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lunes, 27 de febrero de 2012

Creciendo en Temporadas de Crisis



El capítulo 6 del libro de Isaías narra una experiencia notable que cambió la vida del profeta. El encuentro con Dios que transformó su vida ocurrió en el año en que murió el rey Uzías (6:1) Este detalle nos ayuda a ubicar la experiencia de Isaías en el año 740 A.C., pero más que eso, la muerte del rey nos proporciona el contexto de la extraordinaria experiencia de Isaías. ¿Cuál es el significado de la muerte del rey Uzías? La vida del rey Uzías está relatada en 2 Crónicas 26. “De dieciséis años era Uzías cuando comenzó a reinar, y cincuenta y dos años reinó en Jerusalén… E hizo lo recto ante los ojos de Jehová… Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó” (26:4,5). La nación entera gozó de los beneficios del éxito de este rey, viviendo años de paz, estabilidad y prosperidad material. El poderío militar de este rey también era de admirar. “Tuvo también Uzías un ejército de guerreros… E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros para que estuviesen en las torres y en los baluartes para arrojar saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente…” (26:11-15).

Trate de imaginar el efecto social de 52 años de paz, estabilidad y prosperidad. Ninguno de los moradores de Judá con una edad menor de los 55 años conocía una vida sin el rey Uzías. Pero estos felices años de normalidad terminaron. El rey Uzías pecó, fue castigado con lepra y luego murió. La muerte del rey Uzías inicia un período de incertidumbre y temor. ¿Qué sucederá ahora? ¿Quién dirigirá la nación? ¿Nos invadirán los enemigos? Este fue un año nacional de crisis. Y en este año de crisis, en “el año que murió el rey Uzías”, el Señor Dios decidió llamar, limpiar y enviar al profeta Isaías.

Nosotros también enfrentamos temporadas de crisis. Puede ser una crisis familiar, donde nos corresponde hacerle frente a las consecuencias de una enfermedad, de un divorcio o la muerte de un ser querido. Puede ser una crisis nacional o global que nos afecta personalmente, donde nos corresponde vivir las tristes consecuencias del terrorismo, del desempleo o de la inestabilidad de los mercados financieros. Podemos experimentar crisis de fe al luchar con nuestras dudas, al considerar algunas oraciones que Dios no ha contestado o al tener la desdicha de vivir algún serio conflicto en la iglesia local.

Un tiempo de relativa calma llegó a su fin y ahora el futuro lucía muy incierto. La relación de Dios con Isaías nos enseña que Él puede usar esas temporadas de dificultad y dolor. En las manos de Dios los tiempos de crisis proporcionan una oportunidad para el crecimiento personal.

1. En tiempos de crisis busque al Señor.

Cuando la crisis llega algunas personas se paralizan, ya sea por miedo o porque entran en shock. Otros, sin embargo, se vuelven hiperactivos buscando una solución rápida, corriendo de un lado al otro. ¿Qué hace Isaías? El podría haber organizado una delegación para visitar los países vecinos para firmar acuerdos de paz. Podría haber entrado en diálogos con los hombres del poder militar. Pudo haber tratado de crear su propio partido político “religioso”. En este primer versículo no encontramos a Isaías en el palacio, ni en la Cámara de Comercio. Encontramos a Isaías en el templo. En tiempos de crisis busque al Señor.

El Señor se alegra de verlo allí y lo premia con una visión bien importante. No es una visión de un futuro con mil años de paz. No es una visión sobre la destrucción de los enemigos de Judá. ¡No! Dios sabía exactamente lo que Isaías necesitaba: Isaías necesitaba un encuentro con Dios. “Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo” (6:1). El Señor Dios no había entrado en pánico. La crisis no lo había tomado por sorpresa. Dios no estaba corriendo de un lado a otro. Dios estaba calmado. Estaba sentado. Era muy importante que Isaías tomara nota de esto. Y nosotros también. El Señor estaba sentado en un trono, y esto habla de Su autoridad. Era un trono alto y sublime. Cuando Isaías cayó en cuenta del significado de la visión, su espíritu encontró descanso. Para Judá la crisis fue el comienzo de un futuro muy incierto. Pero para Isaías esta visión de Dios lo llenó de confianza.

Entendiendo Isaías que el futuro estaba en las manos de Dios, el pudo luego escribir “Este es el consejo que está acordado sobre la tierra, y esta, la mano extendida sobre todas las naciones. Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida ¿quién la hará retroceder?” (Isaías 14:26,27). Si queremos permanecer en calma en temporadas de crisis, si deseamos mirar al futuro sin temor, también necesitamos un encuentro con Dios, una visión fresca y real del Dios de las Sagradas Escrituras.

2. En tiempos de crisis, examínese.

Cuando Isaías se fijó en el Señor, observó 2 serafines volando sobre Su trono. Escuchó que uno le decía al otro: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (6:3). Para complementar esta experiencia conmovedora “los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo” (6:4). Dios tiene muchos atributos maravillosos. Dios es amor. Dios es fiel.

Dios es todopoderoso. Pero el único atributo que se repite 3 veces es este: Dios es Santo. La repetición es una manera de hacer énfasis. Isaías entendió el mensaje. Dejó de mirar al Señor y se miró a sí mismo. El contraste era obvio y doloroso. “Ay de mí” dijo Isaías, “que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…” (6:5). La crisis nos presenta la oportunidad de buscar con pasión la presencia del Señor. Y cuando la entramos, la presencia del Señor nos hace dolorosamente conscientes de nuestra propia imperfección.

Antes de la crisis, decimos con alegría que nuestro futuro está en las manos de Dios.

Pero cuando la crisis nos golpea, cuando se nos roban los ahorros, cuando perdemos nuestro trabajo, cuando nuestra salud falla… nuestro futuro no luce tan seguro. Tal vez es más fácil confiar en el Señor cuando nos sentimos fuertes, seguros y en control de las cosas. La crisis rompe esta apariencia de seguridad. Para el Señor era importante que Isaías sintiera su propia pequeñez, para ello le mostró Su grandeza. Para el Señor era importante que Isaías sintiera su pecado, para ello le mostró Su santidad.

La crisis que usted vive también es una invitación a acercase al Señor, para mirar al Señor y luego para mirarse a sí mismo. Es una invitación a examinarse de manera sincera. En las manos del Señor, la crisis es una herramienta para despertarnos del activismo y la rutina religiosa, para mostrarnos errores y mentiras en nuestra manera de pensar, para ayudarnos a ver y corregir prioridades que no honran a Dios. En vez de buscar los culpables de su crisis, examínese en la presencia de Dios. Tal vez haya algo que usted necesita corregir. Tal vez sus labios también son “inmundos”.

3. En tiempos de crisis, intente escuchar.

“Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado” (6:6,7). Esta fue una acción simbólica. Es muy posible que el altar represente la obra de Cristo, ya que el perdón y la limpieza están asociados normalmente con la muerte sacrificial del Señor Jesús. “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (Hebreos 9:28). Imagínese por un momento el efecto de un carbón encendido tocando sus labios. Estoy seguro que Isaías nunca olvidó ese doloroso momento. Las cicatrices y el recuerdo del dolor asegurarían que Isaías nunca olvidaría su realidad pasada: sus labios inmundos. Nosotros también necesitamos recordar de donde nos sacó el Señor.

Si se nos olvida que Dios ha tenido que tratarnos con mucha gracia, nos será difícil usar de esa gracia en nuestras relaciones con otros. Dios tenía planes para usar los labios de Isaías, pero primero los quemó.

Isaías esta ahora limpio y atento en la presencia del Señor. Esta listo para escucharlo.

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (6:8). Es muy fácil tener nuestras propias ideas, nuestros propios planes, nuestras propias opiniones, nuestras propias soluciones. Cuando nuestra mente está ocupada con nuestras propias ideas, planes, opiniones y soluciones es muy difícil escuchar la voz del Señor. Su suave voz se pierde en nuestro afán y caos interior. Pero si queremos beneficiarnos de la crisis, si queremos crecer a través de ella, debemos poner nuestras iniciativas en las manos del Señor y disponernos a escuchar su voz.

Isaías luego aplica este principio a toda la nación: “¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!… Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él… Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:1,18-21). El Señor a veces escoge hablar a través del consejo de otros, a veces a través de Su Palabra, a veces a través de las circunstancias o a través de un sueño… Es Dios el que escoge como desea comunicarse con nosotros. Nuestra responsabilidad, como la de Isaías y Samuel, es el de estar atento a Su voz: “Habla, Jehová, porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:9).

4. En tiempos de crisis, esté dispuesto a cambiar.

Cuando Isaías le contesta al Señor: “Heme aquí, envíame a mi” (6:8) me pregunto que imaginaba Isaías. ¿Será que pensaba que el Señor lo enviaría a ungir a un nuevo rey, como lo hizo Samuel con David unos 300 años atrás? ¿Será que Isaías pensó que posiblemente el Señor lo iba a ungir al él como el nuevo rey? Es posible que Isaías imaginara que el Señor lo usaría, como usó a Moisés para conducir al pueblo de Dios fuera de la crisis a una tierra nueva. Tome nota que el Señor no le pregunta a Isaías “¿Qué deseas hacer?” El Señor le da instrucciones concretas: “Anda, y di a este pueblo: oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis” (6:9). El Señor sabía muy bien cuál era la tarea requerida. Podemos tener nuestras opciones, gustos y preferencias, pero cuando decimos al Señor “soy tuyo, heme aquí, úsame” debemos estar abiertos a Su respuesta. Antes de la crisis, usted se sentía más o menos satisfecho con sus amistades, familia, iglesia, estudios, trabajo, salud y finanzas.

Posiblemente creía que sólo unos pequeños cambios y ajustes eran necesarios, pero nada muy serio o radical. Tome nota que una crisis puede ser lo que Dios va a usar para motivar un cambio serio en su vida. La vida de Isaías cambió. Nunca más fue la misma.

Es importante notar que no fue la crisis en si lo que cambió a Isaías. La crisis nos presenta la oportunidad de hacer un “pare” en el camino, para acercarnos más al Señor, para escuchar Su voz, para identificar y eliminar aquellas cosas que impiden nuestro crecimiento. En la crisis, el Señor puede motivarnos a continuar fielmente con nuestras labores. Si como Arquipo, hemos confundido prioridades, en la crisis el Señor puede llamados a cumplir el ministerio que Él nos ha encomendado (Colosenses 4:17).

Pero, con la crisis, el Señor también puede estar abriendo una ventana para mostrarnos una nueva dirección, un nuevo ministerio, un nuevo llamado. El Señor le encomendó a Isaías un ministerio profético bien difícil. Debía hablarle a una nación de gente terca. Si Isaías hubiera tenido su mirada puesta en el “éxito” y en resultados visibles, no hubiera durado mucho como profeta. La crisis y las dificultades en sí mismas no deben determinar cuándo paramos. Cuando fue comisionado, Isaías preguntó: “¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador… hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra” (6:11,12). Todas nuestras labores son temporales.

Esto incluye actividades cristianas tales como: colegios cristianos, hospitales, orfanatos, organizaciones misioneras, bandas musicales, revistas, inclusive iglesias locales. Al igual que Isaías deberíamos también preguntar “¿Hasta cuándo, Señor?” Le corresponde al Señor determinar cuándo algo debe comenzar y cuándo debe terminar.

Continuar laborando cuando el Señor dice que es el momento de parar – no es fidelidad. Es desobediencia. Parar cuando el Señor desea que continuemos, también es desobediencia. Una crisis puede sugerir que es tiempo de cambiar algo, pero no embarque en el cambio hasta que sienta que el Señor lo está guiando.

Conclusión

Recientemente, tal vez su vida ha dado un giro inesperado y difícil. Posiblemente se pregunta por qué el Señor utiliza una herramienta tan tosca y dolorosa. El Señor usa esos momentos de dolor interno para animarnos a estar más cerca de Él, para limpiarnos, para hablar a nuestro corazón. Interprete su crisis como una oportunidad para crecer. Nuestro Dios aun está sentado en su trono, alto y sublime. Él permanece en control de todo. Escoja acercarse más al Señor, tome la decisión de apartarse de actividades o personas que interfieren con su crecimiento espiritual, conscientemente busque escuchar Su voz – decida crecer en esta temporada de crisis. En un futuro no muy lejano, usted también, junto con muchos otros, cantará de la fidelidad del Señor:

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el señor está la fortaleza de los siglos” (Isaías 26:3,4).

Por Philip Nunn

Cristianismo Histórico

jueves, 16 de febrero de 2012

La gran omisión

"He sido frecuentemente amenazado de muerte. Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Como pastor, estoy obligado a dar la vida por quienes amo, inclusive por quienes vayan asesinarme. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo. Desde ya, perdono y bendigo a quienes lo hagan." Oscar Romero, arzobispo de El Salvador, 15 días antes de ser asesinado en marzo de 1980.
 "Muchos prefieren al Cristo de los sepultureros, un Cristo mudo y sin boca, un Cristo fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses. Este no es el Cristo del evangelio, el que murió por la causa más noble de la humanidad". Rutilio Grande, Panamá, un mes antes de su asesinato, el 13 de febrero de 1977

 Debo el crédito del título a un mensaje del hermano Gerardo Ferace. Él nos instaba a seguir el modelo de Jesús y a no divorciar nuestro ministerio de las necesidades de nuestro prójimo y de nuestra realidad.

 Jesús se opuso frontalmente a la injusticia de las clases dominantes. Siguiendo la tradición de los profetas del A.T. (como Amós entre otros) y la hidalguía de Juan el Bautista, aún a costa de su vida, denunció la corrupción reinante. Se puso del lado de los pobres de los marginados, de los excluidos. El vino a sanar a los "quebrantados de corazón", " a poner en libertad a los oprimidos", a "anunciar el evangelio a los pobres" (Lc. 4:16-30). Su declaración de misión fue clara. Si Jesús viniera en este tiempo, y no hace casi 2000 años: ¿Junto a quién desarrollaría su ministerio?, ¿Qué intereses defendería?, ¿Dónde pondría su púlpito?, ¿Qué discurso tendría?, ¿Qué enfatizaría?. Son preguntas que me hago a menudo.

Él se opuso al mismísimo Herodes, lo llamó "zorra" (Lc. 13:32) para resumir su insignificancia y su debilidad (comp. Neh. 4:3), pero también su astucia y deshonestidad. Por otra parte le advierte con autoridad que no va a ser su calendario el que ponga fin a su vida, sino el de Dios. Pero no sólo se opuso a Herodes, sino a todo su séquito de correveidiles, representada por los fariseos. Atentó con su mayor corrupción: la del millonario negocio del templo. Enfurecido con una ira santa, sembró el estupor desalojando de ladrones (así los llamó Él) y con violencia el recinto santo, empuñando un látigo hecho de cuerdas y tirando las mesas del negocio corrupto.

 Jesús no se calló ante esta realidad, por más que con ello desatara una conspiración que acabaría con su muerte.

Denunció públicamente la hipocresía de los sacerdotes. "Sepulcro blanqueados", "llenos de muerte", "generación de víboras", "hijos del diablo" distan mucho de ser elogios aduladores. En Mateo 21:45, 46, luego de relatar una parábola donde descubre la inutilidad de la religión farisaica, dice el texto que "entendieron que hablaba de ellos, quisieron pues arrestarlo". Cuando Jesús pronuncia esa frase llena de misericordia "perdónalos porque NO SABEN LO QUE HACEN" (Lc. 23:34) evidentemente se refiere a los soldados romanos, pues los sacerdotes sabían exactamente los que estaban haciendo. Estaban llevando a cabo el plan urdido para eliminar al subversivo que atentó contra sus intereses (Véase Jn.11:47-57)

Jesús no calló su denuncia. Ahora, es la iglesia la que ha recibido el mandato de ser sal, de dar sabor y de preservar de la corrupción. Sólo la iglesia puede ser el agente preservador para que el mal no se libere por completo. Lo "detiene" según 2ª Tes. 2:6,7. Pero debemos reconocer que demasiadas veces la iglesia ha desoído el llamado de ser sal y lejos de ser una oposición a la maldad, fue cómplice de ella. El Señor mismo advirtió que si la sal "pierde su sabor" o sea se llena de impurezas sólo sirve para ser pisoteada en los caminos. Sorprende que ciertos teólogos ubiquen fuera de estos tiempos la vigencia de todo el Sermón del Monte (¡¿?!). Urge tomar conciencia y obedecer a Jesús en su imperativo "Tened sal en vosotros" (Mr. 9:49,50)

Dice Stott: "Jesús no nos entregó un tratado académico para estimular nuestro intelecto. Fue para que éste se obedeciera. Si la iglesia aceptara las normas y valores de Jesús tal como se exponen, y vivieran por ellos, ofrecería al mundo una auténtica contracultura cristiana".

La historia registra, sin embargo, sobrados ejemplos de pasividad ante la corrupción. Detallarlos no bastaría un voluminoso libro. Tampoco es necesario ir muy lejos. En nuestra Latinoamérica, tan castigada por feroces dictaduras militares, muchas de ellas con la obsecuencia cuando no el apoyo deliberado de la iglesia. Por citar sólo uno: Las palabras de elogio de muchos evangélicos, alabando a Leónidas Trujillo, el megalómano dictador de la República Dominicana, como relata Justo González. O el silencio cómplice de la iglesia en Argentina ante el indulto dado por un gobierno democrático a los genocidas condenados. Sólo algunas loables excepciones alzaron su voz para decir lo que Dios dice. Que el estado no tiene derecho a indultar, que tiene autoridad delegada por Dios para castigar al que hace lo malo (Rom. 13). Recuerdo al poeta español Rafael Alberti rechazando un premio del mismo gobierno "porque perdía su razón si no castigaba al hacía lo malo" (y él es agnóstico).

Muchas complicidades y de diversos tipos, se podrían mencionar, con grupos económicos, con personas influyentes, con grandes empresas que espolean a los trabajadores, etc. Quizás necesitemos reavivar el compromiso, el accionar, el salir de los saleros. Para esto, y gracias a Dios, tenemos muchos ejemplos a seguir, que engrosan la "nube de testigos" de nuestro peregrinar (Heb. 12:1). Notemos sólo algunos. Como Telémaco, quien en el siglo V asistió por primera vez a la lucha de gladiadores y no pudo soportar ver cómo dos personas se mataban ante la mirada de tantos. Cuentan que saltó a la arena e intentó separarlos, la muchedumbre encolerizada, lo mato a pedradas. Pero gracias a su muerte cesaron en Roma estos sangrientos espectáculos.

Fueron las convicciones cristianas las que llevaron a Abraham Lincoln a conseguir la "ley de vientre libre" que impidió que los esclavos tuvieran hijos esclavos. A causa de esto, un fanático lo mató en un teatro. Si bien este fue presidente de un país que luego se caracterizaría por la violación de la autonomía de los estados, muestra a las claras, las bases cristianas que le dieron origen.

Martin Luter King nació y creció en una de las ciudades más racistas de este país, de chico vio desfilar por las calles los encapuchados del Ku Klux Klan (de religión protestante ¡¿?!). Su conciencia cristiana lo llevó a gritar a voz en cuello la igualdad de los hombres como creación de Dios.

Los grupos racistas no podían tolerarlo, más cuando recibió el premio Nobel de la paz en 1963, en el 68 pagaron a un asesino para callarlo a balazos.

la lista sería interminable de hermanos que no se conformaron a este siglo, que denunciaron la corrupción y pelearon por la justicia, aún a riesgo de perder la vida, riesgo que se concretó en la mayoría de los casos.

Es verdad que la preocupación por lo social fue enfatizada tanto por algunos, que olvidaron la función redentora del evangelio. Pero también es verdad que el evangelio, como Dios mismo, no se preocupa sólo por la salvación futura, la eterna, sino también por las necesidades de los hombres.

Recordemos que somos sal, que debemos salar. Así lo entendió Santiago y predicó contra los ricos opresores y la falsa religión, la que desconoce las necesidades del prójimo (Sgo. 2:1-26 / 5:1-6). Sigamos su ejemplo y el de todos los que han interpretado que el evangelio es acción contra la maldad, contra la injusticia, contra la opresión, en definitiva contra el pecado que llevó a Cristo a morir en la cruz, no víctima del sistema, sino parte del plan de revolución más grande que haya conocido la historia: La revolución interior.

Gustavo Sánchez
De la revista "Para que sean Uno", Año 5 Nro. 51 - Marzo 2001.

 "Para que sean Uno". Publicación de las Iglesias Cristianas Evangélicas, Rosario - Santa Fe (República Argentina). Editores: Juan Gangemi - Américo Giannelli - Carlos Primolini - José Zorrilla - Gustavo Sánchez. Se autoriza la reproducción o reenvío de estos artículos, solamente citando la fuente.

Háganos llegar su respuesta y comentarios a Revista "Para que sean Uno" e-mail: paraqueseanuno@yahoo.com.

lunes, 13 de febrero de 2012

ESCUELA BIBLICA POR INTERNET

Estimado hermano :

La Biblia dice que debemos ser sabios administrando correctamente todos los recursos que Dios pone en nuestras manos. Hace años el cine comenzó a usarse para llevar el mensaje de la Biblia. Luego fue la radio, la TV, la video entre otros medios masivos de comunicación.

En estos últimos años la red mundial de computadoras llamada la web es el arma tecnológica que tenemos los cristianos para comunicarnos mejor y para hacer conocer, en nuestro caso, información bíblica.

Es por eso que queremos ser buenos administradores de esta nueva arma tecnológica, que tantas veces la vemos usada con fines pecaminosos. Pero siendo un instrumento, puede ser usada también para que la palabra corra mas rápidamente y con mayor disponibilidad por todo el mismo.

Es por eso que por medio de la presente queremos ofrecerte esta serie de cursos y estudios bíblicos con el deseo que sea de bendición para sus vidas.

Para que este deseo se haga realidad, es necesario que ese conocimiento se aplique a sus vidas, por eso, mas que un curso que solo imparta información, nuestra oración es que sea una herramienta usada por el Espíritu Santo para que vidas de cristianos fieles sean transformadas para Su gloria.

El equipo de trabajo de la E.B.I.

DIRECTOR: OSCAR NARANJO (ROSARIO / ARGENTINA)
COORDINACIÓN: GUSTAVO SÁNCHEZ (MISIONERO EN ARGENTINA)
TRABAJOS PRACTICOS: CLAUDIO DA SOUZA (HAEDO / BS AS)
HERMANOS QUE COLABORAN EN EL DESARROLLO DE LOS TEMAS:
– OSVALDO MACCIO – CLAUDIO DA SOUZA – JOSE MONTES – EDUARDO CARTEA – JORGE PEREZ SIO – DANIEL CHEVRIAU – MARIO MULKI (H) – ROBERTO TABISI – JUAN ANTONIO GARCIA NIETO – ADRIAN MONTES – GUILLERMO ÚNGARO – OMAR GIORIA – JOSE CARBONELL –GUSTAVO SÁNCHEZ- OSCAR NARANJO
En esta sección podrás descargar las clases de la Escuela Bíblica por Internet.
Los archivos están comprimidos en formato ZIP. Para descomprimirlos, necesitas un programa como el 7-zip (gratuito)
Lección 01 Cómo Estudiar La Biblia
Lección 02 Cómo Nos Llegó La Biblia 1
Lección 03 Cómo Nos Llego La Biblia 2
Lección 04 Cómo Nos Llego La Biblia 3
Lección 05 Bibliología
Lección 06 La Autoridad De La Biblia
Lección 07 La Importancia Del Estudio Biblico 1
Lección 08 La Importancia Del Estudio Biblico 2
Lección 09 La Importancia Del Estudio Biblico 3
Lección 10 La Importancia Del Estudio Biblico 4
Lección 11 Frente Al Libro Eterno
Lección 12 Biblia Y Arqueologia
Lección 13 Hermenéutica
Lección 14 Hermenéutica 2
Lección 15 Teologia Propia
Lección 16 Cristología 1
Lección 17 Cristología 2
Lección 18 Soteriología
Lección 19 Los Yo Soy De Jesus
Lección 20 Quien Es Jesus
Lección 21 Cristo El Mesias
Lección 22 Cristología 3
Lección 23 La Doctrina De Jesucristo
Lección 24 Cristología 4
Lección 25 El Señorío De Cristo
Lección 26 El Señorio De Cristo Y El Creyente
Lección 27 Introduccion A La Historia Del Protestantismo 1
Lección 28 Introduccion A La Historia Del Protestantismo 2
Lección 29 Historia Del Cristianismo 1 (Siglo I-Iv)
Lección 30 Historia Del Cristianismo 2 (Siglo V-Xiv)
Lección 31 Historia Del Cristianismo 3
Lección 32 Pre Reforma
Lección 33 La Reforma
Lección 34 La Contrarreforma
Lección 35 Introducción Al Antiguo Testamento
Lección 36 Antiguo Testamento 1
Lección 37 Antiguo Testamento 2
Lección 38 Antiguo Testamento 3
Lección 39 Antiguo Testamento 4
Lección 40 Antiguo Testamento 5
Lección 41 Antiguo Testamento 6
Lección 42 Antiguo Testamento 7
Lección 43 Antiguo Testamento 8
Lección 44 Antiguo Testamento 9
Lección 45 Antiguo Testamento 10
Lección 46 Antecedentes Del Nuevo Testamento
Lección 47 Pentateuco
Lección 48 El Tabernáculo
Lección 49 Geografía Bíblica
Lección 50 Mapas Biblicos
Lección 51 Eclesiologia
Lección 52 El Pecado
Lección 53 Hombre
Lección 54 Dios El Soberano
Lección 55 La Santidad De Dios
Lección 56 La Justicia De Dios
Lección 57 La Ira Y La Justicia De Dios
Lección 58 Espíritu Santo
Lección 59 El Fruto Del Espíritu
Lección 60 Dones Espirituales
Lección 61 La Salvación
Lección 62 Las Dispensaciones
Lección 63 Gracia
Lección 64 La Fe
Lección 65 El Verdadero Evangelio
Lección 66 Protegidos Por El Escudo De La Fe
Lección 67 El Bautismo
Lección 68 El Bautismo 2
Lección 69 La Cena Del Señor
Lección 70 Ministerio De La Iglesia
Lección 71 La Mujer En La Iglesia
Lección 72 El Uso Del Velo
Lección 73 Condiciones Personales De Los Ancianos
Lección 74 Epístolas Pastorales
Lección 75 1ra. Carta a Timoteo
Lección 76 2da. Carta a Timoteo
Lección 77 Carta A Tito
Lección 78 Ancianos-Pastores
Lección 79 Aconsejamiento
Lección 80 Hechos
Lección 81 Vida Cristiana
Lección 82 Santidad Personal
Lección 83 Angeles
Lección 84 Satanas Y Demonios
Lección 85 La Adoración
Lección 86 Apologética Católica
Lección 87 Doctrina Catolica
Lección 88 Escatología
Lección 89 Apocalipsis
Lección 90 El Tribunal De Cristo
Lección 91 Himnologia
Lección 92 Hogar