Buena musica para Dios


Un concierto que estremeció el corazón de Dios, fue el de Pablo y Silas

Hechos: 16:16-34

Lo que aconteció aquella noche alejados de las luces y el glamour, en medio de la inmundicia que los rodeaba; donde dos siervos de Dios presentaron un concierto que estremeció su corazón.

Ellos hicieron brotar la belleza de su adoración, elevándose como un grato incienso, perfumando la hediondez de aquella cárcel hacinada y pestilente.

Cuando leemos en las Escrituras la descripción de las circunstancias que rodeaban a Pablo y Silas Surge una pregunta: ¿Puede un hombre o una mujer adorar a Dios después de tal humillación? Si leemos los versículos del 22 al 24 y especulamos un poco respecto a los sentimientos que invadían sus mentes puedo imaginar la vergüenza y humillación que les inundaba al verse con sus ropas hechas jirones por la actitud violenta con que los desnudaron, la sensación de rabia y deseo de venganza que brotaba de sus corazones después de cada chasquido de la vara sobre sus espaldas, no siendo suficiente, no sólo estaban privados de su libertad física sino, lo que es peor, coartados de la libertad de ejercer sus propias convicciones, pues estaban conminados en lo más profundo de la cárcel y asegurados con el cepo.

La frase que continúa “...Pero a la medianoche, orando...” es importante para comprender ese proceso que realiza Dios para preparar el corazón de un adorador. La Escritura no dice a qué hora fueron llevados a la cárcel, se puede inferir, por la expresión, que han pasado algunas horas. Donde los sentimientos de impotencia, rabia y frustración como los vientos impetuosos luchando en el interior de sus mentes; son aquietados y suprimidos por la oración en la presencia de Dios. Es así que en el santuario de Dios Él nos hace comprender la razón de las circunstancias. Sal. 73:17. “Hasta que entrando en el santuario de Dios. Comprendí el fin de ellos”.

Entonces, purificados por la Palabra y la oración, pueden ahora elevar sus voces bendiciendo y adorando al Dios Todopoderoso.

Una auténtica alabanza no puede surgir, a menos que nuestros sentidos y todo nuestro ser se encuentren afinados y sincronizados en una estrecha comunión con Dios y eso sólo se da a través de la oración y búsqueda de su presencia.

Es en la presencia del Señor que tus más íntimos pensamientos y sentimientos son tamizados por el poder de su Espíritu.

Y eso es algo que el entendimiento no alcanza a comprender.

Dios, cual Padre amoroso, Jamás resistirá al corazón contrito y humillado, más aun cuando nuestra humillación no procede del dolor de nuestro propio pecado sino del dolor por perseverar en ser obedientes a Él, a pesar de la injusticia.

Es entonces cuando Pablo y Silas elevan un canto poderoso que no hay cárcel ni cepo que pueda contener y se desborda la más preciada libertad del alma y del espíritu que arrasa con cualquier limitación humana y el poder de Dios de derrama y remueve los cimientos más profundos de cualquier fortaleza o prisión y las consecuencias no esperan sino que la manifestación de Dios en la vida de estos siervos impacta de tal manera la vida de los que con ellos estaban y no hay lugar a la duda y al escepticismo que suele verse hoy aun en los creyentes.

El llamado de Dios nunca fue a perfeccionar técnicamente la Alabanza, sino, a perfeccionar nuestros corazones por su Palabra, A Dios no le impactó el melodioso canto de Pablo y Silas sino el corazón perfecto de ambos que al igual que Cristo pasaron por alto la afrenta y encomendaron su causa al que juzga justamente.

La única condición de la salvación

Hechos 16:31 “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”

¿Qué significa creer?

1º Nos habla de su humillarnos ante Dios: v29…se postro, reconoce su condición,

2º Nos habla de su arrepentimiento, v33… lavó sus heridas;

3º Nos habla de su testimonio, v33… se bautizó,

4º Nos habla de su comunión, v34… se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

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