Las 95 tesis de Lutero


Antecedentes Históricos.
Para entender el sentido de las 95 tesis tenemos que tomar en cuenta la situación histórica del año de 1517 en Alemania.
Papa León X La Iglesia Católica dominaba políticamente la mayoría de los países europeos, llegando incluso a poner y quitar reyes.
Los países europeos estaban formados por pequeños territorios llamados feudos, que mantenían cierta independencia entre sí. Aún el poder del emperador se encontraba limitado debido a esto. El emperador Carlos V gobernaba sobre España, Alemania y otros países europeos formando lo que se conoce como el Sacro Imperio Romano.
La Iglesia Católica recogía dinero a manera de impuestos. Los cargos administrativos dentro de la iglesia eran muy codiciados por lo lucrativos que eran. De manera que Papas y prelados vivían de forma libertina y holgada.
Entre una de las doctrinas predicadas y aceptadas por la Iglesia Católica (que en ese tiempo era la única que existía) estaba la del purgatorio.
Se enseñaba que el cristiano necesitaba darle a Dios una satisfacción por los pecados que cometiera para que Dios pudiera perdonarlos. De esta manera el cristiano tenía que confesar sus pecados y hacer un sacrificio que satisficiera a Dios quien entonces lo perdonaría.
Después se llegó a la conclusión de que si un cristiano no satisfacía sus pecados en vida lo tendría que hacer después de muerto, antes de entrar al cielo. De ahí la idea del purgatorio.
El purgatorio se convirtió en un negocio lucrativo puesto que se podían pagar misas con beneficio a algún pariente difunto para disminuirle el tiempo que tendría que pasar en el purgatorio, el cual era un lugar de tormento algo parecido al infierno pero con una estancia temporal.
Por alguna razón se empezaron a vender indulgencias. Estas eran documentos de perdón por medio del cual se podía obtener el beneficio de las misas o la veneración de las reliquias. Es decir, se podía disminuir el tiempo en el purgatorio. Las indulgencias se empezaron a ampliar hasta que salieron las indulgencias plenarias. Aquellas que perdonaban todos los pecados sin necesidad de la confesión.
En ese momento surgen las 95 tesis sobre el valor de las indulgencias en la ciudad de Wittenberg, Alemania escritas por un profesor de la universidad. Martín Lutero también monje agustino.
RESUMEN DE LAS 95 TESIS
DISPUTACIÓN ACERCA DE LA DETERMINACIÓN DEL VALOR DE LAS INDULGENCIAS
A. Las indulgencias solo tienen valor para liberar de las penas que la Iglesia a impuesto a través del Papa o sacerdotes. Estas penas solo se aplican a los vivos puesto que los muertos ya son libres de las leyes de la Iglesia.
  • B. El cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho al perdón completo aún sin cartas de indulgencias. Dios le ha concedido la libertad que nadie le puede quitar.
  • C. Es preferible hacer obras de caridad y suplir las necesidades de su hogar que comprar indulgencias.
  • D. Es doctrina humana predicar sobre el valor de las indulgencias. Lo cual es solo una forma de sacarles el dinero a los pobres.
  • E. Incurren en blasfemia aquellos que afirman que la Indulgencias son el inestimable don de Dios, que si San Pedro viviera hoy no podría conceder mayores gracias o que la cruz con las armas papales equivale a la cruz de Cristo.
  • F. ¿Porqué el Papa, cuya fortuna es mayor que la de los mas grandes ricos, no construye de su propio dinero la basílica de San Pedro, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?. ¿Porqué si el Papa puede sacar del purgatorio a las personas, no lo vacía sin pedir dinero, solamente por amor cristiano?. Se debe enseñar que si el Papa conociera los excesos de los predicadores de indulgencias preferiría vender la basílica de San Pedro o reducirla a cenizas antes que construirla con la piel y huesos de sus ovejas
Bibliografía. Obras de Martín Lutero Vol. I. Publicaciones el Escudo. 1967.
Versión Completa: DISPUTACION ACERCA DE LA DETERMINACION DEL VALOR DE LAS INDULGENCIAS.

Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes proposiciones bajo la presidencia del R.P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada Escritura y Profesor Ordinario de esta ultima disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque ausentes, por escrito. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: "Haced penitencia...", ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
  • 2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de aquélla relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los sacerdotes.
  • 3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.
  • 4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de los cielos.
  • 5. El papa no quiere ni puede remitir pena alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.
  • 6. El papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
  • 7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
  • 8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser impuesto a los moribundos basándose en los cánones.
  • 9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.
  • 10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas en el purgatorio.
  • 11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parecer por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.
  • 12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución, como prueba de la verdadera contrición.
  • 13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.
  • 14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran miedo; el cual es tanto mayor cuanto menos sean aquéllas.
  • 15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.
  • 16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la cuasi-desesperación y la seguridad de la salvación.
  • 17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror, aumente la caridad.
  • 18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.
  • 19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad, tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aun en el caso de que nosotros podamos estar completamente seguros de ello.
  • 20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, no significa simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que el mismo impuso.
  • 21. En consecuencia, yerran predicadores de indulgencias que afirman que el hombre es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.
  • 22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los cánones, ellas deberían haber pagado en esta vida.
  • 23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, a muy pocos.
  • 24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.
  • 25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo posee en particular sobre su diócesis o parroquia.
  • 26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.
  • 27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda que se echa en la caja, el alma sale volando.
  • 28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia puede ir en aumento, mas la intercesión de la iglesia depende solo de la voluntad de Dios.
  • 29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.
  • 30. Nadie esta seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya obtenido la remisión plenaria.
  • 31. Cuan raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad adquiere indulgencias; es decir, que él tal es rarísimo.
  • 32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros de su salvación mediante una carta de indulgencias.
  • 33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el inestimable don divino por el cual el hombre es reconciliado con Dios.
  • 34. Pues aquellas gracias de perdón solo se refieren a las penas de la satisfacción sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.
  • 35. Predican una doctrina anti-cristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición para los que rescatan almas o confeccionalia.
  • 36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
  • 37. Cualquier cristiano verdadero, sea que este vivo o muerto, tiene participación en todos los bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas de indulgencias.
  • 38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de menospreciarse en manera alguna, porque (como ya he dicho) constituyen un anuncio de la remisión divina.
  • 39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el pueblo, la prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
  • 40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.
  • 41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela, para que el pueblo no crea equivocadamente que deben ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.
  • 42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.
  • 43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente, realiza una obra mayor que si comprare indulgencias.
  • 44. Porque la caridad crece por la obra de caridad, y el hombre llega a ser mejor; en cambio no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.
  • 45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias papales, sino la indignación de Dios.
  • 46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes suficientes, están obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.
  • 47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia voluntad y no constituye obligación.
  • 48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto mas necesita cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.
  • 49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.
  • 50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los predicados de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.
  • 51. Debe enseñarse a los cristianos que el papa estaría dispuesto - como es su deber- a dar de su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el dinero, aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.
  • 52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencia, aunque el comisario y hasta el mismo Papa pusieran su propia alma como prenda.
  • 53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.
  • 54. Oféndase a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo a las indulgencias que a ella.
  • 55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más importante) deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
  • 56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Cristo.
  • 57. Que en todo caso son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.
  • 58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque estos siempre obran, sin la intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior.
  • 59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando él término en el sentido de su época.
  • 60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
  • 61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la sola potestad del Papa.
  • 62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios.
  • 63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean postreros.
  • 64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace que los postreros sean primeros.
  • 65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a hombres poseedores de bienes.
  • 66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de los hombres.
  • 67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.
  • 68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la piedad de la cruz.
  • 69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las indulgencias apostólicas.
  • 70. Pero tienen el deber aun más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos, para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha encomendado.
  • 71. Quien habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.
  • 72. Más quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de indulgencias, sea bendito.
  • 73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias
  • 74. Tanto mas trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en perjuicio de la caridad y la verdad.
  • 75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que puedan absolver -para hablar de algo imposible- a un hombre que haya violado a la madre de Dios.
  • 76. Decimos, por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los pecados veniales, en cuanto concierne a la culpa.
  • 77. Afirma que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye una blasfemia contra San Pedro y el Papa.
  • 78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de mayores gracias: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc., como se dice en 1ª Corintios 12.
  • 79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a la cruz de Cristo.
  • 80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se propongan al pueblo.
  • 81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas, resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas indudablemente sutiles de los laicos.
  • 82. Por ejemplo: ¿Por qué no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la muy apremiante necesidad de las almas -lo cual seria la mas justa de todas las razones si él redime un numero infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de la basílica- lo cual es un motivo completamente insignificante?
  • 83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto que ya no es justo orar por los redimidos?
  • 84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por qué no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma alma pía y amada?
  • 85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?
  • 86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más opulentos ricos, no construye tan solo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar de hacerlo con el de los pobres creyentes?
  • 87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y que participación concede a los que por una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?
  • 88. Del mismo modo: ¿Qué bien mayor podría hacerse a la iglesia si el papa, como lo hace ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera de los creyentes?
  • 89. Dado que el papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que el dinero, ¿Por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son igualmente eficaces?
  • 90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos solo por la fuerza, sin desvirtuarlos con razones, significa exponer a la iglesia y al papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la desdicha de los cristianos.
  • 91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien, no existirían.
  • 92. Que se vayan pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo: de Cristo: "Paz, paz; y no hay paz.
  • 93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz.
  • 94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
  • 95. Y a confiar en que entraran al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la ilusoria seguridad de paz.

Bibliografía. Obras de Martín Lutero. Vol I. Facultad Luterana de Teología. Editorial Paidós. 1967

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