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jueves, 28 de febrero de 2013

LOS SIETE PECADOS ABOMINABLES


TEXTO BASE: 
Proverbios 6:16-19 - Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos. 
INTRODUCCIÓN
Dios nos ha dado su palabra para que conozcamos su naturaleza, su voluntad y sus planes. La palabra también nos advierte de las cosas que debemos evitar para no ofender a Dios. La Biblia enseña que hay siete tipos de persona que Dios abomina (que aborrece y condena energéticamente). A continuación estaremos mencionando a tales personas
PRESENTACIÓN
A- EL DE OJOS ALTIVOS: 
1) La altivez se define como: Orgulloso y Soberbia. Un concepto propio mayor del que se debe tener. 
2) El orgullo fue lo que convirtió al ángel mas poderoso en lo que se conoce hoy día como Satanás (Isaías 14 y Ezequiel 28) 
3) Sabemos que el orgullo es vanidad, exceso de estima propia, que produce altanería. El creerse que todo se merece, que todo sabe, que es mejor que cualquiera, o que es muy bueno produce arrogancia y altivez de Espíritu, lo cual impide ver a Dios. 
4) Cual es la solución para el orgullo? La solución a este problema es la humildad. (Romanos 12:16)
5) …tú salvaras al pueblo afligido, y humillaras los ojos altivos. (Salmos 18:27)
B- LA LENGUA MENTIROSA: 
1) Mentir = decir deliberadamente lo contrario a la verdad con el propósito de engañar
2) Existen mentirosos en las Iglesias? *Hechos 5:1-11 relata el caso de la muerte de Ananias y Safira por causa de una mentira.
3) Por que miente la gente? a) Para ocultar errores y pecados 
b) Por temor (a perder la vida, relaciones o algo valioso)
c) Para recibir reconocimiento y beneficios 
d) Para tratar de defender a otros

4) Los mentirosos piensan que no hacen daño a nadie con sus mentiras “blancas o piadosas”, pero cuando mienten se perjudican a si mismo porque Dios aborrece su conducta que ofende la santidad de Dios. 
5) Los mentirosos son engañosos, aparentes, y falsos. Fingen y tergiversan la verdad, y para ocultar su mentira, mienten de nuevo. Caen en círculos viciosos y cuando menos se dan cuenta, o se creen ya sus mentiras, o no se acuerdan de las mentiras que tuvieron que decir para sostener sus previas mentiras, siendo así expuestos, tarde o temprano, por la Verdad. 
6) La Biblia presenta a Satanás como el padre de la mentira (San Juan 8:44), por consiguiente todo aquel que miente se convierte en hijo de Satanás.
7) Apocalipsis 21:8- claramente enseña que el destino final de los mentirosos será el lago de fuego (lejos de la presencia de Dios por la eternidad)
C- LOS DERRAMADORES DE SANGRE INOCENTE: 
1) En esta categoría entran todos los homicidas. 
2) La Biblia dice que todos los homicidas están excluidos del Reino de Dios (Apocalipsis 21:8) 
3) En el pacto de la Gracia por medio del perdón de Pecados todos los que se arrepienten de sus pecados y se convierten al Dios salvador, son perdonados, lavados y redimidos por la Sangre de Jesucristo, aun los homicidas. 
4) Pero todos los que derraman sangre inocente impunemente y que jamás se arrepienten, su destino eterno es el mismo que el primer homicida, Satanás. Los homicidas, sin saberlo, cumplen los deseos del diablo el cual es homicida desde el principio. Jesús dijo: Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en Él.. Juan 8:44
D- EL CORAZÓN QUE MAQUINA PENSAMIENTOS INICUOS. 
1) Iniquidad es lo contrario a equidad, y la equidad es la justicia. 
2) El corazón que maquina pensamientos inicuos es el de todos los injustos, que prefieren profanar el derecho ajeno que ceder el propio. La iniquidad es una maldad que va de la mano con la injusticia. 
3) Lo único que puede consolar a todos aquellos que han sido victimas de personas así, es saber y estar seguros que Dios los abomina y lo que han sembrado segarán. 
4) Lo único que puede remover la amargura del corazón de una persona que ha sido victima de un malvado de este tipo, es el perdón. Cuando perdonamos a los malvados, Dios corta el lazo entre ellos y nosotros. 
5) Consumase ahora la malicia de los inicuos, y establece al justo; Pues el Dios justo prueba los corazones. Mi escudo está en Dios, Que salva á los rectos de corazón. Salmos 7:9-10
E- LOS PIES PRESUROSOS PARA CORRER AL MAL: 
1) Hay personas que indudablemente tienen atracción hacia el mal. Quizá por su pasado, el mal ejemplo recibido en sus casas, el desconocimiento total de Dios, y el desconocimiento de cualquier valor moral, social, o la falta de educación. Quizá la persona que jamás ha recibido amor, se conforme con la maldad que el mundo y Satanás ofrecen. 
2) El diccionario define al malvado como: Persona astuta, sagaz, que tiene sutileza y maña aun en las cosas buenas. Pero el proverbio dice que es una persona que corre presurosa al mal. Es decir que es la persona que definitivamente no sabe lo que esta haciendo, ni a donde va. 
3) El destino de todos los malvados es el mismo: los malvados son rechazados, estigmatizados, y segregados. Por lo general, terminan mal. 
4) Más los ojos de los malos se consumirán, Y no tendrán refugio; Y su esperanza será agonía del alma. Job 11:20
F- EL TESTIGO FALSO QUE HABLA MENTIRAS: 
1) El mentiroso que falsea en la verdad, se perjudica grandemente a si mismo, como ya lo vimos en el punto numero 2. Pero un testigo falso es el que habla mentiras y puede definir la libertad de otra persona, victimando a esa persona por una injusticia muy grande. 
2) Benito Juárez definió la paz como el respeto al derecho ajeno. Pero la Biblia lo dijo primero, pues Dios en los mandamientos nos exige respetar a nuestro prójimo, y su casa, y sus criados, rebaños y todas sus pertenencias. 
3) El testigo falso que habla mentiras acusa a un inocente, y puede producirle la perdida de su libertad. Conociendo cuan justo es Dios, ¿en verdad crees que el testigo falso quedara impune? Pienso que no, tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, y los remordimientos perseguirán al mentiroso por el resto de su vida, o hasta que se arrepienta, pida perdón a Dios y a la persona afectada por sus acciones, y restituya en lo posible lo que esta persona perdió por sus acciones. 
4) El testigo falso es una combinación de mentiroso con el que maquina pensamientos inicuos y con el que sus pies corren presurosos a hacer el mal. Por algo Dios lo abomina, pues Dios es amante del derecho. 
5) El que habla verdad, declara justicia; Mas el testigo mentiroso, engaño. Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: Mas la lengua de los sabios es medicina. El labio de verdad permanecerá para siempre: Mas la lengua de mentira por un momento. Proverbios 12:17-19
G- EL QUE ENCIENDE RENCILLAS ENTRE LOS HERMANOS: 
1) El rencilloso es aquel que da lugar a un estado de pleito entre dos o más personas. 
2) Nosotros como hijos de Dios hemos sido llamados a buscar la paz y seguirla. Jamás debemos participar en rencillas entre hermanos. El rencilloso en cambio, sutilmente engaña a unos y a otros, tergiversa la verdad y produce confusiones que generan malos entendidos que a su vez producen rencillas. 
Quizás sea esta la razón por la cual Jesucristo nos dejo al Espíritu de Verdad, para que nos lleve a toda la verdad. Quizás sea por esto que quedo escrito que los cristianos debemos probar a los espíritus que nos hablan. Y con esto no quiere decir que los espíritus se andan apareciendo por ahí y nos hablan. Sino que tenemos que discernir el espíritu que mueve a la persona que nos esta hablando. 
Si nosotros como cristianos oráramos antes de creer nada, pidiéndole a Jesús que nos lleve de la mano a la Verdad, otro gallo cantaría. Pero sabe bien Satanás que mientras haya divisiones entre hermanos, no hay acuerdo, y por ende, no hay poder. Mucho cuidado, pues en participar en ello, pues definitivamente para que haya rencillas entre hermanos tiene que haber por lo menos dos que no escuchan la voz del Espíritu Santo. 
3) El hombre malo, el hombre depravado, Anda en perversidad de boca; Guiña de sus ojos, habla con sus pies, Indica con sus dedos; Perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; Enciende rencillas. Por tanto su calamidad vendrá de repente; Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio. Proverbios 6:12-15
Pastor Héctor Cáceres
 

martes, 26 de febrero de 2013

La Bienaventuranza de no Poseer Nada

y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 16:24, 25)

Dividiendo en fragmentos esta verdad, a fin de entenderla mejor, vemos que hay dentro de nosotros un enemigo cuya presencia toleramos con grave peligro. Jesús lo denominó “vida” o “nuestra vida,” o como diríamos nosotros, nuestro propio ser, cuya principal característica es el deseo de poseer. Así lo demuestran las palabras “ganancia” y “provecho.” Permitir a este enemigo vivir, terminará al final con todo. En cambio repudiarlo, y con él repudiar el mundo de las cosas, dará como resultado final la vida eterna con Cristo. Se insinúa también cual es la única manera de acabar con este enemigo: por medio de la Cruz. “Tome su cruz cada día, y sígame.”

La mejor manera de adquirir mayor conocimiento de Dios es pasando por valles sombríos de tristeza y soledad. Los bienaventurados que poseen el reino son aquellos que han repudiado todo lo externo, y han desarraigado del corazón todo deseo de poseer cosas. Estos son los verdaderos “pobres en espíritu” En su vida interior han llegado a ser semejantes a los mendigos que deambulaban por las calles de Jerusalén. Ese es el significado de la palabra “pobre” en labios de Cristo. Esos bienaventurados pobres han dejado de ser esclavos de la tiranía de las cosas. Han roto el yugo del opresor, hallando la liberación, no por medio de luchas, sino por medio de la rendición. No teniendo deseos de poseer nada, ‘llegan a poseerlo todo”, “De ellos es el reino de los cielos”

Permitidme que os exhorte a tomar esto seriamente. No lo toméis como una simple enseñanza bíblica más, para alojarla en un rincón de vuestra mente junto a otra masa inerte de doctrinas. Lo que digo es un indicador del camino hacia los verdes pastos, es una senda labrada en la empinada cuesta de la montaña de Dios. Si queremos continuar en la sagrada búsqueda, no debemos tomar otro camino fuera de este. Y debemos ascender paso a paso. Si nos negamos a dar un paso, dejamos de subir.

Como ocurre a menudo, este principio neo testamentario de vida espiritual tiene su ilustración en el Antiguo Testamento. En la historia de Abraham e Isaac tenemos una descripción dramática de lo que es la vida completamente rendida, y al mismo tiempo un comentario a la primera bienaventuranza.

Cuando Isaac nació Abraham ya era un hombre bien entrado en años. Tenía edad suficiente para ser el abuelo del que ahora era su hijo. El niño no tardó en convertirse en el ídolo y el deleite de su padre.

Desde el primer momento que Abraham lo alzó en sus brazos, se constituyo en el esclavo de amor de su hijo. Dios no tuvo a menos comentar este intenso amor paternal, y esto es fácil de comprender. El niño representaba todo aquello que más amaba y reverenciaba el anciano patriarca: las promesas de Dios, los pactos, las esperanzas acariciadas durante años y los sueños mesiánicos tantas veces soñados. A medida que el niño iba creciendo de la infancia a la juventud, el corazón de Abraham se ligaba más y más con él, hasta que esta estrecha relación llegó a hacerse peligrosa. Fue entonces que Dios intervino en las vidas del padre y el hijo para salvar a ambos de las consecuencias de un amor demasiado humano.

Dios le dijo a Abraham, “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2).

El escritor sagrado no nos dice de la agonía de aquel padre, en la noche que pasó junto a las colinas de Beerseba, cuando estuvo a solas con Dios. Pero podemos imaginarla respetuosamente.

Es posible que esta agonía no volviera a producirse en ningún otro hombre, hasta aquella noche en el huerto de Getsemaní, cuando Uno, mucho más grande que Abraham, luchó también con Dios. Hubiera sido mucho más preferible que el propio anciano fuera el que tenía que morir.

Hubiera sido mucho más soportable, porque ya era muy viejo, y la muerte no hubiera sido penosa para uno que estaba acostumbrado a caminar con Dios. Además Abraham se hubiera sentido dichoso de contemplar por última vez a su hijo, en quien habían de cumplirse las antiguas promesas de Dios.

¡Cómo podría sacrificar al muchacho, aun cuando pudiese apaciguar su corazón y realizar el sacrificio! ¿Y cómo habría de cumplirse la promesa de Dios, “en Isaac te será llamada descendencia”? Esta fue la prueba de fuego para Abraham y él no falló en el momento crucial.

Mientras las estrellas todavía brillaban sobre la tienda en que dormía Isaac, y antes que la cenicienta luz del alba comenzara a clarear por el oriente, el viejo santo había hecho su decisión.

Ofrecería su hijo en holocausto, tal como Dios le había dicho, plenamente convencido que Dios lo haría resucitar de entre los muertos Esta, dice la carta a los Hebreos, fue la solución que halló aquel adolorido corazón en la hora más negra de su vida. Y “muy de mañana” se levantó para cumplirla. Es precioso ver cómo, aunque Abraham había errado en comprender los métodos de Dios, estaba acertado en la comprensión de las intenciones de su corazón. La solución concuerda con lo que dice el Nuevo Testamento: “El que perdiere su vida por amor de mí, la hallará”

Dios dejó que el afligido anciano fuese hasta el punto en que no había retorno. Luego, impidió que hiciera daño al muchacho. En efecto, le está diciendo al patriarca, “Nunca fue mi intención sacrificar al muchacho. Lo que yo quería era quitarlo del templo de tu corazón para poder reinar yo en él, sin que nada, ni nadie, puedan disputarme ese lugar. Quise corregir la dirección de tu amor. Ahora puedes contar con tu hijo sano y bueno. Regresa con él a la tienda; ya sé que temes a Dios, pues no me has rehusado tu hijo, tu único.”

Después de esto se abrieron los cielos, y se oyó una voz que dijo: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único, bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:16-18)

El anciano varón de Dios levantó la cabeza para responder a la voz y se detuvo allí sobre el monte, fuerte, puro y grande; un hombre a quien Dios había elegido para un fin especial, el amigo preferido del Altísimo. Abraham era pues un hombre totalmente rendido a Dios, completamente sometido a él, y sin nada que pudiera llamar suyo. Había puesto todo en su amado hijo, y Dios se lo había quitado.

Dios pudo haber comenzado de a poco, trabajando en la periferia de la vida de Abraham, pero prefirió ir directamente al corazón y hacer la separación con un solo tajo. Así economizó tiempo y dolor, y la acción fue efectiva.

He dicho que Abraham no tenía nada que pudiera llamar suyo. Pero, ¿no era rico este hombre? Tenía siervos, ovejas, camellos, ganado y bienes de toda clase.

Además tenía a su esposa, y sus amigos, y lo que era mejor aún, tenía a Isaac, su hijo. Tenía de todo, pero nada era suyo. Este es el secreto espiritual, la dulce teología del corazón que se aprende en la escuela del renunciamiento. Los libros de teología sistemática no hablan de esto, pero los entendidos lo comprenden.

Después de esta amarga, pero bendita experiencia, creo que las palabras “mi” y “mío,” adquirieron otro significado para Abraham. El sentido de posesión que ellas conllevan había desaparecido de su corazón. Las cosas se habían ido para siempre. Era algo externo al hombre.

Ya no tenían lugar alguno en el corazón de Abraham. El mundo podía decir, “Abraham es rico,” pero el anciano por dentro sonreía. No podía explicárselos a ellos, pero él sabía que nada poseía. Sus tesoros verdaderos eran internos y eternos.

Sin duda alguna el hábito de apegarse a las cosas materiales es uno de los más dañinos de la vida. Hábito que por ser tan natural, pasa tantas veces desapercibido. Pero sus resultados son desastrosos.

Con harta frecuencia negamos dar nuestros bienes al Señor por el temor de perderlos, especialmente cuando dichos tesoros son miembros de nuestra familia, o amigos queridos. Pero no tenemos razón para abrigar tales temores. Nuestro Señor no vino para destruir sino para salvar. Todo lo que encomendamos a su cuidado está seguro. La verdad es que no hay nada que esté realmente seguro si no se lo encomendamos a él.

También debemos entregarle nuestros dones y talentos. Debemos reconocer que son simplemente préstamos que Dios nos ha hecho, y no debemos suponer que son propiedad nuestra. No debemos reclamar méritos por talentos o habilidades como no debemos alabarnos, por el color de nuestro pelo o nuestros ojos. “Porque, ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías, como si no hubieras recibido?” (1Corintios 4-7)

El cristiano suficientemente despierto reconocerá esta maligna tendencia de su corazón, y le apenará el hecho de que ella exista. Si su anhelo de conocer más profundamente a Dios es lo bastante fuerte, querrá hacer algo para remediar el mal. La pregunta es, ¿qué es lo que puede hacer?

Lo primero de todo es poner aparte todo intento de defensa y no hacer ningún intento de justificarse ante sus propios ojos o los ojos de Dios. Quien quiera que trate de defenderse a sí mismo, no tendrá quién acuda en su defensa, pero si se presenta indefenso delante de Dios, su defensor será el propio Dios. El cristiano deseoso de mejor vida espiritual debe olvidarse de cualquier treta resbaladiza que imagine su corazón, y presentarse franca y humildemente delante de Dios.

También debe tener presente que este es un asunto santo. Ningún tratamiento superficial o descuidado arreglará la situación. El que quiera recibir la ayuda y bendición de Dios, debe acercarse a él con la plena y absoluta determinación de que él le oiga. Debe insistir en que Dios acepte todo, y tome todas las cosas que hay en su corazón, y que el Señor mismo venga a ser el rey. Tal vez sea necesario que mencione cada cosa y cada persona por nombre. La persona que lo haga así, con franqueza, con sinceridad, sin reservas de ninguna clase, acortará el tiempo de su agonía, reduciéndolo de años a minutos, y entrará a la tierra prometida mucho antes que los que creen que a Dios hay que tratarlo con mucha precaución.

No debemos olvidar que estas verdades espirituales no se aprenden por repetición, como se aprenden las reglas de la física y otras ciencias. Las verdades divinas se aprenden por experiencia, sintiéndolas antes de poder saber lo que son. Si queremos conocer las bendiciones de Abraham debemos sentir en carne propia sus mismas angustias y agonías. La antigua maldición no desaparece sin producir dolores. El viejo miserable que hay dentro de nosotros no se rinde, ni muere, acatando nuestras órdenes. Ha de ser arrancado de nuestro corazón como se arranca una mala hierba fuertemente adherida a la tierra. Es necesario extraerlo con dolor y derramamiento de sangre, igual que una muela que se extrae de la mandíbula. Debe ser expelido fuertemente del alma, de la misma manera que Jesús echó a los mercaderes del templo. Por nuestra parte debemos resistir la tentación de tener lástima de nosotros mismos, uno de los pecados más reprensibles de la naturaleza humana.

Si deseamos conocer a Dios en una creciente intimidad, debemos renunciar a todo deseo de propia complacencia. Tarde o temprano, Dios nos someterá a esta prueba. Cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, el patriarca no sabía que Dios lo estaba probando. Si él hubiera asumido otra actitud diferente de la que asumió, la historia del Antiguo Testamento hubiera sido muy diferente.

Dios hubiera hallado otro hombre como el que buscaba, y Abraham se hubiera hundido en el anonimato. De igual modo a cualquiera de nosotros puede llegarnos la prueba en cualquier momento, quizás sin que nos demos cuenta de que es una prueba. En el momento de prueba no habrá más que una sola alternativa, y todo nuestro porvenir dependerá de la elección que hagamos.

Padre, ansío conocerte, pero mi cobarde corazón teme dejar a un lado sus juguetes. No puedo deshacerme de ellos sin sangrar interiormente, y no trato de ocultarte el terror que eso me produce Vengo a ti temblando, pero vengo. Te ruego que arranques de mi corazón todo eso que ha sido tantos años parte de mi vida, para que tú puedas entrar y hacer tú morada en mí sin que ningún rival se te oponga. Entonces harás que tu estrado sea glorioso, no será necesario que el sol arroje sus rayos de luz dentro de mi corazón, porque tú mismo serás mi luz, y no habrá más noche en mí. Te lo imploro en el nombre de Jesús, amén.

lunes, 25 de febrero de 2013

El Evangelio Según JESUCRISTO


El Evangelio de Dios
Es la creencia de todos los cristianos en todas partes del mundo que Dios se ha revelado a Sí Mismo a través de las Sagradas Escrituras, pero ¿Qué nos dicen ellas? y ¿Cuál es su mensaje principal? El contenido de la Biblia es tan extenso en todo lo que abarca que seria imposible resumirlo en este breve folleto, sin embargo, se puede decir con certeza que su mensaje principal se resume en el Evangelio.
1. ¿Que significa la palabra Evangelio?
La palabra “Evangelio” significa literalmente “buenas o gratas noticias.” En la Escritura, la palabra se refiere a las buenas o gratas noticias de Dios.
2. ¿Cuan importante es el Evangelio?
a.- El Evangelio es el único mensaje por el cual el hombre puede recibir la salvación:
“Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego.” Romanos 1:16
b.- Cristo mando a la Iglesia que predicara el Evangelio a todo el mundo sin excepciones:
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15
c.- El Evangelio es tan importante que cualquier falsificación de ello resulta en condenación:
“Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema (bajo maldición).  Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.” Gálatas 1:8-9
3. ¿Qué es el Evangelio?
“Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué… Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;” 1Corintios 15:1-4
4. Según 1 Corintios 15:1-4, ¿Cuáles son los dos puntos principales del Evangelio?
(1) Cristo murió por nuestros pecados.
(2) Cristo resucitó al tercer día.
5. ¿Como debemos responder al evangelio?
“El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” Marcos 1:15
El Evangelio de Dios Explicado
6. ¿Por qué murió Cristo?
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.” 1 Corintios 15:3
7. ¿Son pecadores todos los hombres sin excepciones?
“Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque.” Eclesiastés 7:20
“Mira, sólo esto he hallado: que Dios hizo rectos a los hombres, pero ellos se buscaron muchas artimañas.”
Eclesiastés 7:29
“Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,” Romanos 3:23
8. ¿Cuán grande es nuestra pecaminosidad?
a.- Nacimos en pecado habiendo heredado la naturaleza pecaminosa de Adán:
“He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.” Salmos 51:5
“Desde la matriz están desviados los impíos; desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras.” Salmos 58:3
b.- Nuestro corazón y pensamientos son corruptos:
“Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal.” Génesis 6:5
“Porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud.” Génesis 8:21
“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?” Jeremías 17:9
“Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” Mateo 15:19-20
c.- Nuestras obras son corruptas:
“Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.” Isaías 64:6
“NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; TODOS SE HAN DESVIADO, A UNA SE HICIERON INÚTILES  NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO, NO HAY NI SIQUIERA UNO.” Romanos 3:10-12
9. ¿Podemos hacer algo para limpiarnos o cambiarnos?
“Aunque te laves con soda (lejía) y uses mucho jabón, la mancha de tu iniquidad está aún delante de mí –declara el Señor DIOS.” Jeremías 2:22
“¿Puede el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?” Jeremías 13:23
10.- ¿Cuál es el resultado de nuestro pecado?
a.- Separación de Dios:
“Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el malo no habitará junto a ti.” Salmos 5:4
“He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír. Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos.” Isa 59:1-2
b.- Oscuridad e Ignorancia Espiritual:
“Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios,” Romanos 1:21-22
“NO HAY QUIEN ENTIENDA, NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS.” Romanos 3:11
“Ya no andéis … en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas.” Efesios 4:17-19
c.- La Muerte Física:
“He aquí, todas las almas son mías; tanto el alma del padre como el alma del hijo mías son. El alma que peque, ésa morirá.” Ezequiel 18:4
“La paga del pecado es muerte…” Romanos 6:23
d.- El Castigo Eterno:
“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego. Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:11-15
11. ¿Por qué reacciona Dios de esta manera contra nuestro pecado?
a.- Dios reacciona de esta manera porque es SANTO:
Dios es moralmente perfecto, sin pecado o falla. El no puede ser tentado por el pecado, ni puede tener compañerismo con él o soportarlo, porque le da asco y lo aborrece.
“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.” Isaías 6:3
“Muy limpios son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión (agravio).” Habacuc 1:13
“Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el mal no mora contigo. Los que se jactan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.” Salmos 5:4-5
b.- Dios reacciona de esta manera porque es JUSTO:
Dios es el Juez de toda la tierra. Es su obligación moral juzgar a los que hacen injusticia de igual manera que es la obligación de los jueces terrenales administrar la justicia:
“El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?” Génesis 18:25
“Porque El viene a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con su fidelidad.” Salmos 96:13
“Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable;” Éxodo 34:6-7
“Dios es juez justo, y un Dios que se indigna cada día contra el impío.” Salmos 7:11
“El SEÑOR prueba al justo y al impío, y su alma aborrece al que ama la violencia. Sobre los impíos hará llover carbones encendidos; fuego, azufre y viento abrasador será la porción de su copa. Pues el SEÑOR es justo; El ama la justicia;” Salmos 11:5-7
12. ¿Puede el hombre salvarse a sí mismo o lograr reconciliarse con Dios?
“Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios; porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado (salvo) delante de El;” Romanos 3:19-20
13. ¿Qué ha hecho Dios para salvarnos de nuestro pecado y sus consecuencias?
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.” Juan 3:16-17
14. ¿Quién es Cristo?
a.- Cristo es Dios:
“En el principio existía el Verbo (Cristo), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1:1
b.- Cristo es Hombre:
“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14
15. ¿Por qué murió Cristo?
“Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;” 1Corintios 15:3
“Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios,” 1Pedro 3:18
16. ¿Cómo murió Cristo?
a.- Llevando nuestro pecado:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.” Isaías 53:6
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.” 2Corintios 5:21
“y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia,” 1Pedro 2:24
b.- Separado de Dios en nuestro lugar:
“Y desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?” Mateo 27:45-46
c.- Sufriendo la maldición del pecado y el castigo de Dios en nuestro lugar:
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO),” Gálatas 3:13
“Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.” Isaías 53:4
“Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento.” Isaías 53:10
17. ¿Fue la muerte de Cristo suficiente para salvarnos?
“Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” Juan 19:30
“… pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, (Cristo) se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo.” Hebreos 9:26
18. ¿Qué sucedió tres días después de la muerte de Cristo?
“Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;” 1Corintios 15:3-4
“el cual (Cristo) fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.” Romanos 4:25
19. ¿Dónde está Cristo ahora?
“pero El (Cristo), habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, SE SENTO A LA DIESTRA DE DIOS,” Hebreos 10:12
“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” Hechos 2:36
“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.” Filipenses 2:9-11
20. ¿Con que propósito vendrá otra vez Cristo?
a. Cristo vendrá a salvar a su Pueblo:
“… así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.” Hebreos 9:28
b. Cristo vendrá a juzgar a los que rechazaron el Evangelio:
“… cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,” 2Tesalonicenses 1:7-9
21. ¿Qué tenemos que hacer para ser salvos?
a.- Tenemos que ARREPENTIRNOS:
Arrepentimiento significa que uno reconoce su mala manera de vivir (su pecado) y cambia su actitud hacia él. El arrepentimiento es verdadero cuando llegamos a odiar nuestro pecado y luchamos contra él, sometiéndonos a la soberanía del Señor.
“y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.” Marcos 1:15
“Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan,” Hechos 17:30
b. Tenemos que CREER:
Creer significa confiar en lo que Dios ha dicho o prometido. Dios ha prometido salvación a través de su Hijo Jesucristo. Hemos llegado a confiar en Cristo y el Evangelio cuando nos aseguramos que somos salvos y tenemos la vida eterna solo por causa de la muerte y resurrección de Cristo en nuestro lugar.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.” Juan 3:16-17
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre.” Juan 20:31
“… sabiendo que el hombre no es justificado (salvo) por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado.” Gálatas 2:16
“Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9
22. ¿Es Cristo realmente el único camino a Dios?
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” Juan 14:6
“Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.” Hechos 4:12
“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre,” 1Timoteo 2:5
23. ¿Qué sucede si rechazamos el Evangelio?
“Porque si continuamos pecando (rechazando el Evangelio) deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio, y la furia de UN FUEGO QUE HA DE CONSUMIR A LOS ADVERSARIOS. Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que ha hollado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia?” Hebreos 10:26-29
24. ¿Cómo podemos saber que nos hemos arrepentido y creído, y que somos verdaderamente salvos?
Nuestra vida empezará a cambiar:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.” 2Corintios 5:17
25. ¿Cómo cambiará nuestra vida?
a.- El amor de Dios será una realidad creciente:
“Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.” Romanos 5:5
b. Comenzaremos a demostrar el fruto de un verdadero cristiano:
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:16-20
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:22-23
c.- Andaremos en la luz de Dios y su Palabra:
“Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad;  mas si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado.” 1 Juan 1:6-7
d.- Confesaremos nuestros pecados:
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:8-9
e.- Nos esforzaremos en conocer los mandamientos de Dios y guardarlos:
“Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.” 1 Juan 2:3-4
f.- Amaremos a otros cristianos y buscaremos compañerismo con ellos:
“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él.” 1 Juan 2:9-10
g.- Tendremos un rechazo creciente a las cosas de este mundo pasajero:
“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” 1 Juan 2:15-17
“¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” Santiago 4:4
h.- No practicaremos el pecado y la rebeldía como un estilo de vida:
“Todo el que permanece en El, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido… El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo.” 1 Juan 3:6,8
i.- Seremos disciplinados por el Señor cuando nos rebelemos sin arrepentimiento:
“HIJO MIO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR EL; PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO. Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos.” Hebreos 12:5-8
“Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.” Juan 1:12-13
“Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” Juan 3:6,8
Un Evangelio Reformado
Paul Washer
LAS CINCO LEYES ESPIRITUALES REFORMADAS
El Evangelio que prevalece en América hoy en día raramente es realmente un Evangelio. Es una versión barata y diluida que es útil para fabricar roles de miembros, pero no bueno para edificar el Reino de Dios. Lo que declara sobre el hombre es tan cuidadoso que no ofende a nadie. Lo que declara de Dios es tan limitado que no molesta a nadie. Lo que demanda es tan poco que resulta en pequeñas convicciones, no causa un apartarse del pecado y no hace un llamado a la disciplina comprometida. Si el Cristianismo en América se ha de recuperar de esta enfermedad que la ha postrado en cama, entonces debe primero recuperar el evangelio que fue una vez predicado por Jesucristo y los apóstoles. Debe recuperar el evangelio que siempre es gratis, pero nunca barato. Debe aprender un Evangelio que es más que una decisión humana, y que en cambio es el gran poder de Dios. Debe predicar un Evangelio que no sólo tiene el poder para a todos los que lo abrazan, sino que también tiene el poder de transformar a todos los éste haya abrazado.
En la pasada edición de HeartCry, estudiamos los elementos básicos del evangelio: La depravación del hombre, la santidad de Dios, la ley de condenación de nuestro pecado, y la muerte de Cristo en la Cruz que compró al pueblo de Dios de la eterna destrucción. En esta edición vamos a considerar el llamado del Evangelio y la evidencia de su obra. En otras palabras, consideraremos lo que el hombre debe saber y hacer para ser salvo.
EL EVANGELIO DE HOY
El evangelio de hoy puede ser fácilmente reducido a “Cinco Leyes Espirituales”. Y son como sigue:
(1) Dios nos ama y tiene un plan maravilloso para nuestra vida.
(2) Hemos pecado y nuestro pecado nos separa de Dios.
(3) Cristo murió por nuestros pecados.
(4) Debemos hacer una oración de fe y pedir a Cristo que venda a nuestro corazón y nos salve.
(5) Si pedimos con fe, entonces podemos estar seguros que somos salvos. Si en algún momento dudamos de nuestra salvación, entonces simplemente debemos recordar el tiempo en el que hicimos aquella oración de fe y ver nuestra salvación como un hecho.
Antes de que sigamos adelante, debe decirse que este método de “compartir” el evangelio ha sido usado para dar a conocer a Cristo a millones de personas y ha resultado en la salvación de algunos. También debemos decir que los cristianos que realizan esta presentación del evangelio son mil veces más útiles para Dios, que el que conoce bien el evangelio, pero no tiene pasión por compartirlo. Sin embargo, esto también debe ser entendido: que no es por esa presentación del evangelio que las personas han sido salvadas, sino a pesar de esa presentación. Hay grandes defectos en la presentación del Evangelio y están deben ser corregidas si el Evangelio ha de recuperar su gloria y poder.
UN EVANGELIO CENTRADO EN EL HOMBRE
El evangelio de hoy comienza con el hombre, claramente poniéndolo en el mismo centro del universo como un ser invaluable por quien Dios vaciaría todo el cielos para obtenerlo. Esto simplemente no es verdad. Es Dios quien está en el mismo centro del universo, y sólo Él tiene valor infinito e intrínseco. Por el otro lado, el hombre es un desertor en el universo, un rebelde aborrecedor de Dios que ha declarado guerra a Su Soberano, un traidor que desea que el trono de Su Rey, una criatura que desea usurpar la gloria de Su Creador, un instrumento creado para adorar que busca ser adorado en lugar de Dios.
El Evangelio Verdadero no comienza con el valor del hombre o el maravilloso plan de Dios para el hombre. El Verdadero Evangelio comienza con una declaración del valor de Dios y Su gran interés por Su propia gloria. Alguien ha dicho correctamente que el Evangelio no comienza con las palabras “Porque de tal manera amó Dios al mundo”, sino con la declaración, “en el principio Dios…”.
En lo que hemos escrito hasta ahora, no estamos intentando disminuir ni empequeñecer el amor de Dios. De hecho, decimos que el amor de Dios es tan infinito que va más allá de cualquier intento humano de definirlo y medirlo. Lo que estamos intentando hacer es poner lo primero, primero. Lo que decimos es que el hombre existe para Dios, y no Dios para el hombre. Y que el hombre no es el tesoro del universo, sino Dios. Y lo que Dios hace, no lo hace principalmente por el hombre, sino por Él mismo y por Su propia gloria y por el amor que Él tiene por Su propio nombre.
Hoy en día frecuentemente se argumenta que seria egocéntrico e incluso egoísta por parte de Dios hacer todo lo que Él hace principalmente para Él mismo y por Su propia gloria. Pero es absurdo pensar de esa manera. Como cristianos que creen la Biblia, ¿Cómo diríamos que es un hombre que le atribuye a algo más valor que a Dios o cuando un hombre relega a Dios a un segundo lugar en su vida? Le llamaríamos idolatría, ¿cierto? Pero, ¿Por qué? Porque hay una regla en Las Escrituras y en la misma gran estructura de la Creación que declara que Dios está por encima de todas las cosas y que todas las cosas existen para Él. Las Escrituras correctamente declaran:
Romanos 11:36
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
Dios legítimamente hace todas las cosas para Él, por Su propia gloria y por el amor que el tiene de Su Propio Nombre. Si esto fuera de otra manera, Dios fuera culpable de idolatría y el universo sería un caos. A la luz de lo que ha sido dicho, deberíamos cambiar la primera “ley espiritual” del evangelio de hoy en día: “Dios nos ama y tiene un plan maravilloso para nuestra vida”, por: “Dios es el Creador y Señor del universo y está infinitamente interesado por Su propia Gloria.
UN EVANGELIO PARA EL ENFERMO
La segunda de las “leyes espirituales” del evangelio de hoy dice que “hemos pecado y nuestro pecado nos separa de Dios”. El problema con esta ley no es que sea incorrecta, sino que no va suficientemente lejos. Nosotros no solamente hemos pecado, sino que somos pecadores. No solamente hacemos cosas incorrectas, sino que somos incorrectos. El Evangelio no es buenas noticias para el enfermo o para el que se está muriendo. El Evangelio es buena noticia para el que está muerto.
Efesios 2:1 “…cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
Frecuentemente se predica que el hombre es como un enfermo en su lecho de muerte que puede hacer poco para salvarse, Dios es el doctor y el Evangelio es la medicina. Dios permanece ante el hombre enfermo con una cuchara llena de medicina y espera para dársela, pero el hombre debe dar el primer paso. Debe responder al deseo de Dios de salvarlo y esto lo hace abriendo su boca para recibir la medicina. Esto es absurdo. Las Escrituras no dicen que el hombre es pecador-enfermo sino pecador-muerto. Un hombre muerto no puede responder a ningún mensaje no importa cuan cariñoso o sincero sea, y el hombre pecaminoso no puede ni dará el primer paso de modo que Dios haga el resto. La salvación no es la decisión del hombre de aceptar la ayuda de Dios, sino el poder de Dios por el cual el pecador es resucitado y recibe gracia para arrepentirse de sus pecados y creer para que de esa manera sea salvo.
En el evangelio que predicamos, debemos no solo decir que el hombre ha pecado, sino que es pecador, muerto espiritualmente, con la buena voluntad necesaria para obedecer a Dios estando corrompida y totalmente destituido de esperanza excepto de la misericordia de Dios. Debemos enseñar que a menos que Dios obre en favor del hombre, el hombre morirá en sus pecados y pasara la eternidad bajo la retribución divina. Debemos hablar de la gran necesidad que el hombre tiene de Dios y de la urgencia de clamar al Dios de misericordia para que Él haga por ellos lo que ellos no pueden hacer.
A la luz de lo que ha sido dicho, quisiéramos cambiar la segunda “ley espiritual” de “Hemos pecado y nuestro pecado nos separa de Dios.” por “Somos pecadores, corruptos en naturaleza y acciones, estamos espiritualmente muertos, bajo la justa condenación de Dios y totalmente dependientes de Su misericordia.
UN EVANGELIO INEXPLICADO
La tercera de las “leyes espirituales” del evangelio de hoy en día es “Cristo murió por nuestros pecados”. Como en el punto anterior, este definitivamente no es incorrecto, pero es frecuentemente demasiado olvidado e inexplicado. Cuando predicamos el evangelio, también debemos enseñar. La muerte de Cristo va a significar muy poco a los pecadores a menos que se dé una adecuada explicación de por qué y cómo Cristo murió. El hombre perdido necesita más que unos pocos clichés cristianos, él necesita conocer algo sobre Dios. Hoy en día oímos mucho de educadores seculares y sociólogos hablar sobre la “caída de América”, pero parece que este mismo mal ha arribado a la Iglesia. Así es que piensa la iglesia de hoy:
“Estamos convencidos de que la teología y la doctrina no tienen lugar en la vida cristiana y que lo realmente enseña doctrina o se refiere a la teología en nuestra predicación a los perdidos solo entorpecerá el mensaje.”
Hemos intercambiado las grandes verdades del mensaje del Evangelio por pequeñas historias, divertidas ilustraciones y nuestro testimonio personal. Por favor, no me malinterprete, no estoy en contra de nada que ayude a comunicar el Evangelio a los hombres, pero cuando los medios se convierten en el mensaje y el mensaje no es comunicado, se comete un grave error. Lo que Dios ha hecho en mi vida no es lo importante. Lo que es de suma importancia es lo que Dios ha hecho en Cristo a través de Su vida y Su muerte. Debemos dar a entender a los perdidos que lo que es de “primera importancia” es que Cristo no sólo murió por nosotros, sino que vivió una vida perfecta para nosotros, que Él llevó nuestros pecados en la Cruz y fue hecho pecado en nuestro lugar, que Él sufrió la condenación de Dios por cada ley de Dios que hemos roto, que Él murió en nuestro lugar, separado de la comunión con Dios y aplastado bajo el peso de la ira de Dios, que Su muerte pagó la deuda de nuestro pecado antes Dios y proveyó la salvación de Su Pueblo, que Su perfecta vida proveyó para nosotros un regalo de justicia por la cual podemos estar ante Dios como “verdadera justicia de Dios en Cristo”.
2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Otro problema asociado con nuestra superficial enseñanza de la Cruz es que no hay suficiente énfasis en la resurrección. Debemos entender que un evangelio que no ofrece salvación debido a la resurrección en sí, no es para nada un evangelio. Si Cristo no resucitó, aun estamos muertos en nuestros delitos y pecados. Cualquier hombre puede morir en un madero, pero sólo Dios puede resucitarlo. Es la resurrección que hace que la historia de la Cruz sea Evangelio (Buenas Noticias) y es la resurrección la que preserva a la historia de la Cruz de ser una tragedia de solamente otro héroe con buenas intenciones que murió para nada. Es creer en la resurrección lo que separa a los fieles de los infieles.
Cuando predicamos el evangelio, debemos proclamar con gran gozo y convicción que Uno que obtuvo perdón a través de Su muerte se levanto de la tumba y vive para siempre. ¡Nosotros vivimos, porque Él vive; podemos morir en esperanza, porque Él murió por nosotros; resucitaremos, porque Él resucito! ¡Este es el Evangelio!
UN LLAMADO NO-BÍBLICO
La cuarta de las “leyes espirituales” del evangelio de hoy es que “al escuchar el evangelio los pecadores deben hacer una oración de fe y pedir a Jesús que venga a su corazón para que los salve. Si la persona pide con fe, entonces puede estar segura de que ha sido salvada.”
El problema con esta “ley espiritual” es que, precisamente, es no bíblica. No quiero ser irrespetuoso y seguramente no quiero mostrar mi limitado conocimiento de Las Escrituras, pero no puedo encontrar en Las Escrituras donde alguien guió a una persona en oración para aceptar a Jesús.
Romanos 10:9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Muchas veces Romanos 10:9-10 es usado para defender este camino hacia la salvación, pero esto no es una referencia de guiar a alguien en la oración del pecador, sino una referencia de simplemente depositar la fe en Jesús. Otras veces, es usado Apocalipsis 3:20 para defender este modo de invitar a Cristo al corazón:
Apocalipsis 3:20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Pero este pasaje no está ni cerca de referirse a Cristo estando a la puerta del corazón del pecador esperando ser invitado por él para que Cristo entre. Es una referencia de Cristo estando a la puerta de la Iglesia de la cual ha sido sacado a causa su orgullo, autosuficiencia e independencia. Después de compartir el Evangelio con un perdido, ¿debemos decirle que hacer?
Debemos simplemente hacer lo que hizo Jesús y lo que los profetas hicieron, y lo que hicieron los apóstoles que lo siguieron. Debemos amorosamente decirles, aun rogando, que se arrepientan y crean al Evangelio. Las Escrituras están llenas de estas invitaciones:
Marcos 1:15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
Hechos 17:30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
Hechos 17:31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
Hechos 20:21 testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
Hechos 26:20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
Como podemos ver claramente, hay dos temas en común a través de las invitaciones del Evangelio en Las Escrituras: arrepentimiento y fe. No estamos llamados a llamar a los hombres a que hagan una oración en la cual simplemente pidan que Jesús entre en sus corazones, estamos llamados a llamar a los hombres a que se arrepientan de sus pecados y crean en el Evangelio.
Hoy en día en la mayoría de las Iglesias Evangélicas de América, los hombres y mujeres perdidos, los niños y niñas son llamados a hacer una oración si quieren ir al cielo, cuando deberían ser llamados a que se arrepientan y confíen en Cristo como su Señor y Salvador. No es la oración la que salva, sino el sentimiento de arrepentimiento y la fe sincera. ¿Cuantos en el día de hoy no han sido guiados en la oración del pecador y se ha pronunciado salvación sobre ellos al momento de decir “amen”, y sin embargo que no se han arrepentido, ni creído, y sus vidas nunca han cambiado?
No sólo se les da una falsa seguridad, sino que la misma falsa seguridad los hace endurecerse a las verdaderas demandas del Evangelio. Ellos se apoyan en su oración como si esta fuera una formula mágica que les dará la entrada en el Reino de los cielos, y cierran sus oídos a la predicación del verdadero evangelio.
Las Escrituras declaran bastante claro que hay dos requerimientos para ser salvos que son el arrepentimiento y la fe, pero ¿que son estas cosas?
En Las Escrituras, el arrepentimiento involucra las emociones y la voluntad. El arrepentimiento involucra las emociones en la cual se sentimos pesar por nuestro pecado. Esto puede ser visto en las palabras de Pablo a la iglesia de los corintios:
2 Corintios 7:9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.
2 Corintios 7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
El verdadero arrepentimiento que lleva a la salvación involucra las emociones en las cuales hay culpa en el corazón del pecador por hacer algo que rompió la Ley divina, ofendió a Dios y está en peligro de la ira eterna. Esta culpa es tan genuina y tan profunda que toca la voluntad del pecado y lo compele a cambiar de la incredulidad a la fe, de la apatía al interés, del odio hacia Dios al amor a Dios, de la idolatría a la alabanza, de la rebelión a la sumisión voluntaria, de la desobediencia a la obediencia.
El arrepentimiento es una cosa poderosa que va más allá de la capacidad del hombre. De hecho, el arrepentimiento causa un cambio tal en el pecador que esto solo puede ser atribuido a la gracia de Dios obrando en la conversión. En Ezequiel 36:26-27, Dios describió el arrepentimiento de la siguiente manera:
Ezequiel 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Ezequiel 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.
Después de leer este texto, ¿hay alguna duda de que el arrepentimiento que guía a la salvación involucra un cambio radical que es desde el comienzo y hasta el final una obra de Dios, y que sin dicho arrepentimiento no hay salvación?
El verdadero arrepentimiento es una obra de Dios y este va siempre acompañado de fe en las promesas de Dios. Sin embargo, en la salvación el hombre no solo se arrepiente, sino que también cree. La verdadera fe no es tan complicada como algunas veces hacemos que esta sea. La fe es simplemente creer que algo es así, porque Dios ha declarado que es así. Este es el significado de Hebreos 11:1,
Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
El hombre que ha creído para salvación es el que espera la salvación y la considera como un hecho, aunque no pueda verla. O, para usar el ejemplo de Abraham en Romanos 4:21, la fe es estar completamente persuadido de que Dios tiene el poder sobre la salvación que Él ha prometido a través de Su Hijo unigénito.
Romanos 4:21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;
Mi querido amigo cristiano, muchas han sido salvos mientras oraban la oración del pecador, pero no por causa de sus palabras o la petición, sino por causa de Dios dar el arrepentimiento y fe, las cuales fueron puestas en nuestros corazones como un resultado de la conversión. De la misma manera, muchos han sido guiados a una falsa seguridad de salvación porque dijeron las palabras correctas, pero la conversión así como el arrepentimiento y la fe que florecen por este, estaban ausentes. A la luz de lo que ha sido dicho, quisiéramos cambiar la cuarta ley espiritual de “invitar a los pecadores a realizar la oración del pecador” a “rogarles que se arrepientan de sus pecados y se vuelvan a Dios a través de la fe en Cristo”.
UNA FALSA SEGURIDAD
La quinta y ultima “ley espiritual” del evangelio de hoy toca el tema de lo que es comúnmente llamado seguridad eterna. La ley es algo así:
“Si alguien que ha repetido la oración del pecador alguna vez duda de su salvación, entonces debe simplemente volver al tiempo en que hizo la oración y afirmar que su salvación es un hecho.”
Algunas veces al nuevo converso se le dice que debe escribir el día de su conversión en la tapa de su Biblia de modo que si alguna duda lo asaltase, el pueda asegurarse, al abrir su Biblia y mirar la fecha de su conversión, que ésta se realizó. Esto es absurdo y no-bíblico. De hecho, es una peligrosa herejía que ha llevado a muchos al camino de destrucción. La seguridad de salvación no viene de recordar el día en que hicimos una oración, sino de una adecuada evaluación de la vida de nuestra vida a la luz de Las Escrituras para ver si hay existencia de evidencia bíblica de salvación.
Cuando Pablo trató con la posibilidad de inconversos entre los Corintios, él no les dijo que recordaran el día en que hicieron “su oración” y tomaran la fecha de su conversión en las tapas de sus bíblicas; sino que les dijo que miraran sus vidas en el tiempo presente:
2 Corintios 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?
Para encontrar seguridad, no estamos llamados a ver una fecha en el pasado, sino ver nuestras vidas en el presente. Debemos cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestra profesión de fe. En las palabras de Juan el Bautista, ¿estamos dando frutos dignos de arrepentimiento?
Mateo 3:8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
En las palabras de Pablo, ¿estamos probando nuestro arrepentimiento por nuestras obras?
Hechos 26:20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
O, en las palabras de Santiago, ¿es nuestra fe muerta porque no está acompañada de obras?
Santiago 2:17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
En las palabras de Pedro, ¿es nuestro conocimiento de Dios ineficaz e infructuoso?
2Pe 1:8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
A la luz de lo que ha sido dicho, deberíamos cambiar la quinta “ley espiritual” de “decirle a aquellos que dudan de su salvación que miren al día en que hicieron una oración” a “decirles que miren su vida presente a la luz de las Escrituras. Si no ha habido cambio, ni conformidad de sus vidas a las Escrituras, ni genuino celo o amor por Dios, entonces no pueden estar seguros de haber sido salvados.”
LAS CINCO LEYES ESPIRITUALES REFORMADAS
Para concluir este breve articulo del evangelio y de su predicación a los perdidos, presentaremos las cinco leyes espirituales como son comúnmente compartidas y como las hemos reformado.
(1) Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida.
Dios es el Creador y Señor del Universo y está infinita infinitamente preocupado por Su Gloria.
(2) Hemos pecado y nuestro pecado nos separa de Dios.
Todos los hombres son pecadores, depravados en su naturaleza y obras, espiritualmente muertos, bajo la justa condenación de Dios y totalmente dependientes de Su misericordia.
(3) Cristo murió por nuestros pecados.
Cristo vivió una vida perfecta para nosotros, llevo nuestros pecados en la Cruz, y sufrió la condenación de Dios por cada Ley de Dios que hemos roto. Él murió en nuestro lugar, separado de la comunión con Dios y aplastado bajo el peso de la ira de Dios. Su terrible muerte pago la deuda de nuestro pecado y proveyó la base de nuestra salvación. Su resurrección y perfecta vida nos proveyó un regalo de justicia por el cual podemos están ante Dios como verdadera justicia de Dios en Cristo.
(4) Debemos hacer una oración de fe y pedir a Cristo que venda a nuestro corazón y nos salve.
El hombre se debe arrepentir y creer en el Evangelio. El arrepentimiento es una tristeza genuina por el pecado y un temor del juicio que resulta en un volverse del pecador y acercarse a Dios. La fe es la confianza sencilla de que Dios tiene el poder y la buena voluntad de darnos la salvación que el ha prometido a través de Su Hijo unigénito.
(5) Si hicimos la oración con fe, entonces podemos estar seguros que somos salvos. Si dudamos de nuestra salvación, entonces simplemente debemos recordar el tiempo en el que hicimos aquella oración de fe y ver la salvación como un hecho.
Si una persona duda de su salvación, debe examinar su vida a la luz de las Escrituras. Si no ha habido cambio ni conformidad en su vida a las Escrituras ni genuino celo o amor por Dios, entonces la persona no puede estar segura de que ha sido salvada.
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Publicado originalmente aquí en Monergism
Tomado de: http://evangelio.wordpress.com/el-evangelio/