. Dios no necesita de nosotros para nada. Pero el gozo de llegar a conocerle radica en que, sin embargo, él se inclina para trabajar en, y por intermedio de, sus hijos obedientes y fieles.
ETERNO
Un tercer atributo inherente en el nombre con que Dios se presentó a Moisés (“YO SOY EL QUE SOY”) es su calidad de eterno, perpetuo, que nunca termina. Es difícil encontrar una sola palabra que englobe este atributo, pero se trata sencillamente de que Dios es, siempre ha sido y siempre será, y que es siempre el mismo en su ser eterno. Encontramos este atributo de Dios en toda la Biblia. Abraham llamó a Jehová el “Dios Eterno” (Gn. 21:33). Moisés escribió: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal. 90:1-2). El libro de Apocalipsis nos describe a Dios como “el Alfa y la Omega, principio y fin” (Ap. 1:8; 21:6; 22:13). Los seres delante del trono decían: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Ap. 4:8).
El hecho de que Dios sea eterno tiene dos consecuencias para nosotros. La primera es que podemos confiar que él permanecerá como se nos revela. La palabra utilizada para describir esta propiedad es inmutabilidad, que significa la propiedad de no cambiar. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17). Los atributos de Dios no cambian. Entonces, no tenemos por qué temer a que, por ejemplo, el Dios que alguna vez nos amó en Cristo de alguna manera cambie su parecer y deje de amarnos en el futuro. Dios siempre amará a su pueblo. De igual modo, no podemos pensar que quizás modifique su actitud hacia el pecado, y que comience a calificar de “permisible” algo que antes estaba prohibido. El pecado siempre será pecado ya que se lo define como cualquier transgresión o no conformidad a la ley de Dios, que no cambia. Dios siempre será santo, sabio, lleno de gracia, justo y todo lo demás que él se revela ser. Nada de lo que  hagamos podrá cambiar al Dios eterno.
Los consejos de Dios y su voluntad también son inmutables. Él hace lo que de antemano se ha propuesto realizar y su voluntad nunca varía. Algunos pueden señalar ciertos versículos de la Biblia que nos dicen que Dios se arrepintió de alguna acción -como en Génesis 6:6, “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra”. En este ejemplo, lo que se usa es una palabra humana para explicar la profunda insatisfacción que Dios sentía por las actividades humanas. Más claro resultan versículos tales como el de Números 23:19 (“Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”), el de la Samuel 15:29 (“el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para se arrepienta”), el de Romanos 11:29 (“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”), o el del Salmo 33:11 (“El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”).
Estas afirmaciones son fuente de gran consuelo para el pueblo de Dios. Si Dios fuera como nosotros, no podríamos confiar en él. Él cambiaría, y como resultado, su voluntad y sus promesas cambiarían. No podríamos depender de él. Pero Dios no es como nosotros. Él no cambia. En consecuencia, sus propósitos permanecen fijos de generación en generación. Pink nos dice que “Aquí tenemos entonces una roca donde afirmar nuestros pies, mientras que un torrente poderoso arrasa con todo a nuestro alrededor. El carácter permanente de Dios está garantizando el cumplimiento de sus promesas”. Una segunda consecuencia de la inmutabilidad de Dios es que él  es ineludible. Si fuera un mero ser humano y, él o lo que él está realizando, no nos gustara, podríamos ignorarlo, sabiendo que siempre estaría presente la posibilidad de que cambiara de parecer, se fuera a otro lado o se muriera. Pero Dios no cambia de parecer. Dios no se va para otro lado. Dios no morirá. Como consecuencia, no lo podemos eludir. Incluso si lo ignoramos ahora, tendremos que encararlo en el porvenir. Si lo rechazamos ahora, eventualmente tendremos que enfrentarnos con un Ser que rechazamos y experimentar su eterno rechazo.
NO HAY OTROS DIOSES
Llegamos así a una conclusión natural: que debemos buscar y adorar al Dios verdadero. Este artículo se basó en su mayor parte en Éxodo 3:14, donde Dios revela a Moisés el nombre con que desea ser conocido. Esta revelación vino en el albor de la liberación del pueblo de Israel de Egipto. En su revelación en el Monte de Sinaí, después del éxodo, Dios aplicó su revelación previa como el Dios verdadero a la vida religiosa y la adoración de la nación liberada. Dios dijo: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Ex. 20:2-6). Estos versículos plantean tres puntos, todos basados en la premisa de que el Dios que se revela a sí mismo en la Biblia es el Dios verdadero:
1. Debemos adorar a Dios y obedecerle.
2. Debemos rechazar la adoración de cualquier otro dios.
3. Debemos rechazar la adoración del Dios verdadero por cualquier medio que no sea digno de él, como el uso de láminas o imágenes.
A primera vista, resulta bastante extraño que aparezca tan al comienzo de los Diez Mandamientos, los diez principios básicos de la religión bíblica, una prohibición sobre el uso de imágenes en la adoración. Pero esto no resulta tan extraño cuando recordamos que las características de una religión son un reflejo de la naturaleza del dios de esa religión. Si el dios no es digno, la religión tampoco será digna. Si el concepto de Dios es del orden más elevado, la religión también será del orden más elevado. Lo que Dios nos está diciendo en estos versículos es que cualquier representación física de él lo está deshonrando. ¿Por qué? Por dos razones.
Primero, su gloria se oscurece, porque no hay nada visible que la pueda representar. Segundo, puede desviar a los que le adoran. Estos dos errores fueron ejemplificados por Aarón cuando construyó el becerro de oro, como lo menciona J. I. Packer en su discusión de la idolatría. En la mente de Aarón, al menos, aunque posiblemente no en las mentes del pueblo, el becerro era una intención de representar a Jehová. Él pensó, sin duda, que la figura de un becerro (aunque pequeña) podía comunicar la idea de la fuerza de Dios. Pero, por supuesto, no lo hacía de manera total. Y tampoco transmitía de ningún modo el resto de sus atributos: su soberanía, su equidad, su misericordia, su amor y su justicia. Por el contrario, los oscurecía. Y todavía más, la figura del becerro confundía a los adoradores.
Muy fácilmente la asociaron con los dioses y las diosas egipcias de la fertilidad y su adoración se convirtió en una orgía. Packer concluye diciendo: Con toda seguridad, si nos creamos el hábito de concentrar nuestros pensamientos en una imagen o en una lámina de Aquél a quien vamos a orar, lo concebiremos y le estaremos orando según la representación de la imagen que nos  hemos hecho. De alguna manera nos estaremos “inclinando” y estaremos “adorando” nuestra imagen; y como la imagen no puede transmitir toda la verdad sobre Dios, no estaremos adorando a Dios en verdad. Es por esta razón que Dios prohíbe que tú o yo hagamos uso de imágenes o láminas en nuestra adoración.
LA ADORACIÓN DE DIOS
Sin embargo, no adorar imágenes y no utilizar imágenes en la adoración del Dios verdadero no constituye por sí solo la adoración. Debemos reconocer que el Dios verdadero es el Ser eterno, auto existente y autosuficiente, el Ser inconmensurable que trasciende nuestros más elevados pensamientos. Debemos humillarnos delante de él y aprender de él, permitiéndole que él se nos enseñe tal como es y nos muestre lo que ha hecho por nuestra salvación. ¿Hacemos lo que él nos ordena? ¿Estamos seguros que en nuestra adoración estamos realmente adorando al Dios verdadero que se reveló en la Biblia?
Hay sólo una manera de contestar esta pregunta con sinceridad. Debemos preguntarnos: ¿Conozco la Biblia con certeza, y adoro a Dios basado en las verdades que encuentro en ella? Esta verdad gira en torno al Señor Jesucristo. Allí el Dios invisible se hace visible, lo inescrutable se hace cognoscible, el Dios eterno se manifiesta en el espacio y el tiempo. ¿Contemplo a Jesús para conocer a Dios? ¿Pienso en los atributos de Dios cuando veo lo que Jesús me manifiesta de ellos? Si no hago esto, estoy adorando una imagen de Dios, una imagen según mi propio diseño.
Si contemplo a Jesús, entonces puedo saber que estoy adorando al Dios verdadero, como él se reveló a sí mismo. Pablo nos dice que aunque algunos conocieron a Dios, “no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias” (Ro. 1:21). Nos debemos proponer que esto mismo no nos suceda a nosotros.
¿Te confrontó, te retó? no esperes más y ¡compártelo! 
Cristianismo Histórico
Notas
1. Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible, vol. 1 (New York: Fleming H. Revell, n. d.), p. 284.
2. A. W. Tozer, The Knowledge of the Holy (New York: Harper & Row), p. 34.
3. Arthur W. Pink, The Attributes of God (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, n. d.), pp. 2-3.
4. Tozer, The Knowledge of the Holy, p. 40.
5. Tozer, The Knowledge of the Holy, Ibid., p. 42
6. Pink, The Attributes of God, p. 41.
7. Packer, Knowing God, p. 41.