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martes, 23 de junio de 2015

Jehová es mi pastor, nada me faltara... ¿qué significa esto?

La palabra pastor, en la Biblia, está en cuarenta y cuatro oportunidades. Allí, la palabra original es POIMEN, y significa: apacentador, guía de ovejas, uno que cuida, uno que dirige, uno que atiende, uno que alimenta y uno que protege. Cuando decimos que Jehová es "nuestro pastor" estamos declarando que es él quien nos trae paz (apacienta), quien nos guía, quien nos cuida, quien nos dirige, quien nos atiende y quien nos alimenta y protege.
Cuando decimos “mi pastor” estamos declarando pertenencia, posesión… estamos dándole a este pastor autoridad absoluta así como la responsabilidad de cuidarnos. Esta relación oveja – pastor se desarrolla a través de la convivencia diaria. Un pastor de ovejas pasa la mayor parte de su tiempo al cuidado de ellas. Esta relación hace que ellas sientan tranquilidad cuando escuchan su voz ya que es a través de esta convivencia que aprenden a identificar su voz y solo al oírlo a él avanzan o se detienen. Las ovejas van solamente donde su pastor las dirige. Las ovejas son animales pasivos quienes son atacadas no solo por grandes depredadores como lobos, osos o hienas sino también por pequeños insectos que las atacan de manera sutil entrando en sus narices y dejando larvas allí, estas larvas se convierten en gusanos que llegan incluso hasta sus cerebros causándoles la muerte. De hecho esta es una de las principales causas de muerte en las ovejas, y solo sus pastores pueden brindarles el remedio para este mal. Ellas por sí solas no pueden defenderse de estos ataques es en este caso que su pastor aplica los ungüentos necesarios para mantener alejados los insectos de sus narices.
Esta relación oveja – pastor produce beneficios no solo para las ovejas quienes se ven protegidas y sustentadas sino también para el pastor quien obtiene grandes beneficios de su pelaje uno de los mayores recursos utilizados en la industria textil para la producción de telas. Así como en el caso de las ovejas, al decir “Jehová es mi pastor” nos sometemos por completo a su cuidado, provisión y protección. El mismo Jesús nos dijo que él es “nuestro buen pastor” y que el buen pastor su vida da por sus ovejas (Juan 10:14)… esto hizo él, su vida dio por nosotros. Por su sacrificio en la cruz nosotros tenemos salvación… por ese sacrificio hoy podemos clamar por sanidad, porque por sus llagas fuimos nosotros curados (Isaías 53:5).
Jesús es nuestro buen pastor, sin embargo, ¿podemos nosotros decir que somos buenas ovejas? ¿Puede Jesús decir que obtiene los beneficios que un pastor obtiene de sus ovejas? ¿Somos ovejas obedientes que escuchan y solo siguen la voz de “su buen pastor”? ¿O somos ovejas que reclaman los derechos pero no aportan los beneficios a su buen pastor?
Jesús dijo que él sabe quiénes son sus ovejas porque él las conoce, éstas oyen su voz y lo siguen y él les da vida eterna y estas no perecen jamás… nadie puede arrebatarlas de su mano porque su padre se las dio y nadie puede arrebatar nada de las manos del padre (Juan 10:27-29). La realidad es que aunque digamos que Jehová es nuestro pastor, si no escuchamos su voz y no le seguimos entonces somos ovejas descarriadas o sencillamente no somos parte de su rebaño. La buena noticia es que podemos pasar a ser parte de su rebaño al pasar de lo que somos a ser ovejas y por decisión propia entrar a su rebaño aceptando su sacrificio en la cruz, confesándolo como Señor y Salvador y reconociendo que Dios lo levantó de entre los muertos (Romanos 10:9). Si nos hemos descarriado sabemos que “el buen pastor” vino precisamente a buscar aquella oveja perdida y que se regocija más por la oveja rescatada que por las miles de ovejas que aún están en su rebaño. Para volver a su rebaño solo tenemos que detenernos y escuchar su voz y seguir su instrucción y dirección. Esto lo encontramos en la Palabra de Dios en Mateo 18:11-13 “11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
Por otro lado cuando decimos “nada me faltará” significa que si reconocemos a Jehová como nuestro pastor entendemos que él provee todo lo que nos hace falta. Es importante reconocer el concepto real de este fundamento: “todo lo que me falta” no es lo mismo que “todo lo que yo deseo”. Dios sabe de qué tenemos necesidad y suple conforme a esta necesidad. Filipenses 4:19 nos dice “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
Cuando hablamos de necesidad por lo general nos referimos a lo que deseamos no a lo que realmente necesitamos. Sencillamente, si estamos vivos es porque tenemos todo lo que necesitamos y si morimos con Cristo entonces obtenemos aún más de lo que merecemos y esto es vida eterna. ¿Es malo acaso desear cosas terrenales? Ciertamente no, sin embargo hay que estar claros en que “tenemos lo que necesitamos” y debemos vivir satisfechos y agradecidos con lo que poseemos. Si quieres más, busca primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas te llegarán por añadidura (Mateo 6:33).
Antes de desear más, debemos detenernos y analizar qué estamos haciendo con lo que ya tenemos. Si somos fieles en lo poco, sobre lo mucho nos pondrá Dios (Mateo 25:23). Tenemos vida, ¿qué estamos haciendo con ella? ¿Nuestras vidas dan glorias a Dios? ¿Nuestras vidas dan testimonio de la grandeza, misericordia y amor de Dios? Si quieres más vida, usa la que ya tienes para la gloria de Dios y tendrás más. Esta misma analogía podemos usarla para todas los deseos que guardamos en nuestros corazones… si queremos más debemos ser buenos mayordomos con lo que ya tenemos… porque a todos Dios nos ha puesto algo en las manos.
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