¿Por qué debes estar seguro de tu salvación?

Cuando Dios nos convierte en sus hijos; recibimos todos los beneficios de la gran salvación que proviene del Padre. El Espíritu Santo viene a morar en nosotros (1 Corintios 3:16; 6:19), y toca al creyente poner en práctica, apropiarse y experimentar lo que ha adquirido en Cristo.

En Filipenses 2:12, Pablo recuerda a los filipenses su obediencia en el pasado y dice que así como la presencia del apóstol los impulsaba a obedecer, quería que practicaran esa obediencia aunque estuviera ausente. Esto sería un testimonio de una convicción genuina; no para ser vistos por él, sino por lo que habían aprendido de él. De esta forma, estarían obedeciendo a Dios y no al apóstol.

LA CONVICCIÓN GENUINA RESULTA EN OBEDIENCIA A DIOS.


Ahora tocaba a los filipenses mostrar al mundo lo que ellos habían recibido de Dios por medio de Cristo. Tenían una responsabilidad ante los que les rodeaban.

La responsabilidad del cristiano:

“Ocupaos en vuestra salvación”. Estar ocupado en la salvación es muy distinto a estar ocupados para lograr la salvación. Pueden ocuparse en la salvación únicamente aquellos a quienes Dios ya les ha concedido esta dádiva (Efesios 2:8–10). El hombre jamás podrá obtenerla por medio de sus propios esfuerzos. La salvación es por fe y no por obras; es un don de Dios.

Ocuparse en la salvación no significa trabajar por la salvación. Más bien es una exhortación a vivir el cristianismo de tal modo que los inconversos sean atraídos a Cristo Jesús. Lo de dentro debe salir para que sea visto por los demás. Ser imitadores de Cristo también demanda darlo a conocer y gozar de las riquezas de la gracia que ya son nuestras. Los filipenses tenían que poner en obra lo que habían recibido.

Es lo mismo que experimenta un pianista al prepararse para un concierto. Las horas de ensayo no son para aprender a tocar y obtener el título de concertista, sino para poner en acción lo que ya es y sabe.

Entérate entonces porque es imposible perder la Salvación:

La seguridad de la Salvación

Por José Daniel Espinosa Contreras

“Si no podemos hacer nada para ganar la salvación, tampoco podremos hacer nada para perderla”.

La seguridad de la salvación ha sido un tema muy controversial. Sin embargo, es una de las doctrinas más importantes y uno de los fundamentos que más claros debe tener el cristiano.

La correcta interpretación de esta doctrina se ha visto afectada por la dificultad de algunos pasajes como Hebreos 6, 2ª Pedro 2, o Juan 15. Pero una correcta exégesis de tales pasajes, un estudio de la doctrina de la gracia e inquirir cuidadosamente en cada uno de los libros bíblicos (especialmente Romanos) dará como resultado la correcta explicación a esta doctrina.

El cristianismo se diferencia de las demás religiones en que es la única que te ofrece una salvación por gracia y fe a través de Cristo, no por obras (2ª Timoteo 1:9; Tito 3:4,5; Romanos 9:11; Efesios 2:4, 5,8 y 9).

Ahora bien, la gente que considera que la salvación se pierde te está diciendo: “Si, es cierto, que yo creo que la salvación es por gracia, pero después que recibes a Cristo dependes de tus buenas obras y de cómo te portes (Cristo más tus meritos humanos).

Este es un grande y peligroso error nada nuevo, puesto que ya se daba en tiempos de Cristo. Muchos judíos consideraban que la salvación era por gracia más el cumplimiento de la ley. Pero esta mentira del diablo que ya se dejaba ver por aquel entonces debe ser destruida por la claridad de la Palabra de Dios, que afirma con contundencia que la salvación “no es por obras”, “sino por la gracia de Dios” (Efesios 2:8-9).

¿Qué pecado, pues, te hará perder la salvación? ¿Qué pecado dice la Biblia que nos hará perder la salvación? Ninguno. Más bien ella dice que “la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado” (1ª Juan 1:7). ¡Qué gusto saber que no hay pecado que Cristo no pueda perdonar al cristiano!

Y algunos dirán, “¿y qué de la blasfemia contra el Espíritu Santo?”. El evangelio de Mateo (12:31) muestra que tal blasfemia no será perdonada. Esto es cierto. Pero también es cierto que el cristiano no puede cometer este pecado. Blasfemia es un término de origen griego, que significa vilipendio, despreciar, maldecir. Por ello, este pecado solo lo comete una persona que jamás ha conocido a Cristo. Este pecado es el que cometieron los fariseos, en Hechos 7:51-52. Es tener la luz y rechazarla. Porque llega el momento en que Dios dice: ¡basta!, has rechazado el Evangelio y la luz de Jesucristo. “Y esta es la condenación, que la luz vino al mundo y los hombres la rechazaron, y amaron mas las tinieblas que la luz” (Juan 3:19).

Y es que Dios comienza tu salvación por la fe y nos dice que el justo por la fe seguirá viviendo (Romanos 1:17; Gálatas 3:11). Por la gracia de Dios yo me convertí y por la gracia de Dios necesito seguir viviendo. La redención abarca mi vida pasada, mi vida presente y mi vida futura. Cuando la Biblia dice que eres salvo implica 3 etapas: fuiste salvo cuando te justificó Dios en tu pasado de la culpa del pecado (justificación), estamos siendo salvados del poder del pecado (santificación) y seremos salvados de la presencia del pecado (glorificación). Cuando Jesús murió en la cruz del calvario, no solo murió por los pecados pasados, sino por los pasados, los presentes y los futuros. La Biblia dice que la salvación es eterna, no temporal.

Si la salvación comienza con la justificación aquí en la tierra, y Dios asevera que es eterna. ¿Cómo se atreven los hombres a poner esto en tela de juicio? Es menester reconocer que la salvación es eterna (Juan 3:15; 3:16; 3:36; 6:40; 6:47; Romanos 6:23; 1ª Juan 2:25; 5:11,13,…). Eternidad desde el momento en que crees en Cristo, pues esta es una promesa de Dios.

Además, la voluntad de Dios es que ninguno salvo, se pierda (Juan 6.39). Es por ello que el creyente es guardado por el poder de Dios para alcanzar la salvación (1ª Pedro 1:5). Dios conserva al santo siempre (Salmo 37:28). Dios nos libra de obras malas y nos preserva para su reino celestial (2ª Timoteo 4.18).

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” Judas 1: 24.

2ª Corintios 5:17 dice que el cristiano es una nueva criatura (espiritual). ¿Podrá algo des-crearlo?

Juan 17:11-12 nos dice que Jesús guardó a los suyos en su vida terrenal, y pide al Padre que ahora nos guarde a nosotros. ¿Acaso el Padre no concederá las peticiones de su Hijo? El apóstol Pablo estaba seguro de que Dios lo guardaría hasta el fin (2ª Timoteo 1:12). Una vez que Dios ha salvado al creyente no puede volver su Palabra vacía (Tito 1:2). Es más, podemos decir que Dios ve a los salvados ya como glorificados (Romanos 8:30), pues este es el propósito de Dios, que en aquel en quién comience la obra salvífica se perfeccione hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

Si para mantenerme salvo necesito tener buenas obras, voy a llegar al cielo con algo en lo que enorgullecerme, pero la Biblia dice que la salvación es de tal forma que nadie podrá gloriarse (Efesios 2:9). Por esto Dios lo planeó todo, para que Él y solamente Él fuese el autor y consumador de nuestra salvación.

El que defiende que la salvación es por gracia, pero que se debe portar bien para mantenerla, está declarando tremenda herejía. Esto sería ganarnos la salvación por nuestra propia justicia. Las buenas obras solo serán el resultado de un nuevo nacimiento, de una fe genuina en un Dios de amor, al que queremos mostrar un profundo agradecimiento por la inigualable obra de amor que hizo por sus hijos.

Aborreceremos el pecado porque amamos a Dios. Como dijo Charles Spurgeon en una de sus predicaciones: “Si profesamos ser cristianos estamos obligados a apegarnos al cristianismo”.

El hombre, sumergido en un mundo perecedero, lleno de vanidades perecederas, solo encontrará la paz cuando pueda poner su confianza en algo que es eterno, que no puede perderse, que es superior a todo lo que se encuentra en este mundo. Esto es la Salvación que Dios nos da.

Por tanto, el cristiano que verdaderamente haya creído en Cristo y le ame con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de Él, puede estar en esta vida absolutamente seguro de que permanece en el estado de gracia, y puede regocijarse en la esperanza de gloria de Dios, puesto que tal esperanza nunca le hará avergonzarse (Romanos 5: 2, 5).

A pesar de ello, esta seguridad en el creyente puede ser sacudida, acortada o entorpecida por la negligencia de no vivir como a Dios le agrada, contristando al Espíritu Santo (Salmo 51: 8, 12; Efesios 4: 30-31).

Es por ello que debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12), pues solo así podremos descansar en esta eterna seguridad. No por temor de perderla sino porque Su gracia nos impulsa a amar y servir a Dios.

Gracias Dios porque tuya es la salvación, gracias porque tu poder nos guarda, gracias Dios porque no seremos avergonzados al confiar en la esperanza que Tú nos has otorgado. ¡Gracias Dios!

Cristianismo Historico
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