LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Lectura Biblica: (1.a Corintios 15:1-22)
¡Qué glorioso es para el creyente que tras la consideración de la muerte de Cristo que se hace en estos días, podamos hablar de su resurrección. Supongamos que no hubiese resucitado.
Por siglos, la humanidad habría venido preguntándose: ¿Será verdad que era El, el Mesías? ¿Es cierto o no lo es el mensaje del cristianismo. (Véase anécdota El nombre cambiado.)
1. La certeza de la resurrección
El apóstol Pablo, después de una exposición por el argumento que se llama de reducción al absurdo, acerca de lo inútil e ineficaz de nuestra fe si Cristo no hubiese resucitado, exclama triunfalmente: «Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos.» No hay incertidumbre alguna.
Ese testigo, antes enemigo y perseguidor de la fe cristiana, tenía motivos para saberlo. (Véase anécdota Un nuevo epitafio.)
Tras él, debían tener también buenas razones para afirmarlo los que durante los tres primeros siglos se dejaron atormentar y quitar la vida para sostener semejante afirmación. San
Pablo nombra por orden en este capítulo a los que le vieron en diez ocasiones distintas, individualmente o en grupos hasta de quinientos. Otros testigos refieren las palabras y hasta los hechos del Salvador resucitado. Aquí no caben más que tres suposiciones:
a) O centenares de personas se dejaron matar por lo que ellos sabían era falso.
b) O se volvieron todas dementes de una vez.
c) O Cristo resucitó «verdaderamente» (Lucas 24:34). ¿Qué es preferible creer?
Indudablemente, que resucitó.
2. Significado de la resurrección
«Primicias de los que durmieron», dice el apóstol. Más ¿no hubo otros resucitados por los profetas y por Cristo mismo? Sí, pero todos eran diferidos de la muerte, no librados de ella. Todos volvieron a morir. Sólo Cristo fue triunfador definitivo, y esto por sí mismo, sin ayuda ajena. Su resurrección para la inmortalidad era una cosa totalmente nueva en la historia humana; de ahí su gran importancia. Efectivamente, si El no hubiera resucitado:
a) No habría para nosotros garantía de que fuera el Hijo de Dios, el Redentor prometido. La señal de los milagros no bastaba. Otros profetas los hicieron también.
b) No habría garantía de que Dios aceptó el rescate. Ninguna evidencia de salvación existiría para nosotros.
c) Tampoco podríamos confiar en el cumplimiento de sus grandes promesas (Juan 14:2 y 23;
16:24-27; 17:24 y tantas otras serían bellas palabras sin seguridad). ¡Ojala fuera verdad!
.Exclamaríamos. Que este buen hombre de Dios, que murió hace tantos años, esté en la gloria y pueda cumplir todo lo que dijo. Mas ahora «¡Cristo ha resucitado!» Ha cumplido la gran señal que dio a los judíos (Juan 2:18-22). Cumplirá todo lo demás. (Véase anécdota Un epitafio original.)
3. Consecuencias de la resurrección
«Todos en Cristo serán vivificados» (ver. 22). La más grande de las afirmaciones de Cristo es la de que El fuera la Vida. Que fuera Pastor, Amigo y hasta en sentido figurado, la Puerta, el Camino, la Verdad, es comprensible; pero la Vida, ¿quién puede atreverse a decir tal? Si aun desconocemos el secreto de este misterioso elemento que tantas maravillas han producido y está produciendo a nuestro alrededor. Más si el hombre Cristo Jesús controla la vida, si la domina no es increíble su afirmación. El que es y posee la vida, puede darla a quien le plazca. El que fue poderoso para cumplir su declaración «tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar» (Juan 10:18) puede también llevar a efecto: «El que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá, y el que vive y cree en Mí no morirá eternamente». Puede dar felicidad eterna al alma y dotar a ésta de un nuevo cuerpo glorificado cuando aparezca en su gloriosa venida. ¿No da un nuevo cuerpo todos los años a las semillas secas e inertes en apariencia? Nada es imposible para El. (Véase anécdota Lo mejor ha partido.)
Ha sido comparada nuestra situación como seres mortales a la de pobres náufragos en medio del mar embravecido. A duras penas sostenemos la frágil barquilla de nuestra vida con toda clase de esfuerzos y precauciones por un tiempo limitado que no puede prolongarse mucho.
Pero en medio de la oscuridad ha surgido un faro de esperanza: la resurrección de Cristo que ilumina sus gloriosas promesas. (Véase anécdota No tan triste para ellos.) En ellas puede anclar el alma, segura de que no hemos de vernos defraudados. Acudamos a El sin tardanza y tendremos la lumbre de la vida (Juan 8:12.)
ANÉCDOTAS
EL NOMBRE CAMBIADO
El doctor A. T. Pierson, predicando en el entierro del pastor Gordon, hizo notar que desde la resurrección de Jesús, los apóstoles raramente usaron la palabra "muerte" para expresar el fin de la vida de un creyente, sino "dormir" o "partir para estar con el Señor". Esto es, en realidad, la muerte del cristiano.
UN NUEVO EPITAFIO
El pastor Gould nos hace notar que en todos los epitafios se lee: "Aquí están los restos",
"Aquí reposa", etc.; pero ¡cuan diferente es el epitafio sobre la tumba de Jesús. No está escrito en oro ni grabado en piedra, sino que es expresado por boca de un ángel, siendo exactamente lo opuesto de las otras tumbas: "Aquí no está."
UN EPITAFIO ORIGINAL
Tomás Spurgeon nos cuenta haber visto un epitafio que llevaba estas simples palabras:
"Federico", y debajo, "Sí, Padre, voy", refiriéndose a la llamada de Dios al joven cuyos restos allí yacían.
LO MEJOR HA PARTIDO
Un muchachito estaba entusiasmado con un nido de pájaros que se formó en el jardín de su casa. Se gozaba en acariciar los huevos tan finos y hermosos. Después de algunas semanas de ausencia en casa de unos parientes, volvió a visitar el nido acompañado de su hermano mayor, hallando los hermosos huevos rotos a pedazos.
¡Qué lástima! .exclamó sollozando.. Se han echado a perder
.No digas tal cosa .repuso su hermano.. No se han echado a perder. Lo mejor de ellos ha salido; tiene alas y vuela.
Así es con la muerte. El cuerpo estropeado es la cáscara del huevo. Lo mejor no está allí.
NO TAN TRISTE PARA ELLOS
Al pasar el entierro de un niño, hijo de un misionero, dos mujeres coreanas comentaban: .¡Qué triste, qué triste para estos padres! ¡Tan hermoso como era!
.Sí .replicó la otra mujer.. Es en verdad muy triste; pero no tanto para ellos como para nosotras, pues ellos, los cristianos, tienen un secreto que les da la seguridad de que recobrarán a sus hijos algún día, mientras que nosotras no sabemos que podamos nunca más volver a ver a los nuestros cuando mueren.
Tomado de: Pulpito Cristiano - Samuel Vila

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