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jueves 16 de febrero de 2012

La gran omisión

"He sido frecuentemente amenazado de muerte. Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección. Como pastor, estoy obligado a dar la vida por quienes amo, inclusive por quienes vayan asesinarme. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo. Desde ya, perdono y bendigo a quienes lo hagan." Oscar Romero, arzobispo de El Salvador, 15 días antes de ser asesinado en marzo de 1980.
 "Muchos prefieren al Cristo de los sepultureros, un Cristo mudo y sin boca, un Cristo fabricado a nuestro antojo y según nuestros mezquinos intereses. Este no es el Cristo del evangelio, el que murió por la causa más noble de la humanidad". Rutilio Grande, Panamá, un mes antes de su asesinato, el 13 de febrero de 1977

 Debo el crédito del título a un mensaje del hermano Gerardo Ferace. Él nos instaba a seguir el modelo de Jesús y a no divorciar nuestro ministerio de las necesidades de nuestro prójimo y de nuestra realidad.

 Jesús se opuso frontalmente a la injusticia de las clases dominantes. Siguiendo la tradición de los profetas del A.T. (como Amós entre otros) y la hidalguía de Juan el Bautista, aún a costa de su vida, denunció la corrupción reinante. Se puso del lado de los pobres de los marginados, de los excluidos. El vino a sanar a los "quebrantados de corazón", " a poner en libertad a los oprimidos", a "anunciar el evangelio a los pobres" (Lc. 4:16-30). Su declaración de misión fue clara. Si Jesús viniera en este tiempo, y no hace casi 2000 años: ¿Junto a quién desarrollaría su ministerio?, ¿Qué intereses defendería?, ¿Dónde pondría su púlpito?, ¿Qué discurso tendría?, ¿Qué enfatizaría?. Son preguntas que me hago a menudo.

Él se opuso al mismísimo Herodes, lo llamó "zorra" (Lc. 13:32) para resumir su insignificancia y su debilidad (comp. Neh. 4:3), pero también su astucia y deshonestidad. Por otra parte le advierte con autoridad que no va a ser su calendario el que ponga fin a su vida, sino el de Dios. Pero no sólo se opuso a Herodes, sino a todo su séquito de correveidiles, representada por los fariseos. Atentó con su mayor corrupción: la del millonario negocio del templo. Enfurecido con una ira santa, sembró el estupor desalojando de ladrones (así los llamó Él) y con violencia el recinto santo, empuñando un látigo hecho de cuerdas y tirando las mesas del negocio corrupto.

 Jesús no se calló ante esta realidad, por más que con ello desatara una conspiración que acabaría con su muerte.

Denunció públicamente la hipocresía de los sacerdotes. "Sepulcro blanqueados", "llenos de muerte", "generación de víboras", "hijos del diablo" distan mucho de ser elogios aduladores. En Mateo 21:45, 46, luego de relatar una parábola donde descubre la inutilidad de la religión farisaica, dice el texto que "entendieron que hablaba de ellos, quisieron pues arrestarlo". Cuando Jesús pronuncia esa frase llena de misericordia "perdónalos porque NO SABEN LO QUE HACEN" (Lc. 23:34) evidentemente se refiere a los soldados romanos, pues los sacerdotes sabían exactamente los que estaban haciendo. Estaban llevando a cabo el plan urdido para eliminar al subversivo que atentó contra sus intereses (Véase Jn.11:47-57)

Jesús no calló su denuncia. Ahora, es la iglesia la que ha recibido el mandato de ser sal, de dar sabor y de preservar de la corrupción. Sólo la iglesia puede ser el agente preservador para que el mal no se libere por completo. Lo "detiene" según 2ª Tes. 2:6,7. Pero debemos reconocer que demasiadas veces la iglesia ha desoído el llamado de ser sal y lejos de ser una oposición a la maldad, fue cómplice de ella. El Señor mismo advirtió que si la sal "pierde su sabor" o sea se llena de impurezas sólo sirve para ser pisoteada en los caminos. Sorprende que ciertos teólogos ubiquen fuera de estos tiempos la vigencia de todo el Sermón del Monte (¡¿?!). Urge tomar conciencia y obedecer a Jesús en su imperativo "Tened sal en vosotros" (Mr. 9:49,50)

Dice Stott: "Jesús no nos entregó un tratado académico para estimular nuestro intelecto. Fue para que éste se obedeciera. Si la iglesia aceptara las normas y valores de Jesús tal como se exponen, y vivieran por ellos, ofrecería al mundo una auténtica contracultura cristiana".

La historia registra, sin embargo, sobrados ejemplos de pasividad ante la corrupción. Detallarlos no bastaría un voluminoso libro. Tampoco es necesario ir muy lejos. En nuestra Latinoamérica, tan castigada por feroces dictaduras militares, muchas de ellas con la obsecuencia cuando no el apoyo deliberado de la iglesia. Por citar sólo uno: Las palabras de elogio de muchos evangélicos, alabando a Leónidas Trujillo, el megalómano dictador de la República Dominicana, como relata Justo González. O el silencio cómplice de la iglesia en Argentina ante el indulto dado por un gobierno democrático a los genocidas condenados. Sólo algunas loables excepciones alzaron su voz para decir lo que Dios dice. Que el estado no tiene derecho a indultar, que tiene autoridad delegada por Dios para castigar al que hace lo malo (Rom. 13). Recuerdo al poeta español Rafael Alberti rechazando un premio del mismo gobierno "porque perdía su razón si no castigaba al hacía lo malo" (y él es agnóstico).

Muchas complicidades y de diversos tipos, se podrían mencionar, con grupos económicos, con personas influyentes, con grandes empresas que espolean a los trabajadores, etc. Quizás necesitemos reavivar el compromiso, el accionar, el salir de los saleros. Para esto, y gracias a Dios, tenemos muchos ejemplos a seguir, que engrosan la "nube de testigos" de nuestro peregrinar (Heb. 12:1). Notemos sólo algunos. Como Telémaco, quien en el siglo V asistió por primera vez a la lucha de gladiadores y no pudo soportar ver cómo dos personas se mataban ante la mirada de tantos. Cuentan que saltó a la arena e intentó separarlos, la muchedumbre encolerizada, lo mato a pedradas. Pero gracias a su muerte cesaron en Roma estos sangrientos espectáculos.

Fueron las convicciones cristianas las que llevaron a Abraham Lincoln a conseguir la "ley de vientre libre" que impidió que los esclavos tuvieran hijos esclavos. A causa de esto, un fanático lo mató en un teatro. Si bien este fue presidente de un país que luego se caracterizaría por la violación de la autonomía de los estados, muestra a las claras, las bases cristianas que le dieron origen.

Martin Luter King nació y creció en una de las ciudades más racistas de este país, de chico vio desfilar por las calles los encapuchados del Ku Klux Klan (de religión protestante ¡¿?!). Su conciencia cristiana lo llevó a gritar a voz en cuello la igualdad de los hombres como creación de Dios.

Los grupos racistas no podían tolerarlo, más cuando recibió el premio Nobel de la paz en 1963, en el 68 pagaron a un asesino para callarlo a balazos.

la lista sería interminable de hermanos que no se conformaron a este siglo, que denunciaron la corrupción y pelearon por la justicia, aún a riesgo de perder la vida, riesgo que se concretó en la mayoría de los casos.

Es verdad que la preocupación por lo social fue enfatizada tanto por algunos, que olvidaron la función redentora del evangelio. Pero también es verdad que el evangelio, como Dios mismo, no se preocupa sólo por la salvación futura, la eterna, sino también por las necesidades de los hombres.

Recordemos que somos sal, que debemos salar. Así lo entendió Santiago y predicó contra los ricos opresores y la falsa religión, la que desconoce las necesidades del prójimo (Sgo. 2:1-26 / 5:1-6). Sigamos su ejemplo y el de todos los que han interpretado que el evangelio es acción contra la maldad, contra la injusticia, contra la opresión, en definitiva contra el pecado que llevó a Cristo a morir en la cruz, no víctima del sistema, sino parte del plan de revolución más grande que haya conocido la historia: La revolución interior.

Gustavo Sánchez
De la revista "Para que sean Uno", Año 5 Nro. 51 - Marzo 2001.

 "Para que sean Uno". Publicación de las Iglesias Cristianas Evangélicas, Rosario - Santa Fe (República Argentina). Editores: Juan Gangemi - Américo Giannelli - Carlos Primolini - José Zorrilla - Gustavo Sánchez. Se autoriza la reproducción o reenvío de estos artículos, solamente citando la fuente.

Háganos llegar su respuesta y comentarios a Revista "Para que sean Uno" e-mail: paraqueseanuno@yahoo.com.

lunes 13 de febrero de 2012

ESCUELA BIBLICA POR INTERNET

Estimado hermano :

La Biblia dice que debemos ser sabios administrando correctamente todos los recursos que Dios pone en nuestras manos. Hace años el cine comenzó a usarse para llevar el mensaje de la Biblia. Luego fue la radio, la TV, la video entre otros medios masivos de comunicación.

En estos últimos años la red mundial de computadoras llamada la web es el arma tecnológica que tenemos los cristianos para comunicarnos mejor y para hacer conocer, en nuestro caso, información bíblica.

Es por eso que queremos ser buenos administradores de esta nueva arma tecnológica, que tantas veces la vemos usada con fines pecaminosos. Pero siendo un instrumento, puede ser usada también para que la palabra corra mas rápidamente y con mayor disponibilidad por todo el mismo.

Es por eso que por medio de la presente queremos ofrecerte esta serie de cursos y estudios bíblicos con el deseo que sea de bendición para sus vidas.

Para que este deseo se haga realidad, es necesario que ese conocimiento se aplique a sus vidas, por eso, mas que un curso que solo imparta información, nuestra oración es que sea una herramienta usada por el Espíritu Santo para que vidas de cristianos fieles sean transformadas para Su gloria.

El equipo de trabajo de la E.B.I.

DIRECTOR: OSCAR NARANJO (ROSARIO / ARGENTINA)
COORDINACIÓN: GUSTAVO SÁNCHEZ (MISIONERO EN ARGENTINA)
TRABAJOS PRACTICOS: CLAUDIO DA SOUZA (HAEDO / BS AS)
HERMANOS QUE COLABORAN EN EL DESARROLLO DE LOS TEMAS:
– OSVALDO MACCIO – CLAUDIO DA SOUZA – JOSE MONTES – EDUARDO CARTEA – JORGE PEREZ SIO – DANIEL CHEVRIAU – MARIO MULKI (H) – ROBERTO TABISI – JUAN ANTONIO GARCIA NIETO – ADRIAN MONTES – GUILLERMO ÚNGARO – OMAR GIORIA – JOSE CARBONELL –GUSTAVO SÁNCHEZ- OSCAR NARANJO
En esta sección podrás descargar las clases de la Escuela Bíblica por Internet.
Los archivos están comprimidos en formato ZIP. Para descomprimirlos, necesitas un programa como el 7-zip (gratuito)
Lección 01 Cómo Estudiar La Biblia
Lección 02 Cómo Nos Llegó La Biblia 1
Lección 03 Cómo Nos Llego La Biblia 2
Lección 04 Cómo Nos Llego La Biblia 3
Lección 05 Bibliología
Lección 06 La Autoridad De La Biblia
Lección 07 La Importancia Del Estudio Biblico 1
Lección 08 La Importancia Del Estudio Biblico 2
Lección 09 La Importancia Del Estudio Biblico 3
Lección 10 La Importancia Del Estudio Biblico 4
Lección 11 Frente Al Libro Eterno
Lección 12 Biblia Y Arqueologia
Lección 13 Hermenéutica
Lección 14 Hermenéutica 2
Lección 15 Teologia Propia
Lección 16 Cristología 1
Lección 17 Cristología 2
Lección 18 Soteriología
Lección 19 Los Yo Soy De Jesus
Lección 20 Quien Es Jesus
Lección 21 Cristo El Mesias
Lección 22 Cristología 3
Lección 23 La Doctrina De Jesucristo
Lección 24 Cristología 4
Lección 25 El Señorío De Cristo
Lección 26 El Señorio De Cristo Y El Creyente
Lección 27 Introduccion A La Historia Del Protestantismo 1
Lección 28 Introduccion A La Historia Del Protestantismo 2
Lección 29 Historia Del Cristianismo 1 (Siglo I-Iv)
Lección 30 Historia Del Cristianismo 2 (Siglo V-Xiv)
Lección 31 Historia Del Cristianismo 3
Lección 32 Pre Reforma
Lección 33 La Reforma
Lección 34 La Contrarreforma
Lección 35 Introducción Al Antiguo Testamento
Lección 36 Antiguo Testamento 1
Lección 37 Antiguo Testamento 2
Lección 38 Antiguo Testamento 3
Lección 39 Antiguo Testamento 4
Lección 40 Antiguo Testamento 5
Lección 41 Antiguo Testamento 6
Lección 42 Antiguo Testamento 7
Lección 43 Antiguo Testamento 8
Lección 44 Antiguo Testamento 9
Lección 45 Antiguo Testamento 10
Lección 46 Antecedentes Del Nuevo Testamento
Lección 47 Pentateuco
Lección 48 El Tabernáculo
Lección 49 Geografía Bíblica
Lección 50 Mapas Biblicos
Lección 51 Eclesiologia
Lección 52 El Pecado
Lección 53 Hombre
Lección 54 Dios El Soberano
Lección 55 La Santidad De Dios
Lección 56 La Justicia De Dios
Lección 57 La Ira Y La Justicia De Dios
Lección 58 Espíritu Santo
Lección 59 El Fruto Del Espíritu
Lección 60 Dones Espirituales
Lección 61 La Salvación
Lección 62 Las Dispensaciones
Lección 63 Gracia
Lección 64 La Fe
Lección 65 El Verdadero Evangelio
Lección 66 Protegidos Por El Escudo De La Fe
Lección 67 El Bautismo
Lección 68 El Bautismo 2
Lección 69 La Cena Del Señor
Lección 70 Ministerio De La Iglesia
Lección 71 La Mujer En La Iglesia
Lección 72 El Uso Del Velo
Lección 73 Condiciones Personales De Los Ancianos
Lección 74 Epístolas Pastorales
Lección 75 1ra. Carta a Timoteo
Lección 76 2da. Carta a Timoteo
Lección 77 Carta A Tito
Lección 78 Ancianos-Pastores
Lección 79 Aconsejamiento
Lección 80 Hechos
Lección 81 Vida Cristiana
Lección 82 Santidad Personal
Lección 83 Angeles
Lección 84 Satanas Y Demonios
Lección 85 La Adoración
Lección 86 Apologética Católica
Lección 87 Doctrina Catolica
Lección 88 Escatología
Lección 89 Apocalipsis
Lección 90 El Tribunal De Cristo
Lección 91 Himnologia
Lección 92 Hogar

lunes 16 de enero de 2012

La Bienaventuranza de no Poseer Nada

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de Dios. Mateo 5:3
Antes que Dios creara al hombre, preparó para él un mundo lleno de cosas hermosas
para su sustento y deleite. Todo lo que Dios creó fue para el bienestar del hombre, pero era indispensable que todo estuviera subordinado a él. El Génesis las llama simplemente “cosas.” Fueron creadas para su uso y siempre debían ser
externas a él. Allá en lo profundo del corazón del hombre debía haber un sitio ocupado únicamente por Dios; afuera, podían estar los mil dones conque Dios lo había bendecido.
Pero el pecado introdujo complicaciones, e hizo que los dones de Dios se
convirtieran en instrumentos dañinos para el alma.
Nuestros infortunios comenzaron cuando Dios fue “forzado” a salir de su santuario, y las
“cosas” ocuparon su lugar. Por eso no tenemos paz, porque hemos quitado a Dios
del trono de nuestro corazón, y tenaces y agresivos usurpadores pelean por el
primer lugar.
Esto no es una simple metáfora, sino el análisis de nuestra verdadera condición
espiritual. Dentro del corazón humano hay una raíz de mala naturaleza que le
insta a poseer más, y siempre más. Codicia “cosas” con fiera y desenfrenada
pasión. Los pronombres posesivos “mi” y “mío” parecen inocentes en letra
impresa, pero son de un terrible significado en la vida. Ellos expresan, mejor
que mil volúmenes de teología, lo que es la verdadera naturaleza del hombre.
Son los síntomas verbales de la más profunda enfermedad humana. Las cosas
materiales han echado raíces tan hondas en nuestro corazón que no queremos
arrancarlas por temor a morir. Las “cosas” han llegado a sernos indispensables,
lo que nunca debió haber ocurrido. Los dones de Dios han llegado a ocupar el
lugar de Dios y esto ha trastornado todo el orden de la naturaleza. Nuestro
Señor Jesucristo se refería a la tiranía de las cosas cuando dije a sus
discípulos, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque cualquiera que quiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 16:24, 25)
Dividiendo en fragmentos esta verdad, a fin de entenderla mejor, vemos que hay dentro de
nosotros un enemigo cuya presencia toleramos con grave peligro. Jesús lo
denominó “vida” o “nuestra vida,” o como diríamos nosotros, nuestro propio ser,
cuya principal característica es el deseo de poseer. Así lo demuestran las
palabras “ganancia” y “provecho.” Permitir a este enemigo vivir, terminará al
final con todo. En cambio repudiarlo, y con él repudiar el mundo de las cosas,
dará como resultado final la vida eterna con Cristo. Se insinúa también cual es
la única manera de acabar con este enemigo: por medio de la Cruz. “Tome su cruz
cada día, y sígame.”
La mejor manera de adquirir mayor conocimiento de Dios es pasando por valles
sombríos de tristeza y soledad. Los bienaventurados que poseen el reino son
aquellos que han repudiado todo lo externo, y han desarraigado del corazón todo
deseo de poseer cosas. Estos son los verdaderos “pobres en espíritu” En su vida
interior han llegado a ser semejantes a los mendigos que deambulaban por las
calles de Jerusalén. Ese es el significado de la palabra “pobre” en labios de
Cristo. Esos bienaventurados pobres han dejado de ser esclavos de la tiranía de
las cosas. Han roto el yugo del opresor, hallando la liberación, no por medio
de luchas, sino por medio de la rendición. No teniendo deseos de poseer nada,
‘llegan a poseerlo todo”, “De ellos es el reino de los cielos”
Permitidme que os exhorte a tomar esto seriamente. No lo toméis como una simple enseñanza
bíblica más, para alojarla en un rincón de vuestra mente junto a otra masa
inerte de doctrinas. Lo que digo es un indicador del camino hacia los verdes
pastos, es una senda labrada en la empinada cuesta de la montaña de Dios. Si
queremos continuar en la sagrada búsqueda, no debemos tomar otro camino fuera
de este. Y debemos ascender paso a paso. Si nos negamos a dar un paso, dejamos
de subir.
Como ocurre a menudo, este principio neo testamentario de vida espiritual tiene su
ilustración en el Antiguo Testamento. En la historia de Abraham e Isaac tenemos
una descripción dramática de lo que es la vida completamente rendida, y al
mismo tiempo un comentario a la primera bienaventuranza.
Cuando Isaac nació Abraham ya era un hombre bien entrado en años. Tenía edad
suficiente para ser el abuelo del que ahora era su hijo. El niño no tardó en
convertirse en el ídolo y el deleite de su padre.
Desde el primer momento que Abraham lo alzó en sus brazos, se constituyo en el
esclavo de amor de su hijo. Dios no tuvo a menos comentar este intenso amor
paternal, y esto es fácil de comprender. El niño representaba todo aquello que
más amaba y reverenciaba el anciano patriarca: las promesas de Dios, los
pactos, las esperanzas acariciadas durante años y los sueños mesiánicos tantas
veces soñados. A medida que el niño iba creciendo de la infancia a la juventud,
el corazón de Abraham se ligaba más y más con él, hasta que esta estrecha
relación llegó a hacerse peligrosa. Fue entonces que Dios intervino en las
vidas del padre y el hijo para salvar a ambos de las consecuencias de un amor
demasiado humano.
Dios le dijo a Abraham, “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Génesis 22:2).
El escritor sagrado no nos dice de la agonía de aquel padre, en la noche que pasó
junto a las colinas de Beerseba, cuando estuvo a solas con Dios. Pero podemos
imaginarla respetuosamente.
Es posible que esta agonía no volviera a producirse en ningún otro hombre, hasta
aquella noche en el huerto de Getsemaní, cuando Uno, mucho más grande que
Abraham, luchó también con Dios. Hubiera sido mucho más preferible que el
propio anciano fuera el que tenía que morir.
Hubiera sido mucho más soportable, porque ya era muy viejo, y la muerte no hubiera sido
penosa para uno que estaba acostumbrado a caminar con Dios. Además Abraham se
hubiera sentido dichoso de contemplar por última vez a su hijo, en quien habían
de cumplirse las antiguas promesas de Dios.
¡Cómo podría sacrificar al muchacho, aun cuando pudiese apaciguar su corazón y
realizar el sacrificio! ¿Y cómo habría de cumplirse la promesa de Dios, “en
Isaac te será llamada descendencia”? Esta fue la prueba de fuego para Abraham y
él no falló en el momento crucial.
Mientras las estrellas todavía brillaban sobre la tienda en que dormía Isaac, y antes
que la cenicienta luz del alba comenzara a clarear por el oriente, el viejo
santo había hecho su decisión.
Ofrecería su hijo en holocausto, tal como Dios le había dicho, plenamente convencido que
Dios lo haría resucitar de entre los muertos Esta, dice la carta a los Hebreos,
fue la solución que halló aquel adolorido corazón en la hora más negra de su
vida. Y “muy de mañana” se levantó para cumplirla. Es precioso ver cómo, aunque
Abraham había errado en comprender los métodos de Dios, estaba acertado en la
comprensión de las intenciones de su corazón. La solución concuerda con lo que
dice el Nuevo Testamento: “El que perdiere su vida por amor de mí, la hallará”
Dios dejó que el afligido anciano fuese hasta el punto en que no había retorno.
Luego, impidió que hiciera daño al muchacho. En efecto, le está diciendo al
patriarca, “Nunca fue mi intención sacrificar al muchacho. Lo que yo quería era
quitarlo del templo de tu corazón para poder reinar yo en él, sin que nada, ni
nadie, puedan disputarme ese lugar. Quise corregir la dirección de tu amor.
Ahora puedes contar con tu hijo sano y bueno. Regresa con él a la tienda; ya sé
que temes a Dios, pues no me has rehusado tu hijo, tu único.”
Después de esto se abrieron los cielos, y se oyó una voz que dijo: “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, quepor cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único, bendiciendo
te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del
cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las
puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las familias de la
tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:16-18)
El anciano varón de Dios levantó la cabeza para responder a la voz y se detuvo
allí sobre el monte, fuerte, puro y grande; un hombre a quien Dios había
elegido para un fin especial, el amigo preferido del Altísimo. Abraham era pues
un hombre totalmente rendido a Dios, completamente sometido a él, y sin nada
que pudiera llamar suyo. Había puesto todo en su amado hijo, y Dios se lo había
quitado.
Dios pudo haber comenzado de a poco, trabajando en la periferia de la vida de
Abraham, pero prefirió ir directamente al corazón y hacer la separación con un
solo tajo. Así economizó tiempo y dolor, y la acción fue efectiva.
He dicho que Abraham no tenía nada que pudiera llamar suyo. Pero, ¿no era rico
este hombre? Tenía siervos, ovejas, camellos, ganado y bienes de toda clase.
Además tenía a su esposa, y sus amigos, y lo que era mejor aún, tenía a Isaac, su
hijo. Tenía de todo, pero nada era suyo. Este es el secreto espiritual, la
dulce teología del corazón que se aprende en la escuela del renunciamiento. Los
libros de teología sistemática no hablan de esto, pero los entendidos lo
comprenden.
Después de esta amarga, pero bendita experiencia, creo que las palabras “mi” y “mío,”
adquirieron otro significado para Abraham. El sentido de posesión que ellas
conllevan había desaparecido de su corazón. Las cosas se habían ido para
siempre. Era algo externo al hombre.
Ya no tenían lugar alguno en el corazón de Abraham. El mundo podía decir, “Abraham
es rico,” pero el anciano por dentro sonreía. No podía explicárselos a ellos,
pero él sabía que nada poseía. Sus tesoros verdaderos eran internos y eternos.
Sin duda alguna el hábito de apegarse a las cosas materiales es uno de los más
dañinos de la vida. Hábito que por ser tan natural, pasa tantas veces
desapercibido. Pero sus resultados son desastrosos.
Con
harta frecuencia negamos dar nuestros bienes al Señor por el temor de
perderlos, especialmente cuando dichos tesoros son miembros de nuestra familia,
o amigos queridos. Pero no tenemos razón para abrigar tales temores. Nuestro
Señor no vino para destruir sino para salvar. Todo lo que encomendamos a su
cuidado está seguro. La verdad es que no hay nada que esté realmente seguro si
no se lo encomendamos a él.
También debemos entregarle nuestros dones y talentos. Debemos reconocer que son
simplemente préstamos que Dios nos ha hecho, y no debemos suponer que son
propiedad nuestra. No debemos reclamar méritos por talentos o habilidades como
no debemos alabarnos, por el color de nuestro pelo o nuestros ojos. “Porque,
¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste,
¿de qué te glorías, como si no hubieras recibido?” (1Corintios 4-7)
El cristiano suficientemente despierto reconocerá esta maligna tendencia de su
corazón, y le apenará el hecho de que ella exista. Si su anhelo de conocer más
profundamente a Dios es lo bastante fuerte, querrá hacer algo para remediar el
mal. La pregunta es, ¿qué es lo que puede hacer?
Lo primero de todo es poner aparte todo intento de defensa y no hacer ningún
intento de justificarse ante sus propios ojos o los ojos de Dios. Quien quiera
que trate de defenderse a sí mismo, no tendrá quién acuda en su defensa, pero
si se presenta indefenso delante de Dios, su defensor será el propio Dios. El cristiano
deseoso de mejor vida espiritual debe olvidarse de cualquier treta resbaladiza
que imagine su corazón, y presentarse franca y humildemente delante de Dios.
También debe tener presente que este es un asunto santo. Ningún tratamiento superficial
o descuidado arreglará la situación. El que quiera recibir la ayuda y bendición
de Dios, debe acercarse a él con la plena y absoluta determinación de que él le
oiga. Debe insistir en que Dios acepte todo, y tome todas las cosas que hay en
su corazón, y que el Señor mismo venga a ser el rey. Tal vez sea necesario que
mencione cada cosa y cada persona por nombre. La persona que lo haga así, con
franqueza, con sinceridad, sin reservas de ninguna clase, acortará el tiempo de
su agonía, reduciéndolo de años a minutos, y entrará a la tierra prometida
mucho antes que los que creen que a Dios hay que tratarlo con mucha precaución.
No debemos olvidar que estas verdades espirituales no se aprenden por repetición,
como se aprenden las reglas de la física y otras ciencias. Las verdades divinas
se aprenden por experiencia, sintiéndolas antes de poder saber lo que son. Si
queremos conocer las bendiciones de Abraham debemos sentir en carne propia sus
mismas angustias y agonías. La antigua maldición no desaparece sin producir dolores.
El viejo miserable que hay dentro de nosotros no se rinde, ni muere, acatando
nuestras órdenes. Ha de ser arrancado de nuestro corazón como se arranca una
mala hierba fuertemente adherida a la tierra. Es necesario extraerlo con dolor
y derramamiento de sangre, igual que una muela que se extrae de la mandíbula.
Debe ser expelido fuertemente del alma, de la misma manera que Jesús echó a los
mercaderes del templo. Por nuestra parte debemos resistir la tentación de tener
lástima de nosotros mismos, uno de los pecados más reprensibles de la
naturaleza humana.
Si deseamos conocer a Dios en una creciente intimidad, debemos renunciar a todo
deseo de propia complacencia. Tarde o temprano, Dios nos someterá a esta
prueba. Cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, el patriarca no
sabía que Dios lo estaba probando. Si él hubiera asumido otra actitud diferente
de la que asumió, la historia del Antiguo Testamento hubiera sido muy
diferente.
Dios hubiera hallado otro hombre como el que buscaba, y Abraham se hubiera hundido
en el anonimato. De igual modo a cualquiera de nosotros puede llegarnos la
prueba en cualquier momento, quizás sin que nos demos cuenta de que es una
prueba. En el momento de prueba no habrá más que una sola alternativa, y todo
nuestro porvenir dependerá de la elección que hagamos.
Padre, ansío conocerte, pero mi cobarde corazón teme dejar a un lado sus juguetes. No
puedo deshacerme de ellos sin sangrar interiormente, y no trato de ocultarte el
terror que eso me produce Vengo a ti temblando, pero vengo. Te ruego que
arranques de mi corazón todo eso que ha sido tantos años parte de mi vida, para
que tú puedas entrar y hacer tú morada en mí sin que ningún rival se te oponga.
Entonces harás que tu estrado sea glorioso, no será necesario que el sol arroje
sus rayos de luz dentro de mi corazón, porque tú mismo serás mi luz, y no habrá
más noche en mí. Te lo imploro en el nombre de Jesús, amén.
A. W. Tozer
Cristianismo
Histórico.

¿Vive el cristiano libre del «amor al dinero»?‏

Pablo aclara que «raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual
codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos
dolores» (1 Timoteo 6:10). Como ya sabemos, muchos líderes de sectas o
semi-sectas viven vidas hipócritas. Al investigar el origen de los problemas,
en la mayoría de los casos todo comenzó con amor al dinero; incluso muchos se
están haciendo ricos.

Pedro instruye a que el líder bíblico y el cristiano no sirva a la iglesia «por
ambición al dinero» (1 Pedro 5:2) Uno de los requisitos de los líderes
de la iglesia es ser «desinteresados en cuanto al dinero»
(1 Timoteo 3:3) Pablo condena a los avaros (1 Corintios 6:10) e instruye a la
iglesia a «ni comer» con ellos (1 Corintios 5:11). El apóstol menciona
que los sectarios enseñan falsa doctrina «para obtener ganancias mal habidas»
(Tito 1:11) y que usan la religión «como una fuente de riqueza» (1
Timoteo 6:5) ¿Las consecuencias?

«…los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y
se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los
hombres en la ruina y la condenación»
(1 Timoteo 6:9)

Para nosotros lo que Pablo dice al pastor Timoteo nos sirve de advertencia:
«Pero
tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas» (1 Timoteo 6:11).

Una de las mentiras de Satanás es que la felicidad viene de tener cosas
materiales, cuando, en realidad, la vida se complica y las decisiones llegan a
ser difíciles. Cuando una persona sustituye el dinero y lo que el dinero puede
conseguir por los valores y las actividades espirituales y eternas, él trae a
su vida, a su familia y a sus amigos, infelicidad y confusión.

No sólo sufre él, sino también todos los suyos que le acompañan en ese
camino equivocado.

Pablo dice que algunos dejan sus convicciones cristianas y fracasan espiritualmente
por haber tomado el camino incorrecto de la avaricia. Como una espada, el amor
al dinero penetra en el individuo y le inflige muchos dolores en la vida.

Hermano, preguntémonos entonces ¿somos de aquellos que el Señor dijo?:

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de
Dios. Mateo
5:3

Si quieres realizar una evaluación de tu corazón con relación a las
riquezas lee el siguiente artículo:
La Bienaventuranza de no Poseer Nada - Cristianismo Histórico en:
http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com

sábado 31 de diciembre de 2011

Poema de año nuevo

No veo a Dios, pero le siento,
En las plazas y en las calles,
En los bancos, y al momento
Al mirar por los cristales
Las montañas, los apriscos,
Los prados y los maizales,
Los campos llenos de trigo
Y el sembrado en los bancales.

No veo a Dios, pero le palpo,
Al tocar los tulipanes,
Al aspirar la fragancia
De jazmines y rosales.
Al mirar las amapolas
Moviéndose con el aire,
Y en los lirios y gardenias
Palpo el amor de mi Padre.
Al contemplar como el ciervo,
En busca va, de su madre
Y al ruiseñor cuando canta
Dando gracias a Su Padre,
Y a la gacela que corre
Libremente por los valles,
Y a la paloma que vuela
Tranquilamente en el aire.

No veo a Dios, pero le oigo
En los ríos y en los mares,
En corrientes y marismas,
En riscos y carrizales.
En el silencio en la noche,
Cuando la luna ya sale
Y mi habitación alumbra
Y no dejo de cantarle.

PUES……….
No veo a Dios, mas le contemplo
A través de aquella sangre,
Que en el calvario vertiera
Quien la vida quiso darme.
A través de su mirada
De sus manos, de su carne
Por mis actos destrozada,
Y en respuesta…..quiso amarme.
Y quiso darme la vida
Y poder así gozarme,
En este año que empieza
con vosotros esta tarde,
Para poderle alabar
Y en su grandeza exaltarle,
Y su Gloria contemplar
Aunque no pueda…. Mirarle.

Antonio Torres Villén - Palma. Nov 5, 2005

viernes 25 de noviembre de 2011

LOS QUE ENDURECEN SU CERVIZ (CORAZON)


Cuando hablamos de un corazón endurecido nos referimos a hombres y mujeres que ya no tienen sensibilidad para las cosas eternas ya no sienten la presencia de Dios ya no les importa trabajar en la obra no les importa la palabra no buscan nada de lo espiritual y les da lo mismo tenerlo o no.

EL ENDURECER LA CERVIZ ES CUANDO NO ACEPTAS AMONESTACIONES A TU VIDA

LBA 2 Reyes 17:13 Y el SEÑOR amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas y de todo vidente, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos, mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas.

14 Sin embargo, ellos no escucharon, sino que endurecieron su cerviz como sus padres, que no creyeron en el SEÑOR su Dios. 15 Desecharon sus estatutos y el pacto que Él había hecho con sus padres, y sus advertencias con las cuales los había amonestado. Y siguieron la vanidad y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que los rodeaban, respecto de las cuales el SEÑOR les había ordenado que no hicieran como ellas.

Cuando la cerviz esta endurecida no se escucha.

Cuando se endurece el corazón ya no se siente al Señor.

Cuando hay un corazón que esta endurecido tiene malos caminos.

¿Cómo hacemos para que nuestros caminos sean buenos?

Guardando su palabra.

EL ENDURECER LA CERVIZ ES NO ESCUCHAR

LBA Nehemías 9:16 Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbia, endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos.

Hay siete cosas que abomina Jehová y entre esas esta la soberbia, los ojos altivos.

Dios al orgulloso lo ve de lejos, pero al humilde lo acerca a Él.

MANIFESTACION DE LOS DE DURA CERVIZ NO ESCUCHAN NI SE ACUERDAN DE

LOS QUE DIOS A HECHO EN SUS VIDAS

LBA Nehemías 9:17 Rehusaron escuchar, y no se acordaron de las maravillas que hiciste entre ellos; endurecieron su cerviz y eligieron un jefe para volver a su esclavitud en Egipto. Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste.

Cuando la cerviz de nuestra vida esta endurecida no podemos escuchar ni aunque nos insistan ni nos acordamos de donde el Señor nos ha sacado y nuestro corazón se llena de orgullo y altivez.

LA CERVIZ ENDURECIDA SE MANIFIESTA CON REBELDIA

LBA Nehemías 9:29 Los amonestaste para que volvieran a tu ley, pero ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas, las cuales si el hombre las cumple, por ellas vivirá. Y dieron la espalda en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon.

La cerviz endurecida llena de rebeldía nuestra vida y empezamos a ver todo aquello que no nos agrada y empezamos a ver todo y le buscamos problemas a todo.

SE ENDURECEN SUS CORAZON COMO EL DIAMANTE

LBA Zacarías 7:12 Y endurecieron sus corazones como el diamante para no oír la ley ni las palabras que el SEÑOR de los ejércitos había enviado por su Espíritu, por medio de los antiguos profetas; vino, pues, gran enojo de parte del SEÑOR de los ejércitos.

El corazón endurecido como el diamante solo el Señor lo puede suavizar ya que este es el nivel más duro de nuestro corazón como diamante más duro que el pedernal.

EL DE CORAZON ENDURECIDO NO COMPRENDE NI ENTIENDE

LBA Marcos 8:17 Dándose cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan?

¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido?

Cuando en este nivel no vemos la gloria de Dios en todo lo que pueda ser nuestra vida puede endurecerse nuestra vida y no comprender los planes de Dios para nosotros.

ENDURECIDOS EN SU CERVIZ APARTATE DE ELLOS PUES NO EDIFICAN

LBA Hechos 19:9 Pero cuando algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes hablando mal del Camino ante la multitud, Pablo se apartó de ellos llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano.

Es tiempo que la iglesia empiece a caminar con un corazón sensible a las cosas de Dios pues es por eso que en los problemas mucha de la iglesia quiere regresar al mundo porque ya no se oye la voz de Dios, es por eso que nabal no reconoció a David solo Abigail que era la esposa de este, a veces el trabajo puede hacer que tu vida se endurezca pero necesitas que Dios suavice tu vida con aceite del Cielo.

Pastor William Gordillo

viernes 18 de noviembre de 2011

Ante una emergencia:


¡MARQUE EL 91:1!

Lectura: Salmo 91

1 El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.

La mayoría de la gente sabe que si uno marca en el teléfono los números 9-1-1 obtiene ayuda en una emergencia. Es tan simple que hasta los niños en edad preescolar han salvado vidas
marcándolos. Tres números lo hacen todo.


Una vez, a una mujer la secuestraron en su auto con su hijita dentro. La niña marcó el 9-1-1 en el teléfono móvil, pero el secuestrador no se dio cuenta de lo que ella había hecho. Puesto que alguien escuchaba en el departamento de policía, la astuta madre dio algunas claves sobre su ubicación en voz alta mientras hablaba con el secuestrador. La policía las pudo localizar, a ella y a su hijita, y arrestar al delincuente.

En una emergencia, la ayuda está a la corta distancia de tres teclas que se marcan en el teléfono. Sin embargo, muchas veces los rescatadores humanos no pueden remediar las situaciones que enfrentamos.

Muchas veces nuestras crisis requieren ayuda divina. Cuando eso sucede podemos marcar unos números diferentes: el Salmo 91:1. Allí encontramos la ayuda y la protección de nuestro Dios todopoderoso. Este versículo nos recuerda que Dios es nuestro «refugio» y que podemos descansar bajo su sombra.

Cuando enfrentamos las crisis de la vida, a menudo tratamos de sobrevivir por nuestra propia cuenta. Olvidamos que lo que más necesitamos, la protección de Dios y el consuelo de su presencia, están disponibles con sólo pedirlos. La próxima vez que el peligro espiritual amenace, marca el Salmo 91:1.
SI MORAMOS BAJO LA SOMBRA DE LAS ALAS DE DIOS,
NO TENEMOS QUE TEMER LAS SOMBRAS DE LA VIDA.

Gustavo Adolfo Tobón - Colombia.