Poodwaddle 2010 Word Clock

domingo, 26 de diciembre de 2010

ORACION DE FIN DE AÑO y Motivos de oracion para el 2011


ORACION DE FIN DE AÑO

Señor, Dios

Dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el Hoy y el Mañana,
el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la Vida y el Amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible
y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas
que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas,
los más cercanos a mí,
y los que están más lejos,
los que me dieron su mano
y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida,
el trabajo, el dolor y la alegría.

Aquellos que me ayudaron a crecer en Ti.

Gracias por todos ellos.

Pero también, Señor,
hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido,
por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil
y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías
y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración
que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos,
descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

Ya iniciaremos un NUEVO AÑO
y detengo mi vida
ante el nuevo calendario aún sin estrenar
y te presento estos días
que sólo TU sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz
y la alegría, la fuerza y la prudencia,
la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad,

Llevando a todas partes un
corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú, mis oídos a toda falsedad
y mis labios a palabras mentirosas,
egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio,

Mi ser a todo lo que es bueno,

Que mi espíritu se llene sólo de bendiciones,

Y las derrame a mi paso.
Cólmame de bondad y de alegría
para que cuantos conviven conmigo
o se acerquen a mí
encuentren en mi vida.
Un poquito de TI.

Danos un Año Feliz y enséñanos a repartir felicidad.
Amén.

(Autor desconocido)

MUCHAS Y RICAS BENDICIONES

PARA EL 2011

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

Carmen y Juan Carlos

(*) Oremos a Dios para que el año 2011 llegue a ser para todos:

1. Un año para concretar las metas, objetivos y sueños no cumplidos en años anteriores.

2. Un año para caminar con Dios, junto a nuestra familia, amigos y demás personas.

3. Un año en que millones de personas alcancen la salvación por la fe en Cristo Jesús, y tengan la seguridad de la vida eterna. La misión de Cristo es salvar a todo el mundo.

4. Un año para vivir en paz, amor, solidaridad, fraternidad, felicidad, seguridad, prosperidad, generosidad, justicia, tolerancia, respeto mutuo, comprensión, amistad y fe en Dios.

5. Un año en que millones de personas lean la Biblia y oren a Dios en familia para fortalecer la unidad familiar, y para construir una sociedad basada en grandes valores universales.

6. Un año en que haya una mejor distribución de las riquezas para una mejor calidad de vida.

7. Que nuestras autoridades cumplan su elevada responsabilidad constitucional y legal, con honestidad, transparencia, dignidad, idoneidad, sabiduría, y con mucho amor a la Patria.

8. Un año para orar, trabajar, servir a Dios, juntos y unidos para construir la Patria Soñada, por todos. Que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con todos y con cada uno, ahora y siempre. Que así sea.


(*) Publicado por la ice del Paraguay







"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones"

Salmo 46:1

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domingo, 14 de noviembre de 2010

Viviendo a la expectativa del retorno de Cristo

Por John MacArthur —Traducido al español por Raúl Lavinz

2 Pedro 3:10-12

Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor!

Ahora, vayamos a la Palabra de Dios, en Segunda de Pedro capítulo 3, estamos observando la última sección de esta epístola, los versículos 10 al 12 e intitulándolo “Viviendo a la expectativa del Retorno de Cristo”.

La preocupación de Pedro no es tanto por los incrédulos sino por los cristianos. Le preocupa que, como cristianos, tengamos una comprensión, y respuesta, adecuadas concernientes al retorno de Jesucristo. De esta manera, antes de dar por concluida esta epístola, él tiene algo último que decir.

Las palabras finales comienzan en el versículo 11. “Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera”, dice Pedro, “…qué clase de personas no debéis ser vosotros”. Detengámonos en este punto. Habiendo justamente dejado muy en claro que Jesús va a regresar, ahora el plantea el muy, pero muy importante asunto... ¿qué significa esto para ti? ¿Qué clase de persona debes ser? Si supieras que Jesús va a regresar, si estás a la espera de lo que Él llama el día de Dios, de lo que llama en el versículo 18 el día de la eternidad; si estás a la expectativa del estado final, el glorioso futuro, la eternidad que Dios ha planeado para aquellos que le aman, ¿cómo debería impactar tu vida ahora? Si estás esperando aquel cielo final, aquella gloria final, ¿no debería ello tener algunas implicaciones muy, pero muy fuertes en relación a cómo vives?

Ahora bien, ten esto en mente. Aquí el usa la frase “el día de Dios”, como veremos. La usa en el versículo 18 al final, “el día de la eternidad”.

Ambas, “el día de Dios” en el versículo 12, y “el día de la eternidad” en el versículo 18 se refieren al estado de eternidad. Él dice que si tú estás deseando ese estado de eternidad, ese nuevo cielo y nueva tierra, esa gloriosa eternidad, si lo estás deseando, ello debiera causar un impacto en tu vida. Nosotros no deseamos el día del Señor (término que es usado en el versículo 10) puesto que ese es un término de juicio, destrucción y maldición. No estamos deseando, con impaciencia, que Dios venga en un furioso juicio final condenatorio. Sabemos que es inevitable y es algo doloroso pensar en ello. Más bien deseamos lo que viene después del día del Señor, a saber ese día de la eternidad de

Dios, el estado de eternidad de justa gloria cuando, como dice Pablo en 1 Corintios, todo se resuelva en Dios en Su última gloria.

Así que Pedro dice: Miren, si ustedes están esperando la venida del gran día de Dios, el estado de eternidad, la gloria que será de ustedes en la presencia de Jesucristo cuando El venga y establezca Su gloria eterna, si ustedes están esperando eso, versículo 11, y están a la expectativa de algo más allá que la destrucción del día del Señor, qué tipo de personas deben ser ustedes. Qué tipo de personas deben ser.

Esa frase, “puesto que todas estas cosas han de ser destruidas”, nos lleva al versículo 10 que dice, “los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas”. Esto nos lleva más atrás, al versículo 7, “pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos”.

Ahora bien, ya que sabemos que eso va a ocurrir, ya que todas estas cosas van a ser destruidas en esta forma que nos va a hacer pasar al día de Dios, el estado de eternidad, la gloria eterna, qué clase de persona debes ser. Como observarás en el versículo 11 no hay signo de interrogación, aunque a primera vista parece una pregunta no es una pregunta. Es una exclamación. De hecho, esa pequeña frase “qué clase de personas” procede de un término griego muy singular, potapos, que de ninguna manera hace una pregunta. Indica una exclamación de asombro y no espera una respuesta. Se podría traducir de esta manera “Cuán pasmosamente, cuán asombrosamente excelentes ustedes deben de ser”. Cuando él dice “qué clase de personas deben de ser ustedes”, está implícito a qué nivel de excelencia debes vivir…signo de admiración…cuando sabes que, más allá del día del Señor, vas a ver el día de Dios y la gloria de la eternidad. Ese es un desafío directo y sencillo a los cristianos para que conformen sus vidas a la realidad de la eternidad.

Si Jesucristo va a regresar a recompensarte, si Jesucristo va a volver para llevarte para que estés con El mismo, si Jesucristo va a volver para edificar para ti un nuevo cielo y una nueva tierra, si Jesucristo va a volver para liberarte del juicio y conducirte al gran día de la eternidad de

Dios, si Jesucristo va a regresar para llevarte al reino de justicia eterna, todo eso debería impactar tu vida. En otras palabras, si has sido hecho para eso, creado para eso, redimido para eso, santificado para eso, entonces debes empezar a vivir a la luz de ello. Eso es lo que

Pedro está diciendo.

Amados, si para esto hemos sido salvos, cómo debemos vivir aún ahora para ser consistentes con nuestro destino. De hecho en 2 Corintios 5:9,10 Pablo une su voz al punto de Pedro cuando dice: “Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo”. Va a llegar un tiempo cuando vayamos a recibir una recompensa eterna. Todos nosotros vamos a comparecer ante ese juicio. Como lo dice Pablo en 1 Corintios 4:5, “en ese punto del tiempo cuando el Señor juzgue los secretos o designios de nuestros corazones y cada uno de nosotros recibirá su alabanza de parte de Dios y entraremos en nuestra recompensa eterna”.

¿Qué clase de personas debemos ser entonces? No estamos viviendo para este mundo, somos extraños, desconocidos, extranjeros. Como cristianos no somos parte de este sistema mundial, no amamos el mundo ni tampoco las cosas que están en el mundo. No es nuestro lugar.

Somos peregrinos. Pertenecemos a un lugar celestial. Buscamos una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios, una ciudad no hecha de manos, eterna, en los cielos. Él dice, qué clase de personas debemos ser, en qué nivel de excelencia debemos vivir.

Entonces, con fe, confiando en la gloria del venidero día de Dios en el cual moraremos por siempre con El en justicia, nos compele con algunas implicaciones. Pedro enumera algunas de ellas, de las cuales hablaremos esta noche y la próxima noche del día del Señor.

En primer lugar, hay una declaración general en el versículo 11 “Qué clase de personas deben ser ustedes en santa conducta y en piedad”, y este es el terreno en el cual él está hablando. Cualquier clase de persona que tu vayas a ser es en el área de la piedad y de la santidad, eso es a lo que él se está refiriendo. La conducta santa tiene que ver con acción, la piedad se refiere a actitud. La conducta santa tiene que ver con la manera en la que yo vivo mi vida, la piedad se refiere al espíritu de reverencia en mí por el cual vivo mi vida. La conducta santa tiene que ver con aquello que gobierna mi comportamiento, y la piedad se refiere a aquello que gobierna mi corazón. De manera que él está diciendo qué clase de persona debes ser tú en corazón y comportamiento, en motivo y acción, en actitud y deber.

Ambos términos, de paso, están en plural —intraducible en castellano— pero en griego ellos sólo toman el concepto de santidad y piedad y lo extienden por toda la vida. Es como si estuviera diciendo qué clase de persona debes ser en santidad(es) y piedad(es), así que eso simplemente se extiende sobre todo, sobre cada área de nuestra vida. Este es el mensaje final de Pedro, esta es su última palabra. La tradición nos dice, como bien sabes, que él fue crucificado y que se sintió indigno de ser crucificado como su Señor así que suplicó que lo crucificaran con la cabeza hacia abajo, y así fue. Pero su palabra final es esta: Estamos camino a la gloria, qué clase de persona debemos ser en el terreno de la conducta y corazón, santidad, piedad, en vista de este glorioso futuro. Ese es verdaderamente el asunto.

¿Cuál es la respuesta a ello? La respuesta fluye comenzando en el versículo 12 hasta el versículo 18. ¿Qué debería ser lo que nos caracterizara? Permíteme darte una corta lista que luego detallaremos: Expectación, pacificación, purificación, evangelización, discriminación, maduración y adoración.

Esas son las características que deberían marcarnos en santa conducta y piedad. Francamente esta implicación de la Segunda Venida nos hace retroceder a 1 Pedro capítulo 1, donde Pedro dice, “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción”, de nuevo, este es el exterior,

“sed sobrios en espíritu”, ese es el interior, así que mantén tu conducta correcta y tu actitud correcta, y allí estamos nuevamente con esa conducta santa y piedad interior. Y él dice, “Poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de

Jesucristo”. Allí encontramos ese mismo concepto.

Vive a la luz de esa increíble gracia que te va a ser conferida cuando Jesucristo sea completamente revelado en toda Su Gloria y establezca

Su Reino eterno. Vive a la luz de ello y eso impactará tu accionar e impactará tu mente, o tu corazón —tú ser interior. Luego él dice, en 1 Pedro 1:14 “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais en vuestra ignorancia, sino que así como aquel que os llamó es Santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. Nuevamente, él está haciendo un llamado a la santidad a la luz de una vida eterna.

Entonces, la santidad se debe extender a todas las áreas de la vida —todos los asuntos de la vida. Eso es consistente con aquello hacia donde nos dirigimos. Esa es la dirección que debemos tomar. En el versículo 15 encontramos este punto muy importante, “Sino que así como aquél que os llamó es santo, sed santos vosotros”. Si somos hijos de Dios, si nos dirigimos hacia Su Reino, debemos comportarnos en una forma consistente con esa identidad.

¿Recuerdas en Mateo 5:48 al principio del Nuevo Testamento donde se da el primer sermón de Jesús que se haya registrado? dice, “Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. El Apóstol Pablo escribe en Colosenses, “Poned vuestros afectos en las cosas de arriba y no en las de la tierra”. Pablo dijo que nuestra ciudadanía no está en la tierra sino en el cielo. En otras palabras, hemos de vivir a la luz de la gloria y ello nos impone un nivel de santidad y piedad que es absolutamente dominante en la vida. La Esperanza nos hace santos. La Esperanza nos hace Santos.

Entonces, ya que algún día vamos a estar con Él, ¿cómo iniciamos este proceso de santidad? ¿Cuáles son los componentes para hacernos la clase de personas que debemos ser? En primer lugar, llamémosle expectación. Primer punto: Expectación. Observa el versículo 12 de 2 Pedro

3, “esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor!. Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia”. Aquí está el concepto de expectación. Ya que me dirijo a la gloria eterna, ya que voy a ser un ciudadano del Reino eterno de Dios, ya que voy a ser librado del día del Señor para entrar en el día de la eternidad de Dios, debería estar viviendo a la expectativa de todo eso. Es bastante obvio.

Veamos el versículo 12 y sólo mira las partes componentes de esta tremenda verdad, “esperando y apresurando la venida del día de Dios”. Es como si Pedro estuviera diciéndote que ciertamente no deberías estar asustado con ello, ciertamente no deberías preocuparte por eso, deberías ser como aquellos de quienes Pablo habla y con quienes se identifica a sí mismo en 2 Timoteo 4:8, cuando habla sobre aquellos que aman la venida de Cristo. Deberías ser como Juan, quien dijo “Aun así, ven Señor Jesús”. Como Pablo, quien dijo: “Es agradable estar aquí, pero mucho mejor partir y estar allá”. Debes tener un deseo en tu corazón por la venida del día de Dios.

Ese verbo, “esperando” conlleva la idea de expectación, la idea de esperar con vigilancia, estar alerta a la venida del Señor. La palabra

“apresurando” añade la idea de un deseo impaciente. No sólo estás esperándolo y vigilando sino que estás ansiosamente deseando que ocurra. No sólo estás esperándolo, estás esperándolo y lo quieres con desesperación y pronto. Esa es la idea. En vez de vivir con temor del futuro, con temor del juicio y temor del día del Señor, vives en una santa ansiedad, vives con esa palabra Maranatha, 1 Corintios 16:22 “en tus labios, ven, Señor, viviendo continuamente en una deseosa expectación”.

¿Qué significa eso? Significa que voy a estar tratando con algunos asuntos en mi vida. Significa que voy a estar tratando con algunas cosas en mi vida de modo que pueda decir Yo quiero que El venga, porque sé que cuando venga no me avergonzaré de Su venida. 1 Juan 2 habla acerca de no avergonzarse cuando Jesucristo venga. Capítulo 2 versículo 28, “Cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de El avergonzados en Su venida”. Si mi vida es recta entonces no me voy a avergonzar, voy a estar deseoso, impaciente y ansioso porque

Jesucristo venga.

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sábado, 2 de octubre de 2010

DIEZMOS Y OFRENDAS


“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Malaquías 3:10

Debemos partir de la base que todo lo que tenemos es de Dios; nosotros mismos le pertenecemos y Dios nos ha reconocido como mayordomos de sus posesiones (1 Corintios 6:20; Romanos 12:1). Las palabras de David: “…todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos te damos” (1 Crónicas 29:14) deberían reglar nuestras vidas.

El Antiguo Testamento y su Enseñanza

Partiendo de la base de que Dios es el dueño de todo (Génesis 14:22; Salmo 50:10) y ejemplo perfecto de Dador (Juan 3:16; Hechos 11:17; 1 Juan 5:11), los primeros hombres aprendieron a dar, pensando que era justo hacerlo y nunca demasiado. Desde el cordero de Abel en adelante el criterio sustentado por los ofrendantes fue el de traer lo mejor para Dios.
La practica del diezmo aparece mucho antes que lo estableciera la Ley de Dios, Abraham entrega los diezmos de todo a Melquisedec, agradeciendo a Dios por la victoria que le había dado y reconociendo que ese era su legitimo sacerdote (Génesis 14:20; Hebreos 7:4-10). Abraham siguió siendo durante toda su vida un patriarca sacerdote dispuesto a dar hasta su hijo, sí esa era la voluntad de Dios.
Establecida la Ley de Dios, Israel aprendió a dar voluntariamente por medio de diezmos obligatorios, cuando los israelitas dejaban de hacerlo cometían el delito de robo a Dios (Malaquías 3:8-10). Luego que los diezmos se habían cumplido, comenzaban las ofrendas voluntarias.

Los diezmos obligatorios Los israelitas daban:

(a) El primogénito (Exodo 13:1-2) redimible por la muerte de un cordero (Exodo 13:15), el primogénito de asno, también redimible por un cordero (Exodo 13:13). Cada primogénito de bestia debía ser sacrificado a Jehová (v12).
(b) El diezmo de todo Primero: Diezmo para los levitas (Números 18:21-28), para el mantenimiento del sacerdocio y el orden levítico. Segundo: Otro diezmo para las fiestas (Deuteronomio 12:6, 11, 17). Tercero: Parece que cada tres años había otro diezmo especial (Deu. 26:12).
(c) Primeros Frutos: Exodo 22:29.
(d) Regalos Varios: Primero: fruta sin juntar para los pobres (Levítico 19:9-10); Segundo: el costo de los animales y cosas para las ofrendas; Tercero: Pérdidas por descanso dados al Señor (Levítico 25:4; 25:11); Cuarto: Varias otras pequeñas dádivas (Levítico 23:38-42).

Las Ofrendas Voluntarias

Las ofrendas voluntarias eran ofrecidas de acuerdo a la capacidad de cada donante (Levítico 1, 2,3) “Conforme Jehová le haya prosperado”. Las ofrendas lejos de ser mezquinas eran por momentos muy abundantes teniendo en cuenta la capacidad del pueblo; cuando más cerca de Dios estaban mas daban.

La Enseñanza del Nuevo Testamento

En términos generales los evangelios presentan un panorama similar al del Antiguo Testamento.
El Señor Jesucristo reprobaba la hipocresía como por ejemplo llevar el presente al altar manifestando una visible devoción a Dios estando disgustado con un hermano (Mateo 5:23-24).
El Señor Jesús enseño a dar abundantemente y con liberalidad, pero también con honestidad (Mateo 6:2-4), con responsabilidad (Marcos 7:10-13) y sobre todo con amor (Marcos 12:41-44).
Esta conciencia de dar abundantemente al Señor con corazón alegre, ánimo presto y deseo sincero, pasó rápidamente a la iglesia primitiva: “…todos los que habían creído… vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos, según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44-45).

Origen de la Ofrenda (Hechos 11:29; Romanos 12:13)

Toda ofrenda es en principio al Señor, así fue en el A.T. y así lo aprendemos en el Nuevo Testamento (2 Corint. 8:1-5; Filipenses 4:15-18).
Son los hermanos los responsables de ayudar a los pobres y de sostener a los siervos de Dios (Gálatas 6:6; 1 Corintios 9:14); Los creyentes primitivos sentían inmediata responsabilidad por los que habían sido, el medio para que conocieran el evangelio (Romanos 15:27). Tenían conciencia de deuda hacia quienes habían sido instrumentos de su conversión, y ofrendaban con abundancia; con la misma abundancia con que Dios los había bendecidos.
Los apóstoles habían impreso esta conciencia en las iglesias, por ello podemos deducir que ninguna de ellas creía que el diezmo era una ofrenda digna, porque sería como una respuesta a la ley, y en todos estos casos se habla de “esta gracia” (Dios obrando en ellos) ( 2 Corintios 8:6; Romanos 15:15), que supera la ley hasta el infinito (2 Corintios 8:9).

¿Cuánto he de Ofrendar? 2 Corintios 8:11-12; Hechos 11:29

Evidenciando un desinterés lamentable, hay hermanos no han ido más allá de un texto bíblico que pareciera apoyar su posición. Se trata de: “lo que en la bondad de Dios pudiere” (V.1909) o “según haya prosperado” (V.1960) de 1 Corintios 16:2. Naturalmente estos hacen sus cuentas y siempre les va mal, no seria así si siguieran la norma de Hechos 11:29: “…cada uno conforme a lo que tenia” no a lo que le quedaba después de concretar sus planes, no después que me aumente el sueldo. No, sino conforme Dios le haya prosperado ahora. Damos de lo que tenemos, y no de lo que nos sobra.

¿Cómo he de ofrendar?

1 – Con Generosidad: En 2 Corintios 8:2 se habla de “liberalidad” que es un sinónimo de “mano abierta” como se ve en 2 Corintios 9:6: “…el que siembra generosamente, generosamente segará”. El original de este texto dice: “pero el que siembra sobre bendiciones, sobre bendiciones recogerá”. Quiere decir que el sembrador no se limita a su obligación lo cual sería –sembrar lo justo- (ley), sino que avanza y sigue según la semilla que tiene en la bolsa que da para mucho mas de lo que le hubiera correspondido; en este caso esta sembrando “sobre la bendición” recibida y conforme a la prosperidad que tenia. El creyente pobre de fe y mezquino en la siembra, no puede experimentar el valor de la provisión divina y tampoco el significado de: “El que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios” (2 Corintios 9:11).

2 – Con Alegría: La conocida expresión: “Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7) es tan solo la ultima parte de un texto que comenzó con: “cada uno de cómo propuso en su corazón”. La alegría nace con la primera intención del corazón, que es implantada al ver la necesidad.

3 – Con Periodicidad: En 1 Corintios 16:1-2 dice: “En cuanto a la ofrenda para los santos haced vosotros también de la manera que ordene a las iglesias de la galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga a parte algo…”

4 – Con Responsabilidad: En 1 Corintios 16:2 “…guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” Pablo quería que cada creyente uniera a la periodicidad de dar cada primer día de la semana la responsabilidad de guardarlo hasta que él viniera. Es evidente que el texto esta enseñando que la honestidad debe privar en la ofrenda. La “acumulación” de lo que corresponde al Señor debe practicarse, vale decir: la separación sistemática de modo que nunca falte o tengamos que dar lo que no es de nuestra voluntad.


viernes, 1 de octubre de 2010

UN LLAMADO URGENTE A TODOS AQUELLOS QUE TODAVÍA NO SON CREYENTES VERDADEROS EN CRISTO


Texto extraído de: "La gloria de Cristo", John Owen. (Blog: Hora de ser real)
"Muchos son llamados y pocos escogidos" (Mat.22:14).
La tontería más grande del mundo consiste de dejar la consideración de nuestro estado eterno para algún punto futuro e incierto, al cual quizás nunca pudiéramos llegar.
No piense usted que debido a que profesa ser creyente y disfruta de las bendiciones externas del evangelio, usted pertenezca necesariamente a Cristo. Si usted descansa para su salvación en algún mérito personal o justicia propia, entonces usted está corriendo el riesgo de ser engañado eternamente (Mat.3:9).
Cristo no salvará a los pecadores que no se arrepientan de sus pecados. Esto sería negarse a sí mismo y actuar en forma contraria a su Palabra. No se engañe a sí mismo pensando que es de poca importancia el que acuda a Cristo o no. Si usted rehúsa hacerlo, este sería el acto más grande de odio en contra de Dios que usted pudiera realizar.
"¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?" (Heb.2:3)
Alguien pudiera preguntar: "¿Entonces qué haremos?" Tome la advertencia del apóstol: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Heb.3:7-8). "He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación." (2 Cor.6:2)
La incredulidad a menudo se disfraza con actitudes como las siguientes:
I. Algunos dicen: "Creemos la palabra predicada hasta el punto que podemos. Obedecemos voluntariamente en muchas cosas y tratamos de no pecar. ¿Qué más se requiere de nosotros?"
Pensando que han cumplido con su deber, preguntan igual como aquellos que preguntaron a Jesús en Jn.6:28:
"¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?". Reacciones como éstas pueden ser imitadas por aquellos que en realidad permanecen como incrédulos. Muchos hipócritas llevan a cabo muchas actividades religiosas pero no poseen la fe verdadera. Su incredulidad es disfrazada por toda su "actividad".
Hay un acto especial de fe por el cual uno se rinde completa y voluntariamente a Dios. Este acto especial es acompañado por un cambio que afecta nuestra naturaleza completa. "Si alguno está en Cristo, nueva criatura, es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." (2 Cor.5:17) Sin este acto básico de fe, ningún otro acto religioso es evidencia de que una persona sea un creyente verdadero.
II. Algunos dicen que han intentado acudir a Cristo y creer en El, pero parece que no hacen ningún progreso. En lo profundo de su corazón se desesperan de no poder recibir a Cristo como les es presentado por el evangelio. Yo les pediría a estas personas que recordaran de los discípulos que pescaron durante toda la noche sin pescar nada (vea Luc.5:3-6). Cristo se acercó a ellos y les dijo que arrojaran nuevamente las redes.
III. Algunos dicen que entienden que deben acudir a Cristo y creer en El o quedarán perdidos, pero ahora están demasiado ocupados, y consideran que en el futuro tendrán tiempo para pensar seriamente en ello. ¿Pudiera haber algo más tonto que pensar que las cosas triviales del presente sean más importantes que la miseria o la felicidad de un estado eterno? (Prov.6:10) Engañados de esta manera, miles perecen cada día. El éxito más grande de Satanás es lograr que la gente piense que posee mucho tiempo antes de morir para considerar su estado eterno. Recuerde que la Escritura limita su oportunidad al día presente, y no le da ninguna certidumbre de que habrá otro día para recibir gracia y misericordia (vea 2 Cor.6:2 y Heb.3:7-13).
IV. Algunos encuentran tanta satisfacción en sus placeres pecaminosos que no pueden dejarlos. Si usted es uno de ellos, debo hablarle claramente a fin de que no tenga ninguna duda de que usted no puede tener esperanza de misericordia si su corazón sigue aferrado a algún pecado. Por supuesto, al llegar a ser un creyente verdadero, usted no será librado completamente de la pecaminosidad de su vieja naturaleza. Pero usted tiene que amar a Dios o al mundo, a Cristo o Satanás, la santidad o el pecado. No hay ninguna otra opción (vea 2 Cor.6:15-18).
Con respecto a sus supuestos placeres, le digo que a menos que usted esté en Cristo, nunca ha tenido realmente ningún placer. (vea Prov.3:13-18).
V. Hay algunos que dicen que conocen creyentes que no son mejores que ellos, y por lo tanto, ellos deberían considerarse también como creyentes. Yo les digo que hay aquellos que se llaman creyentes y que son falsos, fingiendo ser lo que no son. Pero ellos tendrán que cargar su propio juicio. Es también un hecho triste que algunos creyentes verdaderos son descuidados en su manera de vivir y de este modo desagradan a Dios y deshonran a Cristo y al evangelio. Pero estas no son las personas a quienes usted debiera imitar.
No nos engañemos a nosotros mismos. Podemos ser miembros de una Iglesia, pero a menos que estemos arraigados y sobreedificados en Cristo Jesús, no floreceremos en gracia ni seremos fructíferos (Col.2:7).
Pero hay condiciones relacionadas con las promesas por las cuales los creyentes crecen en la gracia. Se exige de nosotros una cuidadosa obediencia al evangelio a fin de que seamos espiritualmente fructíferos (vea 2 Pe.l:4-10).
La diferencia principal entre la gloria y la belleza de la Iglesia manifestada en las promesas del evangelio y la vida de la Iglesia manifestada en los creyentes profesantes es que ellos no cumplen estas.
Dios nos ha dado grandes advertencias del peligro de volvernos descuidados y negligentes espiritualmente y nos ha hecho grandes promesas para que busquemos ser restaurados. Si usted no sabe nada acerca de estas experiencias, pudiera ser que su alma nunca haya estado en una condición sana y fuerte.
Alguien que ha estado débil y enfermo toda su vida no sabe lo que es ser fuerte y sano. Hay algunos que viven en toda clase de pecados. Tales personas deberían preguntarse a sí mismas si realmente han conocido algo de la gracia de Dios. O pudiera ser que usted esté dormido con un sentido falso de su propia seguridad. Entonces usted es como la Iglesia de Laodicea la cual dijo que no necesitaba ninguna cosa y no sabía que era "un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Apo.3:17).
Existe un cansancio mediante el cual nos acercamos a Dios sólo de labios, pero nuestros corazones permanecen lejos de El (Mat.l5:8). Y cualquier pecado del cual no nos hemos arrepentido tendrá un efecto especial para convertir la adoración en una pesada carga.
Las cosas que traen más gloria a Dios son la humildad, una tristeza real por el pecado, una voluntad dispuesta y un deleite en los caminos de Dios, el amor y la auto negación. ¿Estamos siendo fructíferos en estas cosas? (Vea 2 Pe.l:8). ¡Examinémonos!
¿Tenemos un buen apetito espiritual para la Palabra de Dios y una experiencia continua de su gracia? ¿Sólo confirmamos ideas, juzgamos al predicador... o realmente nos preparamos a nosotros mismos para recibir en nuestros corazones la Palabra de Dios?
Si tuviésemos hambre, encontraríamos dulzura en la Palabra de Dios aun cuando nos reprenda fuertemente.
¿Hacemos que la religión sea el asunto principal de nuestras vidas? Si estamos continuamente ocupados con los asuntos del mundo y si apenas apartamos un poco de tiempo de vez en cuando para considerar las realidades espirituales, entonces es una fuerte evidencia de que nuestra vida espiritual se está debilitando.
Hay un camino para volver a ser fuertes y fructíferos espiritualmente. Algunos profesantes se vuelven hacia las religiones falsas en busca de ayuda, pero terminan secándose y muriendo como apóstatas. Si hubieran buscado los medios correctos para su sanidad, quizás hubieran vivido.
Los actos pecaminosos tienen que ser mortificados y las enseñanzas de Cristo obedecidas cuidadosamente. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para matar el pecado. Sin embargo, todas estas cosas no pueden ser hechas con nuestras propias fuerzas. (2 Cor.3:5). Por medio de la fe, debemos obtener la ayuda de Cristo en cualquier esfuerzo que tratemos de hacer. Sin fe nuestros esfuerzos serán inútiles y rechazados por Dios.
Oseas 14:1,2- "Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová y decidle: quita toda iniquidad y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios".
Dios espera una confesión completa y voluntaria de los dos grandes pecados que arruinaron a su pueblo: la confianza en el hombre y la adoración falsa o idolatría.
"Sin mí, nada podéis hacer." (Jn.l5:5). "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal.2:20).
Hay un sólo camino para ser avivados y sanados de nuestras rebeliones a fin de que seamos fructíferos.
La experiencia de contemplar la gloria de Cristo tiene poder para hacernos obedecer y DESEAR TODAS LAS COSAS QUE AGRADAN A CRISTO.

lunes, 27 de septiembre de 2010

COMO CRIAR FUTUROS DELINCUENTES


La policía de Houston, Texas, distribuyó un curioso y acertado panfleto titulado:
“Cómo criar hijos delincuentes.”
El contenido decía lo siguiente:
1. Dele a su hijo todo lo que pida. De esta manera su hijo crecerá pensando que tiene derecho a obtener todo lo que desea.
2. Ríase cuando su hijo diga malas palabras. De esta manera su hijo crecerá pensando que el vocabulario soez divierte a la gente y se esforzará por incrementar su repertorio de malas palabras.
3. Jamás oriente a su hijo en el área espiritual. Deje que cuando sea adulto él decida lo que quiera creer. No reprenda y no discipline a su hijo por su mal comportamiento, “podría dañar su autoestima”. De esta manera su hijo crecerá pensando que no existen reglas en la sociedad.
4. Recoja todo lo que su hijo desordena. De esta manera su hijo crecerá creyendo que otros deben hacerse cargo de sus responsabilidades.
5. Permítale ver cualquier programa en la televisión. De esta manera su hijo crecerá con una mentalidad “abierta y desinhibida”.
6. Peléense delante de sus hijos. De esta manera, sus hijos no se sorprenderán cuando tengan que divorciarse. (además crecerán con mucha rabia dentro de ellos)
7. Dé a su hijo todo el dinero que pida. De esta manera su hijo crecerá pensando que obtener dinero es fácil y no dudará en robar para conseguirlo.
8. Al final había una nota que decía:
“Siguiendo estas instrucciones le garantizamos que su hijo será un delincuente y nosotros tendremos una celda lista para él”.
9. ¡Ría con sus ocurrencias!
Al fin y al cabo es sólo un niño. ¡Fomente su agresividad y falta de respeto!)
¡Deje que su hijo maltrate animalitos! (Se ha comprobado que los asesinos en serie, comenzaron maltratando animales).
10. ¡CUIDADO!
Antes se decía niño malcriado, ahora se dice niño hiperactivo.
Antes se disciplinaba, se imponían reglas, se regañaba, se enseñaban buenos modales.
Ahora “no hay que limitar al niño, porque si no, ¡se puede traumar!”
Estos métodos modernos, lo único que han hecho es producir niños y adolescentes groseros e insolentes con padres y maestros.
11. Se han perdido los valores, porque no aprenden la diferencia entre el bien y el mal. Una nalgada, puede significar la denuncia de parte de un vecino e incluso hay niños que han amenazado a sus padres con denunciarlos si se atreven a castigarlos.
La educación es la herencia más grande que les podemos dejar a nuestros hijos. Es a la vez una herencia para la sociedad misma, ya que solo pueden formarse hombres y mujeres íntegros, útiles a la sociedad, a través de una educación que incluya buenos valores y responsabilidad.
12. No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo.
Proverbios 13:24
13. Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas satisfacciones.
Proverbios 29:17.
14. La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre.
Proverbios 29:15
15. El hijo necio irrita a su padre, y causa amargura a su madre.
Proverbios 17:25
16. Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6
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viernes, 24 de septiembre de 2010

Un llamado a la angustia


Por David Wilkerson.
...Y veo toda la escena religiosa hoy y todo lo que veo son inventos y ministerios de hombres y de la carne, mayormente sin poder.
No tiene impacto en el mundo. Veo más al mundo entrando a la iglesia e impactando la iglesia, en vez de que la iglesia impacte al mundo.
Veo música manejando la casa de Dios. Veo entretenimiento manejando la casa de Dios. Obsesión con el entretenimiento en la casa de Dios, un odio a la corrección y un odio a reprobarlo. Nadie quiere escucharlo más.
¿Que es lo que le pasa a la angustia en la casa de Dios? ¿Qué es lo que le pasa a la angustia en el ministerio? Es una palabra que no se escucha más en esta época de gente mimada. NO LA ESCUCHAS.
Angustia quiere decir extremo dolor y aflicción, las emociones tan conmovidas que eso llega a ser doloroso, dolor interno profundamente agudo, dolor interior por tu condición en ti, o alrededor de tí.
¡ANGUSTIA! ¡PROFUNDO DOLOR! ¡PROFUNDO PESAR! ¡AGONIA DEL CORAZÓN DE DIOS!
Hemos sostenido mucho nuestra retorica religiosa y nuestro avivamiento habla, pero hemos llegado a ser tan pasivos. Todas las verdaderas pasiones nacen de la angustia. Todas las verdaderas pasiones por Cristo vienen de un bautismo de angustia.
Busca en la Escritura y encontrarás que cuando Dios determina recobrar una situación arruinada... Él comparte se propia angustia, porque Dios vio algo que pasaba en su Iglesia o en su Pueblo. Y Dios encontraba a un hombre de oración y él tomaba este hombre y literalmente lo bautizaba en angustia. Lo encuentras en el libro de Nehemías. Jerusalén está en ruinas.
¿Cómo va Dios a lidiar con esto? ¿Cómo va Dios a restaurar las ruinas?
Amados... Miren... Nehemías no era un predicador, él era un cargador. Éste era un hombre de oración. Dios encontró un hombre que no sería solo un flash de emociones... No solo alguna repentina irrupción de interés y luego morir. Él dijo: no me quebranté y lloré, madrugué y ayuné, entonces empecé a orar día y noche.
¿Por qué ningún otro hombre?... ¿Por qué ninguno tuvo respuesta? ¿Por qué no los usó en la restauración? ¿Por qué ellos no tenían una palabra? ¡PORQUE NO HABÍA UNA SEÑAL DE ANGUSTIA! ¡NINGÚN LLORO! ¡NINGUNA PALABRA DE ORACIÓN! ¡TODO ES RUINA! ¿Hoy te pasa eso a ti? ¿Te pasa por completo? Esa es la Jerusalén espiritual de Dios, LA IGLESIA... ¡ESTÁ CASADA CON EL MUNDO!
Hay tal frialdad inundando la tierra. Peor aún... Nos pasa lo de Jerusalén en nuestros corazones. La señal de ruinas que lentamente van sacando el poder espiritual y la pasión. Ceguera para la tibieza, ceguera para la mezcla que está entrando sigilosamente. Eso es lo que quiere hacer el diablo sacarte de la batalla y matarte. ENTONCES YA NO ORARÁS MAS. NO LLORARÁS MAS ANTE DIOS.
Te puedes sentar y ver televisión ¡Y TU FAMILIA YENDOSE AL INFIERNO!
Te pregunto... ¿Lo que acabo de decir te trajo convicción al menos? Hay una gran diferencia entre angustia y solo inquietud. Inquietud es algo que empieza a interesarte, te interesas por un proyecto o alguna causa o una preocupación o necesidad.
Quiero decirte algo que he aprendido durante todos mis años, de 50 años de predicar... Si no es nacido en angustia, sino no ha sido nacido del Espíritu Santo; donde tú ves y oyes de las ruinas, que conduce tus rodillas, te lleva a un bautismo de angustia donde empiezas a orar y buscar a Dios.
¡YO SÉ AHORA! ¡OH DIOS MIO! ¿YO lo sé? ¡HASTA QUE YO ESTOY EN AGONIA! ¡HASTA QUE HE ESTADO ANGUSTIADO! Y todos nuestros proyectos, todos nuestros ministerios, todo lo que hacemos. ¿Dónde están los maestros de escuela dominical que lloran por los niños que saben que no escuchan y se están yendo al infierno?
Mira... Una verdadera vida de oración empieza en el lugar de la angustia.
Mira... si pones tu corazón a orar, Dios va a venir y empieza a compartir su corazón contigo. Tu corazón empieza a llorar, Oh Dios mío tu nombre está siendo blasfemado... El Espíritu Santo está siendo burlado, el enemigo está afuera tratando de destruir el testimonio de la fe del Señor... En gran parte ya lo hizo. Está llegando a no ser renovación ni avivamiento, ni despertamiento, hasta nosotros estamos dispuestos para permitirle quebrantarnos una vez más.
Hermanos... Se está haciendo tarde, y se está volviendo serio. Por favor no me digas... que tú estás interesado... Cuando estás pasando horas frente al televisor o el internet. Por favor.
Señor hay algunos que necesitan venir a este altar y confesar... "No soy lo que solía ser, no estoy donde se supone que debo estar, Dios, no tengo tu corazón o tu carga... Lo quería muy fácil. Sólo quise... Ser feliz"
Pero señor, el verdadero gozo viene... El verdadero gozo sale de la angustia. No hay nada de la carne que te de gozo. No me importa cuánto dinero, no me importa cual casa nueva, no hay absolutamente nada físico que pueda darte gozo. El gozo se completa solo por el Espíritu Santo cuando le obedeces y te comparte su corazón.
Construye muros alrededor de tu familia.
Construye los muros alrededor de tu propio corazón.
Sé fuerte e impenetrable contra el enemigo.
Dios... Eso es lo que deseamos.
David Wilkerson. Un llamado a la Angustia.
Tomado de BREAVEHEARTEDGOSPEL
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

La amargura, el pecado más contagioso



Por Jaime Mirón
La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas.
“Amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.
La amargura no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.
La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizá los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es triple:
En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “Él/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima".
El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.
En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho", lo cual nos convence aún más de que estamos actuando correctamente.
Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “Amigo, estás amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte", da la impresión de que al consejero le falta compasión. Me pasó recientemente en un diálogo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre.
Ella lleva más de 30 años cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (Gálatas 6:1) le mencioné que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atrás (Filipenses 3:13), me acusó de no tener compasión. Peor todavía, más tarde descubrí que se quejó a otras personas, diciendo que como consejero carecía de “simpatía” y compasión. Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra cómo la amargura puede dividir a amigos y familiares.
Por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.

LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA

Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.
1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.
2) El espíritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia.
Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos.
Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera.
Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado.
Hace poco un médico muy respetado y supuestamente cristiano había abandonado a su esposa y a sus tres hijos, yéndose con una de las enfermeras del centro médico donde trabajaba. Después de la sacudida inicial, entró en toda la familia la realización de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedió algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdonó de corazón a su (ahora) ex esposo y buscó el consuelo del Señor. Ella todavía tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no está amargada. Sin embargo, los demás familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor.
3) El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “…entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.
Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impíos (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).
En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.
Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios.
4) El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3: 14-15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona! La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la
Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron.
5) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.
6) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que proviene de dos palabras que significan “decir de nuevo". Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para el espíritu de amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.
7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.
Consideremos ahora qué hacer cuando estamos amargados.
Ver la amargura como pecado contra Dios. Sin embargo, si yo estimara la amargura solamente como algo personal contra la persona que me engañó, me lastimó, me perjudicó con chismes o lo que fuere, sería fácil justificar mi rencor alegando que tengo razón pues el otro me hizo daño. Como ya mencionamos, es posible que no hay nada tan difícil de solucionar que la situación de la persona amargada que tiene razón para estarlo.
Cuando tengo amargura en mi corazón, con David tengo que confesar a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). En el momento en que percibo que (a pesar de las circunstancias) la amargura es un pecado contra Dios, debo confesarlo y la sangre de Cristo me lavará de todo pecado. Pablo instruye: “Quítense de vosotros toda amargura". La Biblia no otorga a nadie el derecho de amargarse.
Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a librarnos de toda amargura, nos explica cómo hacerlo: “…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31–32).
El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos guardando rencor.
El perdón no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor. En muchos casos el ofensor ha muerto, pero el rencor continúa en el corazón de la persona herida. Recuerdo el caso de una señora que con lágrimas admitió que su esposo había desaparecido con otra mujer de la iglesia. Durante la conversación me confesó: “Lo he perdonado. Hay y habrá muchas lágrimas, dolor y tristeza, pero me rehúso terminantemente a llegar al fin de mi vida como una vieja amargada.” El hombre consiguió el divorcio y se casó legalmente con la otra mujer. Por su parte, esta señora vive con sus tres muchachos y sirve a Dios de todo corazón; sus hijos aman al Señor y oran para que su padre un día regrese al camino supuesto. ¿Fue injusto? Indiscutiblemente. ¿Hubo otras personas amargadas? Toda mi familia. ¿Viví o vivo con raíz de amargura en mi corazón? Por la gracia de Dios, no.
El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con cordura.
El perdón no es simplemente olvidar, ya que eso es prácticamente imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y aún mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva más profunda. La única manera de apagar la grabadora es perdonar.
Después de una conferencia, una dama me preguntó: “Si el incidente vuelve a mi mente una y otra vez, ¿quiere decir que no he perdonado?” Mi respuesta tomaba en cuenta tres factores:
Es posible que ella tuviera razón. Recordamos que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17:9). El ser humano haría cualquier cosa para mitigar la vergüenza, y es lógico que permanezcan los fuertes sentimientos negativos asociados con una ofensa.
Hay quienes desean que recordemos incidentes dolorosos del pasado. En primer lugar está Satanás, que trabaja día y noche para dividir a los hermanos en Cristo (Apocalipsis 12:10; 1ª Timoteo 5:14). En segundo lugar, la vieja naturaleza saca a relucir el pasado. Los mexicanos emplean la frase “la cruda” al referirse a los efectos de la borrachera al día siguiente. En cierto modo es posible tener una “cruda espiritual” que precisa tiempo hasta no molestar más. Me refiero a ciertos hábitos, maneras de pensar que son difíciles de romper. Si uno en verdad ha perdonado, cada vez que el incidente viene a la memoria, en forma inmediata hay que recordar a Satanás y recordarse a sí mismo que la cuestión está en las manos de Dios y es un asunto terminado que sólo forma parte del recuerdo.
Finalmente existe otra persona o grupo que no quiere que usted olvide el incidente: Aquellos que fueron contagiados por su amargura, aquellos a quienes usted mismo infectó y como resultado tomaron sobre sí la ofensa. Por lo general para ellos es más difícil perdonar porque recibieron la ofensa indirectamente. Por lo tanto, no se sorprenda cuando sus amigos a quienes usted contagió de amargura, se enojan con usted cuando, por la gracia de Dios, ha perdonado al ofensor y está libre de dicha amargura. de Dios. Tener que perdonar un gran mal mientras el ofensor no lo merezca, representa una excelente oportunidad para entender mejor cómo Cristo pudo perdonarnos a nosotros (Romanos 5:8; Efesios 4:32).
El perdón debe ser inmediato. Una vez me picó una araña durante la noche. Tuve una reacción alérgica que duró casi medio año. Ahora bien, si hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo, hubiera quedado una pequeña cicatriz pero no habría habido una reacción tan aguda. Algo semejante sucede con el perdón. Hay que perdonar inmediatamente antes de que “la picadura empiece a hincharse.”
h) El perdón debe ser continuo. La Biblia indica que debemos perdonar continuamente (Mateo 18:22). Perdonar hasta que se convierta en una norma de vida. Uno de los casos más difíciles es cuando la ofensa es continua como en el caso de esposo/esposa, patrón/empleado, padre/hijo, etc. Es entonces cuando el consejo del Señor a Pedro (perdonar 70 veces 7) es aún más aplicable.
El perdón debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satanás venga con sus mañas trayéndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado sí es posible olvidar.
Perdonar es la única manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero perdón ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perdón, olvidar significa:
1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas.
2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona.
3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo.
4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.
5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo.
6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no será posible olvidar.
Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).
El perdón también significa velar por los demás. Al finalizar su libro y bajo la inspiración del Espíritu Santo, el escritor de Hebreos exhorta a todos los creyentes a que seamos guardianes de nuestros hermanos. Se requiere un compromiso profundo con Dios a fin de no caer en la trampa de la amargura. Cristo mismo nos dará los recursos para vivir libres del “pecado más contagioso”.
Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. :
Editorial Unilit, 1994, S. 8
http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com