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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Diez Mandamientos para una vida cristiana armoniosa




“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Romanos 12.18. La experiencia nos ha enseñado que un espíritu tolerante y apacible es un elemento esencial para poder vivir pacíficamente con nuestros semejantes.

A continuación transcribimos un decálogo que encontramos en una oficina de correos de San José, Costa Rica. Las ideas vertidas allí nos ayudarán a mantener buenas relaciones con las personas que encontremos en el camino de la vida.

Controle su lengua.
Siempre diga menos de lo que piensa.
Cultive un tono de voz bajo y agradable. El modo como dice algo es de tanta importancia como lo dice.

Sea cauteloso.
Especialmente al hacer promesas. Luego, cumpla su palabra; no importa lo que le cueste.

Bendiga a otros.
Nunca deje pasar la oportunidad para decir una palabra amable y alentadora a alguno, o acerca de alguien. Alabe el trabajo bien hecho, no importa quien lo haya realizado. Si la crítica es necesaria, sea constructivo; no lo haga con rencor.

Interésese en los demás.
Averigüe sus anhelos, su bienestar personal, sus hogares y familias. Gócese con los que se gozan; con aquellos que lloran procure aliviar su dolor, o al menos acompañarlos. Hágale sentir a la otra persona cuánto vale.

Sea positivo. 
Procure evitar un espíritu negativo. Busque la posibilidad para avanzar y ayudar a otro a hacerlo.

Conserve una mente abierta.
Cuando tengo que debatir con otra persona, discuta sin airarse. Una buena señal de las mentes superiores es la de poder estar en desacuerdo con otros, pero a la vez ser amigable.

Permita que sus virtudes hablen por sí mismas. 
Rehúse hablar de los males ajenos. Evite los chismes. Tenga por regla personal no hablar de otra persona a menos que sea algo bueno o estrictamente necesario.

Tenga cuidado con los sentimientos ajenos.
Los chistes y burlas acerca de otros no valen la pena. En muchas ocasiones pueden herir a las personas que menos nos imaginamos.

Sepa en qué basar su autoestima.
Nunca preste atención a los comentarios hirientes o críticas dirigidas a usted. Viva de tal modo que la gente no crea lo malo que alguien dice de usted. No dejemos que nuestro espíritu se llene de amargura hacia los demás. Eso sólo producirá mala digestión y afectará nuestros nervios produciendo estrés.

No esté ansioso por recibir recompensas. 
Cumpla con su trabajo, sea paciente y mantenga siempre una disposición dulce y agradable.
Olvídese de sí mismo y usted será recompensado, en algún tiempo, en alguna forma, en algún lugar.

¿Recuerda las bendiciones del pasado –cuando alguien fue especialmente amable y de gran ayuda para usted? Rememore sus bendiciones… y se sorprenderá de cuánto ha hecho el Señor por usted.

Anónimo

lunes, 14 de septiembre de 2015

LIBROS APÓCRIFOS

"Transcribimos textualmente el articulo publicado por la SOCIEDAD BÍBLICA TRINITARIA"  14 de septiembre 2015


Biblia del Cántaro (1602)

¿Qué son los libros apócrifos?
A lo largo de los siglos la iglesia del Señor ha identificado cuáles son los libros inspirados pertenecientes al canon[i] de la Biblia y cuáles son libros espurios.
Ahora hay una diferencia entre protestantes y católicos respecto a la terminología utilizada para referirse a estos libros. Nosotros, los protestantes, desde el tiempo de la Reforma hemos acuñado el término “apócrifo” (del latín apócryphus) para denominar aquellos libros que no pertenecen a la Biblia por considerarlos “no inspirados” por el Espíritu Santo; por lo tanto no pertenecen a la Palabra de Dios. Pero la Iglesia Católica los denomina: “deuterocanónicos”, o segundamente canónicos, teniendo para ellos un valor de inspiración de forma secundaria. Al referirnos a los libros apócrifos, nos referimos mayormente a aquellos libros agregados al Antiguo Testamento, que no vienen de la lista hebrea (Tanaj), sino de una traducción al griego conocida como la Versión Septuaginta (LXX), fechada entre el 280 al 30 a.C. Quiere decir que estos libros nunca fueron reconocidos por el pueblo judío. No obstante, la Iglesia Católica los incluyó en la Vulgata Latina[ii] de forma forzada, ya que Jerónimo los rechazó enérgicamente. En las traducciones de la era de la Reforma, estos libros fueron incluidos pero con diversas aclaraciones de que no eran inspirados. De hecho, Casiodoro de Reina los incluyó en la Biblia del Oso[iii], pero Cipriano de Valera, en su revisión de la Biblia del Cántaro,[iv] los pone agrupados al final del Antiguo Testamento para apartarlos del resto de los libros canónicos (ver foto de portada). Valera, en el prólogo de su revisión, dedica un apartado para explicar qué son los libros apócrifos. A continuación citamos una parte de esta explicación:
“Hemos probado bastantemente cuántos y cuáles sean los libros canónicos del Antiguo Testamento, a saber veintidós, de donde se sigue manifiestamente que todos cuantos libros se añadieren a estos 22[v]no son canónicos, no son Sagrada Escritura. Nuestros adversarios admiten los mismos 22 libros, que hemos nombrado por canónicos. Pero no contentándose con estos 22, admiten, no haciendo caso de lo que los Antiguos Hebreos, Griegos y Latinos ni de lo que muchos modernos Latinos determinan, otros libros por canónicos, a los cuales dan la misma autoridad y crédito que a los otros, que verdaderamente son canónicos.”
  
¿Cuáles son los libros apócrifos que agregó la iglesia católica a sus Biblias?
Esta es la lista de libros y porciones agregadas en las Biblias católicas:
  • El Libro de Tobías o Tobit
  • El Libro de Judit
  • Las “adiciones griegas” al Libro de Ester
  • El Libro de la Sabiduría
  • El Libro del Eclesiástico, Sirácida o Sirácides
  • El Libro de Baruc
  • La Carta de Jeremías (Baruc 6)
  • La Oración de Azarías (Daniel 3:24-50)
  • El Himno de los tres jóvenes (Daniel 3:51-90)
  • La Historia de Susana (Daniel 13)
  • La Historia de Bel y el Dragón (Daniel 14)
  • El Libro I de los Macabeos
  • El Libro II de los Macabeos
En el siglo XVII, en la declaración de fe de Westminster[vi], los cristianos protestantes definen la lista de libros canónicos y comentan referente a los apócrifos:
Los libros comúnmente llamados apócrifos no forman parte del canon de la Escritura por no ser de inspiración divina. Por lo tanto, carecen de toda autoridad en la Iglesia de Dios y no deben aprobarse ni utilizarse sino como otros escritos humanos. (Capítulo: Las Sagradas Escrituras).

No imprimimos Biblias con libros apócrifos
Desde su constitución en 1831 la Sociedad Bíblica Trinitaria tiene fijado en sus estatutos lo siguiente:
Esta Sociedad difundirá las SAGRADAS ESCRITURAS, tal como constan en los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento… con exclusión de los Apócrifos.[vii]
El grupo de creyentes que se separó de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera (SBBE), para formar la Sociedad Bíblica Trinitaria (SBT), tuvo como tema de discusión que la SBBE había empezado a hacer alianza con los católicos, proveyéndoles Biblias con los libros apócrifos. Esta forma de ecumenismo fue denunciado por los creyentes del Reino Unido que formaron la original SBT. La SBT siempre ha sido fiel al canon bíblico protestante, imprimiendo sólo Biblias sin los libros apócrifos. Tristemente las Sociedad Bíblicas Unidas (SBU) actualmente imprimen Biblias con los libros apócrifos para el público católico (aparte de mantener lazos con traductores católicos y de realizar las denominadas “traducciones interconfesionales). Esta y otras razones llevan a que nuestra Sociedad no tenga comunión ni colaboración de trabajo con la SBU.
Jeremías 23:28   … y aquel con quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.
Así como se diferencia la “paja del trigo”, la iglesia de Cristo ha diferenciado históricamente la palabra de los hombres de la verdadera Palabra de Dios. Nuestra Sociedad se une a la historia de la iglesia del Señor para velar por versiones fieles de las Escrituras diciéndole: ¡No! a los libros apócrifos.

 NOTAS
[i] Término de origen griego (κανών) que significa “vara (de medir)” refiriéndose al algo completo o perfecto. El canon bíblico es el conjunto de libros que se consideran divinamente inspirados y que por lo tanto forman parte de la Biblia.
[ii] Traducción de la Biblia hebrea-griega realizada por Jerónimo de Estridón al latín, siglo IV, encargada por el papa Dámaso I.
[iii] Traducción de Casiodoro de Reina publicada en el año 1569 en Basilea, Suiza.
[iv] Revisión de Cipriano de Valera publicada en el año 1602 en Ámsterdam, Holanda.
[v] Se computan 22 libros de acuerdo a la forma de clasificación hebrea. Actualmente en las Biblias protestantes son 39.
[vi] La Confesión de Fe de Westminster es un breve resumen teológico apologético del credo cristiano protestante calvinista promulgado en 1646.
[vii] “Estatutos y Reglamentos” de la Sociedad Bíblica Trinitaria, inciso tres.



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