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miércoles, 17 de junio de 2009

La Lengua

Santiago 3:1-12.
“La lengua es una espada de doble filo, puede ser usada para edificar y para destruir…”

Uno siempre de una u otra manera va a decir cosas malas, recuerden que el hombre es de naturaleza pecadora, pero Dios nos limpia. Aun así el pecado nos persigue y muchas veces caemos a través de la lengua, con la lengua podemos herir a las personas o incluso ofender o negar a Dios.

Hay veces que uno por decir algo cambia la vida de una persona, ya que uno maldice a la persona, por ejemplo si decimos a un niño que es tonto todos los días hasta que tiene 15 años, su autoestima estará tan baja y lastimada que se creerá tonto. O sea, sólo por decirle tonto, que puede sonar tan simple, generamos ese impacto. “Cuan grande bosque enciende un fuego pequeño” (v. 5), es como los incendios, si uno deja caer un fósforo en el bosque, el bosque entero podría incendiarse y sería muy difícil de apagar, asimismo con el niño, la palabra tonto, le hará pensar que lo es y cambiar esa idea será tan difícil como apagar un bosque. También uno por decir una pequeña cosa que no era prudente puede generar un gran conflicto, se pueden generar malentendidos y se pueden dañar buenas relaciones como amigos, familia, matrimonio, la iglesia, etc. esos malentendidos también son difíciles de apagar y se encendieron por un fósforo… la lengua. Tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a poner a un freno en nuestra boca, y así el cuerpo será controlado, como con los caballos, les ponemos una rienda en la boca y tenemos control sobre él.

A la lengua le podemos dar dos usos, bendecir o maldecir, pero tenemos que darle sólo uno, ¿Cuál crees tú que es? ¡Bendecir, claramente! Ahora pregúntate, ¿qué uso le estas dando a tu lengua? La Biblia nos manda bendecir a todos, incluso a nuestros enemigos, por ejemplo a uno en su entorno lo pueden molestar por diversas razones, y uno los mira feo y se dice por dentro “¡Ya llegaron a molestar, son más tontos, por qué no se largan mejor, desagradables!, etc.”, pero ¡no debes ser así!, como cristianos debemos reflejar el carácter de nuestro Señor Jesús.

En Efesios 4:29 se nos dice que ninguna palabra corrompida debe de salir de nuestra boca, sino que lo que salga sea para edificar. Si queremos que nuestro grupo (célula) crezca, tenemos que dar edificación a los que no conocen a Cristo, ¿Y ustedes creen que podrán traer jóvenes si decimos puras tonterías?, recuerden que somos un farol, somos luz y si decimos algo indecente, todos nos observaran y bajará su disposición a escucharnos por culpa ¡de la lengua!, así que cuiden lo que dicen y cómo lo dicen.

Si quieren controlar la lengua, pídanle a alguien perfecto que los ayude, ¿Quién es ese alguien perfecto? Nadie más que nuestro Señor Jesucristo.

Las iglesias suelen ser atacadas de una manera muy fuerte por pecados de murmuración, debemos impedir que se divulguen chismes o asuntos que pueden dañar la reputación de alguien de nuestra iglesia, debemos pedir a la persona que nos viene a contar algo de alguien más, que por favor hable directamente con la persona de la que habla, para aclarar algún malentendido y que no nos contamine a nosotros con sus palabras e intrigas. Debemos ser corteses pero firmes para evitar que el pecado se extienda y contamine a otros.

Hermanos, no usen la lengua para cosas malas, qué fácil es caer en el pecado. Usen la lengua para edificar, somos cristianos, imitadores de Jesús, y la palabra que salía de Su boca era palabra de Dios y palabra muy edificante y llena de gracia y compasión. ¿No queremos tener también esa palabra en nuestra lengua?

Dios recuerda siempre lo que decimos, así que si han usado la lengua para maldecir, murmurar, negar a Dios u otras cosas, deben pedir perdón a Dios, y El, como es justo que es, los perdonará, y así también sean con los hombres, si maldicen (ya sea insultar, tratar mal, etc.) pidan perdón para no tener líos con los hombres, y si alguien los trata con maldición, de igual manera perdonen y bendíganlo en el nombre de Jesús, así que recuerden todos, debemos bendecir, y no maldecir, que nuestras palabras reflejen semejanza con Jesucristo.

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