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lunes, 23 de agosto de 2010

CUANDO EL CIELO CELEBRA


Jesús sabe de la FIESTA. En uno de los más grandiosos capítulos de la Biblia, Lucas15, nos cuenta tres historias. Cada una habla de algo que se perdió y que fue hallado. Una oveja perdida. Una moneda perdida. Un hijo perdido. Al final de cada historia Jesús describe una fiesta, una celebración. El pastor hizo fiesta por haber hallado a su oveja perdida. La mujer hizo fiesta porque halló su moneda perdida. El padre hizo una fiesta en honor al hijo perdido que había hallado.
Tres parábolas, cada una con una fiesta. Tres historias y en cada una aparece la misma palabra: gozo. Respecto al pastor que halló a su oveja, Jesús dice: "Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso y se va a su casa. Cuando la mujer encontró la moneda perdida, anunció:"Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido". Cuando el padre del hijo pródigo le explica al hermano mayor renuente, le dice:" Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido, se había perdido, y es hallado".
El punto está claro. Jesús se alegra mucho cuando se halla lo que estaba perdido. Para Él ningún momento se compara al momento de la salvación.
¿Cómo explicamos tal gozo? ¿Por qué tanta alharaca? Usted tiene que admitir que el entusiasmo despierta curiosidad. No estamos hablando de la gente de una nación o de los pobladores de una ciudad, estamos hablando de gozo "cuando un pecador cambia su corazón y su vida" ¿Cómo puede una sola persona crear tanto entusiasmo?
¿Quién imaginaría que nuestras acciones tienen tal impacto en los cielos? Podemos vivir y dejar ninguna otra cosa que un obituario. Nuestras más grandes acciones en la tierra pasarán en su mayoría inadvertidas y sin registrarse. ¿Nos atrevemos a pensar que Dios está prestando atención?
Según este versículo, la presta. De acuerdo a Jesús nuestras decisiones tienen un impacto termostático en el mundo invisible. Nuestras acciones en el teclado de la tierra disparan martinetes sobre las cuerdas del piano de los cielos. Nuestra obediencia tira las cuerdas que hacen repicar las campanas de los cielos. Cuando un hijo llama, el Padre inclina su oído. Una hermana llora y las lágrimas empiezan a correr desde arriba. Si muere un creyente la puerta se abre. Pero, más importante, si un pecador se arrepiente, toda otra actividad cesa y todo ser celestial celebra.
Impresionante esta respuesta a nuestra conversión. El cielo no hace fiesta alguna por nuestros otros logros. Cuando nos graduamos del colegio o abrimos un negocio, o cuando tenemos un hijo, hasta donde sabemos, el burbujeo del cielo se queda en el refrigerador. ¿A qué tanta alharaca por nuestra conversión?
Nosotros no siempre compartimos ese entusiasmo, ¿verdad? Cuando usted oye que se salva un alma, ¿deja todo y corre a celebrar? ¿Hace eso que su día sea bueno o hace que su día malo sea mejor? Tal vez nos sintamos complacidos, pero ¿exuberantes? ¿Revientan nuestros pechos con gozo? ¿Sentimos la urgencia de llamar la orquesta, cortar la torta y hacer fiesta? Cuando se salva un alma el corazón de Jesús se torna como el firmamento nocturno en el día de la independencia, radiante con explosiones de alegría.
¿Podría decirse lo mismo de nosotros? Tal vez ese es un aspecto al cual nuestros corazones deben dar algo de atención.
¿Por qué Jesús y sus ángeles se regocijan por un pecador que se arrepiente? ¿Pueden ver algo que nosotros no podemos ver? ¿Saben algo que nosotros no sabemos? Claro que sí. Saben lo que guarda el cielo. Han visto la mesa, han oído la música, y se mueren de deseos de ver su cara cuando usted llegue. Todavía mejor se mueren de deseos de verlo llegar.
Cuando usted llegue y entre a la fiesta ocurrirá algo maravilloso: una transformación final. Usted será tal como Jesús. Beba hasta el fondo en 1 de Juan 3.2: "Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es".
De todas las bendiciones del cielo una de las más grandes será suya. Usted será la obra magna de Dios, su obra de arte. Los ángeles se quedarán boquiabiertos. La obra de Dios quedará completa. Finalmente usted tendrá un corazón como el suyo.
Usted amará con amor perfecto.
Usted adorará con cara ardiente.
Usted oirá cada palabra que Dios habla.
Su corazón será puro, sus palabras serán como joyas, sus pensamientos serán como tesoros.
Usted será tal como Jesús. Al fin usted tendrá un corazón como el suyo. Conciba el corazón de Jesús y concebirá el suyo propio. Sin culpa. Sin temor. Entusiasta y gozoso. Adorando incansablemente. Discerniendo sin equivocación. Así como el arroyo en la montaña es prístino e interminable, así será su corazón. Usted será como Él.
Como si eso no fuera suficiente, todo el mundo también será como Él. "El cielo es el lugar perfecto para personas que han sido hechas perfectas". El cielo está poblado por aquellos que le permiten a Dios cambiarlos. Cesarán las discusiones, porque no habrá celos. Las sospechas no aflorarán a la superficie, porque no habrá secretos. Todo pecado habrá desaparecido. Toda inseguridad quedará en el olvido. Todo temor en el pasado Trigo puro. Nada de lujuria. Esperanza pura. Nada de temor. No en balde los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente, saben que otra obra de arte pronto adornará la galería de Dios. Saben lo que guarda el cielo.
Hay todavía otra razón para la celebración. Parte del entusiasmo resulta de nuestra llegada. La otra parte viene de nuestra liberación. Jesús se regocija que nos dirijamos al cielo, pero igualmente se alegra de que seamos salvos del infierno.
Una frase resume el horror del infierno: "Dios no está allí".
Piense en un momento en esta pregunta: ¿Qué si Dios no estuviera en la tierra? Piensa usted que la gente puede ser cruel ahora, imaginémonos lo que sería sin la presencia de Dios. Piensa que somos brutales unos con otros, imagínese al mundo sin el Espíritu Santo. Piensa que hay soledad y desesperación, y culpabilidad hoy, imagínese la vida sin el toque de Jesús. No hay perdón, ni esperanza, ningún acto de bondad, ninguna palabra cariñosa, no se da ningún alimento en su nombre ni se entonan cantos de alabanza, ni se hacen obras en su honor. Si Dios quitara sus ángeles, su gracia, su promesa de eternidad y sus siervos, ¿cómo sería el mundo?
En una palabra: un infierno. Nadie para consolarle ni música para calmarlo. Un mundo donde los poetas no escriben sobre el amor ni cantores cantan acerca de la esperanza ,porque el amor y la esperanza fueron pasajeros en la nave que ya partió el buque final ya se ha ido , y el himno infernal tiene sólo dos palabras:" si yo hubiera".
Según Jesús el infierno conoce sólo un sonido: "el lloro y el crujir de dientes" Del infierno sale un quejido lastimero al darse cuenta sus habitantes de la oportunidad que se perdieron. Qué no darían ellos por otra oportunidad. Pero la oportunidad ya pasó.
¿Comprende ahora por qué los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente? Jesús sabe lo que le espera al salvo. También sabe lo que le espera al condenado. ¿Puede usted ver por qué nosotros debemos regocijarnos igualmente? ¿Cómo podemos? ¿Cómo pueden nuestros corazones cambiar para que nos regocijemos como Jesús se regocija?
Pida a Dios ayuda para tener su visión eterna del mundo. La visión divina de la humanidad es punzantemente sencilla. Desde su perspectiva toda persona es o está:
Ø Entrando por la puerta estrecha o la puerta ancha (Mateo7:13-14)
Ø Andando por la senda estrecha o la senda ancha (Mateo 7:24-27)
Ø Sabia o necia (Mateo 25:2)
Ø Preparada o no preparada (Mateo24:45-51)
Ø Llevando fruto o no llevando fruto (Mateo25:14-27)
Ø Llamada al cielo o dirigiéndose al infierno (Marcos16:15-16)
Cuando naufragó el vapor Titanic, más de dos mil cien personas cayeron a las frígidas aguas del Atlántico. En la costa se pusieron los nombres de los pasajeros en dos columnas sencillas: salvos y perdidos. La lista de Dios es igualmente sencilla.
Nuestros libros de contabilidad, sin embargo, están atiborrados con columnas innecesarias. ¿Es rico? ¿Es bonita? ¿En qué trabaja? ¿De qué color es su piel? ¿Tiene título universitario? Estas cosas son irrelevantes para Dios.
Conforme Él nos moldea para que seamos más como Jesús esas cosas se vuelve irrelevante para nosotros también. Alguien parafraseó 2 Corintios5.16:"Nuestro conocimiento de los hombres no puede basarse ya más en su vida externa".
Tener un corazón como el suyo es mirar las caras de los salvos y regocijarnos. Están apenas a una tumba de ser como Jesús. Tener un corazón como el suyo es ver la cara de los perdidos y orar. Porque a menos que ellos se conviertan, están a una tumba del infierno.
Así que mi reto para usted es sencillo. Pídale a Dios que le ayude a captar su visión eterna del mundo. Toda persona con quien usted se cruza ha recibido una invitación a la cena. Cuando uno dice que sí, celébrelo. Cuando alguno actúa remoloneando ínstelo y anímelo a que se aliste. Es casi la hora de la fiesta, y usted no quiere que esa persona se la pierda.
Max Lucado.
http://encuentrame-sipuedes.blogspot.com

1 comentario:

Daiane dijo...

Depois disto,ouvi a voz do Senhor,que dizia:a quem enviarei,e quem há de ir por nós?
Disse eu: eis me aqui,envia-me a mim...

que neste dia você possa refletir sobre esta palavra e então saber se está preparado para dizer isto ao Senhor Deus. Estarei orando por você, fique na paz de Deus!